
Aun cuando el mero día del Santo Domingo es el día 8 de agosto, en Santo Domingo Tehuantepec la fiesta dio comienzo una semana antes y continúa la siguiente, así es en todo el Estado, pero más se siente y se goza en el Istmo, a la cual fui invitado al igual que otras personalidades, para acompañar al maestro Rolando Rojas, quien recibió un reconocimiento en medio de las Reinas entrantes y salientes de la Vela, la que lució espectacular, ya que desfilaron representantes de los 14 barrios con que cuenta Tehuantepec.
Y las princesas…. ¡Todas hermosas!…
Así hoy quiero recalcar que aun con su calor, qué hermoso es Tehuantepec, la antigua Villa de Guadalcazar, ya que fue bajo el gobierno del Marqués de Guadalcazar (1612-1621) cuando se le concedió a ésta el título de Villa, población primeramente prehispánica a la que se le conoció como Tecuani Teptl (El Cerro del Jaguar) aquí se vive a la orilla del Guigu Roo Guisi, y está en medio de pequeños cerros.
Ahí estuvimos el pasado sábado 2 y el domingo 3 de agosto, y estuve presente en Santo Domingo Tehuantepec a invitación del apreciado maestro Rolando Rojas y su querida familia, el motivo: el día 2 se celebró el cumpleaños de Claudia su esposa, la que celebró con una comida en el hermoso chalet que construyó doña Juana C. Romero Egaña en 1911, una extraordinaria reunión que, bajo la convocatoria del maestro se pudo realizar, todo fue por el resultado que después de un arduo año de trabajo, para lograr el sueño de Rolando lo que ha requerido de la participación de obreros de la construcción, restauradores, herreros, carpinteros, ebanistas, eléctricos, plomeros, pintores, bajo la dirección del propio arquitecto y pintor Rolando Rojas, hombre con una sensibilidad artística y humana, que aflora y se siente en su estudio de División Oriente, ya que cuando pinta y habla lo hace con pasión del Tehuantepec de su niñez, en el barrio Laborío.
Cierto que aún le faltan los detalles de la museografía, de señalización de las salas, que ya muestran a propios y visitantes, las pinturas, los objetos del gusto refinado que tuvo doña Juana al adquirir en los Estados Unidos de Norteamérica y en Europa, en los viajes que realizó para participar en las exposiciones de San Luis Missouri de 1904, y de París en 1908, una exposición universal con 8 millares de visitantes, esta segunda presea sería de oro por su primer lugar, ya que la de 1904 fue de plata como segundo lugar.
El producto exhibido por Doña Cata, era la azúcar, un endulzante de la más alta calidad, producido por los ingenios: Santa Teresa, Santa Clara y el San Juan de la Cruz, quienes eran los únicos ingenios azucareros que en Mixtequilla trabajaban día y noche, trapiches que no tenían rival y eran propiedad de esta mujer admirable, como también admirable resulta la casona totalmente Europea de estilo porfiriana, si se quiere ver de esta manera, pero que don Porfirio no conoció ya que su última visita al Istmo para inaugurar las obras del Puerto de Salina Cruz, Oaxaca, fue del 21 de enero de 1907, día en el que partió de la estación Buena Vista en la capital de la República, con rumbo, primeramente al Estado de Veracruz.
En el primer tren partió a las 8.00 horas el 21 de enero de 1907, rumbo a Salina Cruz le pusieron por nombre Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, a bordo viajaron la prensa nacional e invitados especiales como el señor John Body, el doctor S. Mickew, Harold Pearson y Harold Paye, en el andén de la estación Buena Vista, la gente se aglomeraba ese día bajo las bocanadas de humo que auguraban la próxima salida.
A las 9.10 silbó una locomotora y un par de cañonazos hicieron cimbrar la estación; el segundo tren había arrancado, en sus vagones, iban en el presidente de la República, el general Porfirio Díaz, los gobernadores del Distrito Federal, del Estado de México y de Oaxaca: el Licenciado Guillermo de Landa, el general Fernando González y el licenciado Emilio Pimentel, junto a ellos, el Licenciado José Yves Limantour, secretario de Hacienda y Crédito Público, el ingeniero Leandro Fernández, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas; y el licenciado Justo Sierra, secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes.
