Alimentarse fuera de casa implica destinar casi la tercera parte del salario mínimo diario. O una mayor parte si lo que se percibe por el trabajo es menor, si se trabaja en condiciones de informalidad o si se tiene una familia que dependa de nuestros ingresos.
En el centro de la ciudad de Oaxaca y zonas cercanas, es prácticamente imposible alimentarse con menos de 90 pesos (desayuno o comida con bebida y tortillas), lo que implica gastar el 32 por ciento del salario. Eso sin considerar los gastos en transporte (que son mínimamente 20 pesos), el pago por el servicio de sanitario (que en muchos lugares cuesta 10 pesos o más) y otras necesidades (quizá, una botella de agua).
Quienes sobreviven con el salario mínimo, o menos, tampoco pueden acceder fácilmente a los menús de algunos mercados o restaurantes del centro de la capital. En los portales, por ejemplo, un tamal oaxaqueño y un chocolate de agua cuestan 155 pesos o 175 (si se agrega un pan). Es decir, que solamente por desayunar habrá que gastar más de la mitad o dos terceras partes del salario. Pero si se opta por otro platillo, se tendrá que gastar todo el salario del día y un extra.
En un restaurante del portal de Flores, la comida corrida se oferta en 300 pesos, una cifra superior al salario mínimo diario (278.8 pesos).
La capital oaxaqueña es considerada una de las ciudades más caras del país según el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), al primer trimestre del 2025 la mayor parte de las personas trabajadoras que perciben un salario solamente alcanzan el mínimo. Es decir, 8 mil 364 pesos que reparten principalmente en los alimentos para su hogar (a veces para toda una familia), la renta, los servicios básicos (agua y electricidad), entre otros gastos del hogar, transporte, etcétera. Aunque no siempre son suficientes y requieren de otros miembros de la familia que aporten a los gastos.
En esta ciudad, considerada también patrimonio mundial y en la que este reconocimiento es una de las cartas de presentación para promover la actividad turística, comer en los mercados públicos puede o no ser una de las opciones más accesibles.
Dependiendo del lugar e incluso el comedor, un guiso puede ir de los 70 pesos a más de 100, sin contar el costo de una bebida (café, agua fresca, refresco o chocolate, por ejemplo).
La tlayuda preparada, con la que recientemente el estado contrató a una empresa para validar un récord Guinness, es uno de los alimentos emblemáticos de la ciudad que se vende en 100 pesos en un local del mercado La Merced. Pero fácilmente alcanza los 180 pesos en un negocio conocido de la capital y también se vende en casi 300 pesos en algún restaurante de los alrededores del zócalo.












































