Un video de apenas segundos bastó para desatar una tormenta política y social en Oaxaca. La grabación muestra a personas encapuchadas y fuertemente armadas vigilando un baile popular en Sola de Vega, durante la presentación del grupo musical Laberinto, el pasado 1 de octubre. Lo que muchos esperaban fuera una fiesta tradicional cerró con una imagen que ha levantado dudas, críticas y un fuerte debate público:
¿Quién tiene el control en la Sierra Sur?
Las autoridades estatales reaccionaron con un comunicado técnico. La Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) confirmó la autenticidad del video y anunció la apertura de una carpeta de investigación para determinar si estos hechos constituyen algún delito. Pero no respondió a la pregunta central que inquieta a muchos:
¿por qué un grupo armado sustituye a las fuerzas de seguridad durante eventos públicos?
“ES UN SECRETO A VOCES”: LA COMUNIDAD RESPALDA A SUS ARMADOS
Mientras la Fiscalía hablaba de “protocolos ministeriales” y “análisis de inteligencia criminal”, en redes sociales la narrativa fue muy distinta. Los propios habitantes de Sola de Vega no solo confirmaron la presencia del grupo armado, sino que la defendieron abiertamente:
“Aquí son ellos quienes nos defienden cuando hay balazos”, escribió una habitante.
“Son entronas, los que responden cuando vienen los Coatlanes”, comentó otro.
La normalización de los civiles armados en el municipio no es nueva, pero sí incomodó a muchas personas al quedar expuesta en un evento público, con cámaras grabando y músicos recibiendo cervezas al fondo de un perímetro militarizado informal.
“No estoy en contra de las armas… pero no es buena imagen para una fiesta del pueblo. Pareciera que estamos en Guerrero o Michoacán”, expresó un usuario en redes, evidenciando la tensión entre la necesidad de autodefensa y la percepción pública de inseguridad.
AUTORIDADES AUSENTES: EL PRESIDENTE MUNICIPAL GUARDA SILENCIO
La controversia también creció por la inacción de las autoridades locales. El presidente municipal, Alberth Cabrera Jarquín, estuvo en el centro del municipio un día antes del baile con funcionarios estatales, pero no solicitó presencia policial ni de la Guardia Nacional. Hasta ahora, no ha emitido ninguna declaración, dejando un vacío político ante una situación que, más allá del video, evidencia la fragilidad institucional en zonas rurales del estado.
ENTRE LA FIESTA Y LA GUERRA: CONFLICTO AGRARIO ESCALA EN LAS SOMBRAS
Sola de Vega no es un pueblo cualquiera. Está inmerso en un conflicto agrario de alto riesgo con San Vicente Coatlán, municipio de Ejutla de Crespo. Las balaceras, emboscadas y desapariciones han sido parte de un conflicto por tierras que el Estado no ha logrado resolver.
En este contexto, el grupo armado que aparece en el video no es una excepción, sino la regla local. Según los testimonios, operan desde la Sección Cuarta y el Barrio de Arriba, y siempre están armados. Para muchos, no representan una amenaza, sino la única forma de garantizar la supervivencia frente a una violencia sin mediación institucional.
COMUNICADO FRÍO, RESPUESTAS CALIENTES: LA POLÉMICA QUE NO SE APAGA
El comunicado oficial de la Fiscalía confirmó que el video fue tomado durante el cierre de feria en la Unidad Deportiva de Sola de Vega y anunció protocolos de investigación. Pero no hubo mención de responsabilidades políticas, ausencia policial ni contexto social.
El contraste entre el lenguaje frío de las autoridades y la realidad candente de las comunidades es quizás lo que más ha encendido la discusión: mientras desde los escritorios se habla de carpetas y procesos, en el terreno la gente decide entre confiar en sus vecinos armados o seguir esperando por un Estado que rara vez llega.
MÁS QUE UN VIDEO: UNA RADIOGRAFÍA DE LA OTRA SEGURIDAD EN OAXACA
Este caso no solo revela un incidente aislado, sino que se vuelve un espejo incómodo de lo que ocurre en otras zonas rurales del país: la desaparición práctica del Estado en territorios marcados por conflictos históricos, crimen organizado o violencia agraria.
El video es solo un síntoma. Detrás hay una red compleja de abandono, resistencia, legitimidad comunitaria y silencios oficiales que exige mucho más que un boletín de prensa. ¿Investigar los hechos bastará? ¿O es hora de repensar el modelo de seguridad para comunidades que hace tiempo se cuidan solas?











