Detrás del tren presidencial, salió la llamada “Thompsonia”, locomotora propiedad del embajador, David E. Thompson, junto con el cuerpo diplomático, Sir Tower, ministro de Inglaterra, el barón de Arakawa ministro de Japón, el barón Von Wagenheim, ministro de Alemania; Wollant, ministro de Rusia; De Wauters, ministro de Bélgica, el doctor Estupman, ministro de El Salvador y el coronel Orla, ministro de Guatemala. Dos trenes más salieron con rumbo al puerto con el señor Weetman Pearson, el contratista de Don Porfirio a bordo y sus 250 invitados especiales, todos, rumbo a un mismo destino, inaugurar el ferrocarril transístmico para abrir el paso interoceánico de México para el mundo.
La primera parada fue en la estación Santa Lucrecia, en Veracruz, allí los recibió el gobernador del Estado, el Licenciado Teodoro A. Dehesa y allí la comitiva pasó la noche, al día siguiente partieron rumbo a la estación Rincón Antonio, hoy Matías Romero, los viajeros hicieron una escala en Tehuantepec y llegaron los personajes históricos finalmente al puerto de Salina Cruz, en el puerto, la recepción fue magistral, el presidente acompañado por el licenciado Limantour y por el Ingeniero Fernández abrieron las puertas para recibir al vapor Arizonian, del que descargaron con grúas, los costales de azúcar provenientes de Hawái y de los ingenios azucareros de la misma región, para cruzar por vez primera la ruta del hierro hacia el Golfo de México.
Hoy, a mi regreso de este viaje, me siento contento, ya que, no sólo es ver el rescate del Chalet de la gran Juana Cata, sino que también el ver el resultado del rescate del convento dominico que se inició su construcción en 1544, con la riqueza de Cosijopí, un edificio que no sólo fue utilizado a partir de la Reforma como cárcel y que fue la sede de la casa de la cultura de Tehuantepec.
Pues el inmueble rescatado por el I.N.A.H. que no hace alardes de lo que ha logrado en 86 años de la fructífera labor.
Cierto es que Cortés estuvo en esta hermosa ciudad del Istmo, de todas las más castiza, la fecha de la visita del extremeño es de 1526 y posteriormente hay una carta al Rey de España de fecha 25 de enero de 1533, cuyo texto es el siguiente:
“Sacra Católica Cesárea majestad, a vuestra majestad, he escrito, haciéndole saber cómo yo estoy en este pueblo de Tecoantepeque, costa de la Mar del Sur, despachando ciertos navíos que en él he hecho para engolfarse y descubrir”.
Además de esta carta, Hernán Cortés hace mención de Tehuantepec en otras que envía al emperador Carlos V, tales como la tercera y la cuarta.
Hoy, el faro de Cortés en la Bahía la Ventosa, Salina Cruz, aún se encuentra de pie y sigue siendo un mudo testigo de lo acontecido en esa época, por cierto, el faro ha sido rescatado mediante un comité que ha trabajado muy bien.
Tehuantepec, en dicha época, contribuyó de alguna manera al descubrimiento que Cortés hizo de otras tierras y, con esto, naturalmente pasó a la historia, tal como lo afirma José Antonio Gay, en su libro “Historia de Oaxaca”.
“Tehuantepec tuvo la gloria de haber contribuido a los descubrimientos de aquella época, saliendo de sus astilleros, los navíos que hicieron conocer la navegación de las Molucas del Perú y de la Baja California…”
También es digno de mención, que, en la etapa evangelizadora de la Nueva España, uno de los religiosos quien pasó por Tehuantepec fue el gran Fraile Bartolomé de las Casas, aunque los primeros residentes en su calidad de vicarios fueron Gregoria Beteta y Bernardo de Alburquerque.
Sin embargo, lo mejor que le puede pasar a Tehuantepec, es que la casona la conviertan en un MUSEO digno de una ciudad y sea para la región, un referente de cultura…
Oaxaca de Juárez, Oax., a 11 de agosto de 2025
JORGE BUENO.
Cronista de Oaxaca.
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la
Federación Nacional de Asociaciones
de Cronistas Mexicanos, A.C.


































