De enero a julio de 2025, al menos trece periodistas han sido asesinados en América Latina, según cifras de Reporteros Sin Fronteras (RSF). Esta alarmante estadística ya supera los nueve casos registrados durante todo 2024 y refleja un deterioro progresivo en las condiciones de seguridad para ejercer el periodismo en la región.
Las víctimas, en su mayoría, eran reporteros locales que investigaban corrupción, crimen organizado, conflictos ambientales o temas de seguridad. Varios habían recibido amenazas previas, y al menos dos contaban con medidas oficiales de protección al momento de ser atacados. Pese a estas advertencias, la violencia no se detuvo.
MÉXICO, EL EPICENTRO DE LA CRISIS
México continúa encabezando la lista de países más peligrosos para periodistas. En lo que va del año, RSF ha documentado nueve asesinatos, ocho de ellos presuntamente relacionados con la labor informativa de las víctimas.
Entre los casos más significativos están:
- Calletano de Jesús Guerrero (enero), asesinado en el Estado de México, pese a estar inscrito en un programa federal de protección desde 2014.
- Alejandro Gallegos de León, director de La Voz del Pueblo, ejecutado tras denunciar redes del crimen organizado.
- Kristian Zavala Martínez y Raúl Villarreal Belmont (marzo), asesinados en Guanajuato, donde cubrían desapariciones forzadas.
- Ronald Paz Pedro (julio), ultimado minutos después de una transmisión en vivo en Acapulco.
Los asesinatos también se registraron en entidades como Puebla, Sonora y Quintana Roo, todos lugares con fuerte presencia delictiva. La constante es la misma: periodistas silenciados mientras cubrían temas incómodos para grupos criminales o actores políticos.
ASESINATOS EN OTROS PAÍSES LATINOAMERICANOS
Aunque México concentra la mayoría de los casos, la violencia contra periodistas se extiende por toda la región:
- Perú: Gastón Medina y Raúl Celis fueron asesinados tras denunciar corrupción y conflictos ambientales.
- Colombia: Óscar Gómez fue ejecutado en enero; en julio, el periodista Gustavo Chicangana sobrevivió a un intento de asesinato.
- Guatemala: Ismael Alonzo, periodista comunitario, fue asesinado en marzo.
- Ecuador: Patricio Aguilar, editor de El Libertador, fue ejecutado días después de revelar redes de corrupción en el puerto de Esmeraldas.
IMPUNIDAD Y FALLAS SISTÉMICAS EN LOS MECANISMOS DE PROTECCIÓN
En muchos de los casos documentados, las víctimas habían denunciado amenazas o campañas de desprestigio. Dos de los periodistas asesinados en México contaban con esquemas oficiales de protección. Sin embargo, esto no impidió su ejecución, lo que cuestiona la eficacia de los mecanismos existentes.
Artur Romeu, director para América Latina de RSF, condenó los crímenes y denunció la persistencia de la impunidad, una condición que, según la organización, alimenta el miedo y el autocensura, además de restringir el acceso ciudadano a información vital.
UN LLAMADO URGENTE A LOS ESTADOS
RSF exigió a los gobiernos latinoamericanos tomar acciones inmediatas: reforzar los sistemas de protección, garantizar investigaciones independientes y aplicar sanciones a los responsables. “La impunidad es el mejor aliado del asesino”, declaró Romeu en el informe.
Mientras tanto, el periodismo en América Latina sigue siendo una profesión de alto riesgo, especialmente cuando toca intereses poderosos. Los reporteros, sobre todo los locales, enfrentan una doble condena: el peligro de informar y el olvido institucional tras su muerte.
La muerte de trece periodistas en solo siete meses no es un dato más: es una señal urgente de alarma. El periodismo en América Latina, lejos de consolidarse como un pilar de la democracia, se ejerce en un entorno donde decir la verdad puede costar la vida. Y cuando se mata al mensajero, lo que se pierde no es solo una voz: es el derecho de toda la sociedad a saber.










































