El caso de Miguel Óscar R.M., mejor conocido como “El Fugitivo”, no es uno más en la creciente lista de desaparecidos: es un retrato del abandono que viven muchos ciudadanos en Oaxaca. Tras cinco días de angustia, su cuerpo fue encontrado envuelto en bolsas negras y atado de pies y manos, en un solitario camino de terracería en San Bartolo, jurisdicción de Asunción Nochixtlán.
Lo que comenzó como una búsqueda comunitaria terminó con un hallazgo que sacudió a toda la región de Etla. El cuerpo fue ubicado a escasos metros de la Carretera Federal 190. Cerca del paraje conocido como La Herradura. Un punto que se repite en otras escenas de crímenes recientes.
EL TAXI APARECIÓ PRIMERO: LA SEÑAL QUE LO CAMBIÓ TODO
Días antes del hallazgo del cadáver, el taxi que conducía Miguel Óscar —una unidad del sitio San José El Mogote con placas 11-936 TX-TA Etla— había sido localizado abandonado junto a la carretera Etla-La Herradura. Fue la primera alerta seria de que algo no andaba bien.
Esa pista motivó a pobladores, familiares y autoridades a intensificar la búsqueda. Lo que no sabían era que la escena del crimen estaba más cerca de lo que imaginaban.
VIOLENCIA SIN ROSTRO: UN CRIMEN SIN MOTIVOS NI SOSPECHOSOS
Al lugar acudieron peritos forenses y elementos de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca, quienes realizaron el levantamiento del cuerpo y comenzaron con las investigaciones. Pero al cierre de esta edición, no hay personas detenidas ni se ha revelado una posible línea de investigación.
La pregunta que todos en la zona se hacen es la misma:
¿por qué lo mataron?
VECINOS ENTRE EL MIEDO Y LA RABIA: “YA NO SE PUEDE VIVIR ASÍ”
La muerte de “El Fugitivo” no es un caso aislado, y eso es lo que más preocupa a los vecinos. En voz baja, pero con indignación creciente, habitantes de San Bartolo exigen patrullajes más constantes, seguridad comunitaria y acciones reales, no solo levantamientos forenses que llegan demasiado tarde.
“Aquí ya no se trata de salir de noche o de día, el peligro está en todos lados y nadie responde”, comenta un habitante que prefiere el anonimato.
TAXISTAS, UNA PROFESIÓN EN LA MIRA DE LA VIOLENCIA
Detrás del volante, la vida de un taxista rural es hoy una ruleta rusa. En zonas como Etla o Nochixtlán, salir a trabajar significa exponerse al crimen sin garantías de regreso. No existen protocolos de seguridad, rutas protegidas ni botones de pánico que funcionen en caminos de terracería.
El asesinato de Miguel Óscar como otros recientes acentúan la sensación y refuerza la idea de que, en muchas partes del país, el Estado ya no patrulla, no investiga y, peor aún, no protege.
UNA ESCENA REPETIDA
Miguel Óscar no murió por accidente ni fue una víctima colateral. Fue asesinado, maniatado y abandonado. Y su caso podría quedar impune, como tantos otros en Oaxaca. El mensaje que reciben los pueblos no es nuevo: pareciera que “están solos”.
Mientras las autoridades locales se limitan a levantar cuerpos y emitir comunicados, hay indicadores que muestran que la violencia avanza por rutas sin asfaltar, cubriéndose con bolsas negras y el silencio de quienes aún tienen miedo de hablar.






































