Una mujer fue brutalmente asesinada en su hogar, en la colonia Odisea de Santa María Atzompa. Su agresor, Rogelio M., ha sido sentenciado a 66 años y 8 meses de prisión por el delito de feminicidio agravado. La víctima, M.E.B.R., fue atacada con un objeto contundente que le causó lesiones fatales.
Este nuevo caso de feminicidio, lejos de ser un hecho aislado, forma parte de una epidemia de violencia de género que mantiene en alerta a colectivos y defensores de derechos humanos en Oaxaca.
VIOLENCIA DOMÉSTICA QUE ESCALÓ A FEMINICIDIO
Según la investigación, los hechos ocurrieron dentro del domicilio de la víctima, un espacio que debería representar seguridad. Sin embargo, se convirtió en la escena de un crimen atroz. El ataque no solo fue letal, sino que evidencia un patrón común en los feminicidios: la mayoría ocurren dentro del entorno cercano y son perpetrados por conocidos o parejas.
La recopilación de pruebas, testimonios y peritajes permitió demostrar la responsabilidad del acusado. Quien enfrentó el juicio por feminicidio agravado, tipificación que reconoce la brutalidad del acto y el contexto de violencia de género.
UNA SENTENCIA EJEMPLAR PERO INSUFICIENTE ANTE LA CRISIS
El fallo judicial impone no solo la condena de prisión, sino también una multa económica y la reparación del daño a la familia de la víctima. No obstante, la sentencia, aunque justa, llega después de un feminicidio que pudo haberse evitado con medidas preventivas efectivas.
Mientras se sanciona a un responsable, el Estado sigue sin responder de manera estructural y preventiva a la violencia feminicida que azota Oaxaca. Una de las entidades con más casos registrados en los últimos años.
UNA REALIDAD QUE EXIGE ALGO MÁS QUE JUSTICIA PENAL
Organizaciones sociales insisten en que castigar a los agresores no basta: se requiere una transformación de fondo en las políticas públicas y atención a las denuncias de violencia previa. Pero sobre todo, un sistema que proteja realmente a las mujeres en riesgo.
Finalmente, este caso no debe celebrarse como un éxito institucional, sino verse como un recordatorio amargo de que se sigue llegando tarde. La justicia, aunque necesaria, no devuelve la vida ni previene los feminicidios futuros si no se actúa antes de que el crimen ocurra.






































