La mañana del viernes volvió a exhibir la crudeza de la violencia en el Istmo de Tehuantepec. Dos cuerpos embolsados, maniatados y con disparos en la cabeza y el tórax fueron abandonados sobre el camino Juchitán–Playa Vicente, en un paraje conocido como Iguú, sin que el reforzado esquema de seguridad impidiera el crimen. Eran apenas las 07:00 horas cuando un automovilista alertó del hallazgo.
El operativo “Sable”, que presume, al menos, 500 elementos de la Policía Estatal, Guardia Nacional y Ejército, no evitó que los responsables actuaran con total libertad y precisión. El caso vuelve a poner en entredicho la efectividad de los despliegues de alto impacto frente a estructuras criminales que operan con control territorial.
OPERATIVO DE ALTA PRESENCIA, RESULTADOS LIMITADOS
Aunque el gobierno estatal ha presentado el Operativo Sable como una acción contundente contra la delincuencia en el Istmo, el hallazgo revela un punto crítico: la presencia policial no garantiza vigilancia real ni inhibición delictiva.
Tres elementos resultan especialmente reveladores:
- El crimen ocurrió en una vía transitada, sin vigilancia continua.
- El modus operandi —embolsados, maniatados, impactos certeros— corresponde a grupos criminales organizados.
- La falta inicial de identificación evidenció un rezago investigativo, incapaz de responder con prontitud.
La impunidad es un hilo constante en Juchitán: las autoridades arriban, levantan indicios, pero los hechos se repiten con frecuencia alarmante.
LAS VÍCTIMAS: DOS HOMBRES TORTURADOS Y EJECUTADOS
Horas después, familiares identificaron a las víctimas como David O. S. y Deivid (o Deyvi) G. J. Ambos presentaban signos de tortura, mutilaciones y disparos. Los cuerpos estaban envueltos en bolsas negras y atados de manos.
La situación se tornó aún más compleja cuando la familia de Deivid G. J. decidió retirar su cuerpo por cuenta propia, irrumpiendo en la escena del crimen pese a la presencia de fuerzas de seguridad. La acción impidió a los peritos levantar evidencias cruciales.
Deivid había sido reportado como desaparecido la noche anterior, tras no regresar de trabajar en su mototaxi, el cual apareció abandonado en la carretera Juchitán–Playa Vicente.
La Fiscalía únicamente resguardó el cuerpo de David O. S., mientras que la carpeta de investigación avanza con información incompleta.

INEFICIENCIA, DESCONFIANZA Y UN TERRITORIO DISPUTADO
El Istmo de Tehuantepec vive un incremento sostenido de violencia asociada a disputas territoriales, tráfico ilícito y estructuras criminales activas. A pesar de múltiples operativos anunciados, los asesinatos y los abandonos de cuerpos persisten.
La recuperación irregular del cuerpo por parte de familiares refleja una profunda crisis de confianza en las instituciones: la población no espera resultados de las autoridades y, en ocasiones, actúa por su cuenta, aun afectando procesos forenses esenciales.
El ambiente social lo confirma. Tras viralizarse la noticia, ciudadanos denunciaron infiltración criminal en cuerpos policiales, complicidad institucional, operativos utilizados solo para detener faltas menores, y un clima donde “todos saben quién controla la zona, menos las autoridades”.
OPERATIVOS: ¿ESTRATEGIAS O MERA ESCENOGRAFÍA?
A falta de resultados visibles, el Operativo Sable parece responder más a la idea de presencia escenográfica que a un ejercicio estratégico con inteligencia real. La ciudadanía lo resume en redes:
“Con tantos policías y no se evita nada… Diario hay muertos en Juchitán.”
Los cuestionamientos se multiplican:
- ¿Por qué un despliegue de 500 agentes no garantiza vigilancia mínima en caminos clave?
- ¿Por qué persiste la tortura y ejecución con métodos propios del crimen organizado?
- ¿Por qué la Fiscalía carece de capacidad para asegurar indicios esenciales?
Las respuestas oficiales no llegan, mientras la violencia avanza.
Texto: Fernando Santiago




































