Por: Juan Charis Gallegos
Justo y necesario es arrancar de las páginas polvorientas de la historia relatos de cómo Oaxaca ha realizado sobresalientes aportes al concurso nacional en diversos rubros: en el ámbito político, para los anales del deporte o el engrandecimiento de las artes. Para donde sea que se voltee la mirada, destaca Oaxaca, para bien o para mal.
Sólo basta revisar la historia y darnos cuenta que desde tiempos inmemorables los oaxaqueños hemos destacado y, por ello, sería posible escribir páginas enteras de una enciclopedia interminable.
Oaxaqueños destacados en todos los ámbitos
Referirnos y hablar de los mixtecos, zapotecas, de la leyenda de Donají, del Rey Cosijoeza, del oaxaqueño más universal, Don Benito Juárez, del hacedor del México moderno, Porfirio Diaz Mori, de los revolucionarios, los hermano Flores Magón.
Al extender la vista hacia el movimiento revolucionario, destaca la figura del “Teco Valiente que muere parado”, mi General Heliodoro Charis. Está también quien dio emblema a nuestra Universidad Nacional, José Vasconcelos, entre otros.

El Canelo Urbina
Pero, si nos referimos al ámbito de los deportes, en EL IMPARCIAL tendríamos que dar un vistazo a las amarillentas páginas de la sección de deportes del Mejor Diario de Oaxaca y ahí sobresale la figura del famoso pugilista Alfredo Canelo Urbina.
Canelo Urbina, sin duda extendió y engrosó la fama del boxeo oaxaqueño derrotando a campeones mundiales como Ultiminio Ramos, José “Mantequilla” Nápoles y otros tantos.
El pugilista oaxaqueño alcanzó glorias deportivas equiparables a las obtenidas por figuras como el pelotero Vinicio Castilla, la atleta paralímpica, Laura Cerecero Gabriel o los futbolistas, Javier Aquino y Ricardo Osorio entre otros.
Homenaje a El Monarca
En esta ocasión queremos rendir homenaje a un deportista excepcional, con un gran talento y ejemplo de tenacidad y esfuerzo que entregó su vida al deporte. Siendo muy joven se convirtió en campeón ciclista de la Ruta Tapachula-Oaxaca, poco después obtendrá el galardón de Míster Oaxaca y posteriormente se coronaría con el título de Míster México en la rama del físico culturismo.
El giro a uno de los mejores de la Lucha Libre
Tras sus triunfos en el fisicoculturismo, la vida y el deporte lo derivó para convertirse en un luchador profesional y en un superhéroe oaxaqueño, una Leyenda, nos referimos a Enrique Diaz Moreno alias “EL MONARCA”.
La máscara de identidad
El Monarca nació en Oaxaca en 1940, en el populoso barrio de Xochimilco; luchador enmascarado, infinidad de glorias y alegrías le dio al Pancracio Oaxaqueño luchando con y contra figuras de la lucha libre mexicana como Blue Demon, El Santo, El Tinieblas, El Cavernario Galindo, Ray Mendoza, Black Shadow,Tito Koppa, entre muchos otros integrantes de la época dorada de la lucha libre mexicana

Los inicios
El Monarca inició su carrera impulsado por los promotores de la lucha libre en Oaxaca; aquí mencionaremos a Miguel “Cocoliso” Nájera, ex luchador avecindado en Oaxaca y asociado con el inquieto Manuel Humberto Siordia.
El embudito de El Llano
Tanto Cocoliso como Siordia fueron promotores de cepa de este deporte y empleaban el famoso embudito de El Paseo Juárez El Llano, en las calles de Pino Suarez, denominado “Arena Oaxaca”. La máscara y el nombre de El Monarca es de la autoría de otro físico culturista y dibujante de la NASA, el paisano Héctor Hernández.
La incógnita por 35 años
Enrique Diaz, desde muy joven se entregó al deporte que fue su pasión; durante 35 años de luchador conservó la incógnita de su identidad y cultivó una brillante carrera que lo llevó a la Arena Coliseo en la Ciudad de México, donde ofreció enfrentamientos apoteóticos en peleas estelares que hicieron época.
Las huellas de la batalla
El Monarca no solo acumuló trofeos y distinciones, también golpes; fue presa de fracturas y cicatrices, más de 4 lumbares rotas que lo obligaron a usar rodilleras de por vida.
El matrimonio inseparable
A pesar de los golpes de la profesión, llenó su vida de triunfos y satisfactoriamente de gratos recuerdos y páginas imborrables, como el haber conocido al amor de su vida en la figura de otra virtuosa, Lina Medina, dama que dio voz y timbre a la canción romántica.
De Lina Medina, Enrique Díaz no sólo fue su esposo, se convirtió en su representante, guardaespaldas, director de luz y sonido del conjunto musical que la acompañaba y con el cual tantos aplausos y triunfos cosechó para Oaxaca.
Era la pareja de Enrique, uno en la rudeza de los encordados del ring y ella, Lina, cautivando con su música y su voz a quienes tuvimos el privilegio de escucharla y bailar al son de su Ronda.
El homenaje
Lina Medina se fue primero, el 28 de marzo del 2002 y más tarde el 2 de septiembre del 2020, la alcanzó Enrique Diaz a la edad de 80 años, dejando como testigos de ese amor y esa historia a sus hijas María de la luz, Elizabeth y Paz Edith, que deben sentirse orgullosos de ser parte de este extraordinaria historia de dos Oaxaqueños inolvidable a los que hoy EL IMPARCIAL rinde homenaje.






































