Una comunicadora oaxaqueña que ha vivido más de la mitad de su vida en Estados Unidos se encuentra detenida por autoridades migratorias desde hace más de tres meses. Su nombre es Florencia H. S., y enfrenta una orden de deportación que, de ejecutarse, podría significar su asesinato.
Florencia huyó de Oaxaca hace más de dos décadas tras ser víctima de amenazas, persecución judicial y agresiones físicas por parte de actores con vínculos en el poder político, judicial y económico del estado.
Actualmente, sus abogados solicitaron a las autoridades estadounidenses una forma de protección humanitaria que le permita permanecer legalmente en el país, al argumentar que su vida corre peligro en México y que su hijo, ciudadano estadounidense con autismo y problemas auditivos, depende enteramente de ella.
La respuesta es lenta y, hasta ahora, adversa. El gobierno estadounidense le negó la posibilidad de enfrentar su proceso en libertad, mientras los argumentos legales en su defensa se agotan.
Una historia de persecución
Florencia ejerció como periodista, locutora de radio y trabajó en el área de comunicación social del municipio de Oaxaca de Juárez. También fue propietaria de una pequeña tienda de artesanías y de un local de serigrafía. Su situación cambió drásticamente cuando un conflicto por herencia con un familiar cercano terminó involucrando a una mujer con conexiones con autoridades judiciales.
A través de un proceso plagado de irregularidades, se le fabricaron cargos por presunto fraude y abuso de confianza. Fue señalada como “hija adoptiva” de quien la acusaba, a pesar de no existir pruebas legales de tal relación.
La persecución judicial escaló hasta incluir amenazas directas de muerte, violencia física y la manipulación de expedientes por parte de funcionarios del sistema de justicia estatal.
Pese a lograr su absolución tras años de lucha legal y demostrar la falsedad de los cargos, el cerco contra ella se mantuvo. Diversos familiares suyos fueron agredidos en represalia por declarar a su favor. Florencia tomó la decisión de huir del país en 2003.
Detención migratoria
Desde su llegada a Estados Unidos, Florencia reside en el estado de California, donde rehizo su vida. Aprendió el idioma, trabajó en múltiples oficios, que incluyen un medio televisivo, y formó una familia. Su hijo, de 14 años, nació en el país y fue diagnosticado con autismo y pérdida auditiva parcial. Florencia es su cuidadora principal.
A pesar de su vida estable y sin antecedentes penales, fue detenida y entregada a autoridades migratorias, actualmente permanece en un centro de detención a la espera de que se resuelva su solicitud de protección humanitaria.
Su caso ha despertado la preocupación de organizaciones comunitarias, activistas y periodistas. Según testimonios recabados, la violencia que enfrentó en Oaxaca continúa activa y sus antiguos agresores aún mantienen redes de poder en el estado.
“No es el caso de una mujer migrante más. Se trata de una persona cuya vida fue destruida por la corrupción de Estado y que se refugió donde pensaba estar a salvo”, comentó un familiar cercano al caso.
En México, según versiones de familiares, persiste el control territorial, político y judicial de quienes la agredieron. El entorno continúa los riesgos tanto para ella como para quienes la apoyaron.
La defensa legal de Florencia ha presentado un “claim humanitario” al argumentar el principio de no devolución (non-refoulement), reconocido por el derecho internacional. Las condiciones actuales en México, señalan, no le ofrecen garantías mínimas de seguridad ni acceso a justicia.
Por otro lado, se pidió a las autoridades migratorias que tomen en cuenta el impacto que una deportación tendría sobre su hijo ciudadano, con necesidades especiales, quien depende de su madre para su cuidado y tratamiento.
Estados Unidos endureció sus políticas migratorias y el caso de Florencia expone la tensión entre los protocolos de seguridad fronteriza y los principios de protección humanitaria internacional. Su situación legal continúa a la espera de una resolución que podría definir su futuro y el de su hijo menor, ciudadano estadounidense con necesidades especiales.






































