La alcaldía Cuauhtémoc, encabezada por Alessandra Rojo de la Vega, ha ordenado el retiro del monumento conocido como El Encuentro, compuesto por estatuas de Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara. La medida, anunciada el 17 de julio, fue justificada por dos razones clave: una solicitud reiterada de vecinos de la colonia Tabacalera y la falta total de documentación legal que respaldara su instalación en el espacio público.
“Nos pidieron muchas veces recuperar las banquetas del Jardín Tabacalera. Querían volver a caminar libremente, disfrutar del parque”, expresó la alcaldesa a través de sus redes sociales. Más allá de la presión ciudadana, Rojo de la Vega subrayó que la instalación fue completamente irregular: sin autorización del Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos (COMAEP), sin cédula oficial y bajo un resguardo informal a cargo de un trabajador de la alcaldía.
UN MONUMENTO SIN SOPORTE LEGAL
El conjunto escultórico fue diseñado por el artista Óscar Pozanelli e inaugurado el 2 de diciembre de 2017 por el entonces delegado Ricardo Monreal. La obra conmemoraba el primer encuentro entre Castro y Guevara en la colonia Tabacalera en 1955, evento que precedió a la Revolución Cubana. Sin embargo, la actual administración asegura que su colocación se dio sin apego a los procedimientos normativos que exige la ley.
“En Cuauhtémoc se terminó eso de hacer lo que quiero, poner lo que quiero y pasar por encima de la ley”, declaró la alcaldesa. Asegura que su gobierno se rige por la legalidad y el respeto a la voluntad ciudadana, no por decisiones unilaterales de funcionarios pasados.
UNA OBRA RODEADA DE CONTROVERSIA DESDE SU INICIO
La existencia del monumento El Encuentro ha generado reacciones encontradas desde su instalación. En septiembre de 2021, las esculturas fueron vandalizadas con pintura blanca por dos hombres que fueron detenidos y puestos a disposición del Ministerio Público. La acción fue interpretada por algunos como un acto de protesta contra lo que representa el legado de Castro y Guevara.
Un mes después, en noviembre de ese mismo año, la organización Misión Rescate México CDMX se manifestó públicamente para exigir el retiro de las estatuas. Argumentaron que México no debía rendir tributo a personajes que, según los manifestantes, fueron responsables de instaurar un régimen represor en Cuba.
“En Cuba se encarcela a los disidentes. No existe la libertad de expresión ni de manifestación”, fueron parte de las consignas expresadas durante esa protesta.
UNA DECISIÓN POLÍTICA O UN ACTO DE JUSTICIA URBANA
La remoción del monumento puede interpretarse como un ajuste de cuentas con un pasado administrativo caracterizado por decisiones opacas. No obstante, también se inscribe en una narrativa más amplia: la disputa simbólica sobre qué figuras deben ser homenajeadas en el espacio público mexicano.
Para algunos, la decisión representa un acto de justicia ciudadana; para otros, un gesto político que aprovecha la impopularidad de ciertas figuras históricas para reforzar una agenda de orden y legalidad.
EL FIN DE UNA ERA MONUMENTAL
Con el retiro de estas esculturas, la alcaldesa Rojo de la Vega marca un parteaguas en la gestión del espacio público en Cuauhtémoc. Lo que antes fue un símbolo de homenaje a una revolución, ahora se convierte en ejemplo de cómo la legalidad y la presión vecinal pueden reconfigurar el paisaje urbano.
El futuro de las estatuas permanece incierto. Lo que sí es claro es que, al menos en Cuauhtémoc, la consigna de “ni Fidel ni el Che” ha ganado un lugar… sin monumento.










































