Lo que debía ser una tarde de fiesta y tradición terminó por convertirse en un lamentable espectáculo público, cuando al menos cuatro mujeres protagonizaron una riña a golpes en pleno jaripeo, sin que ninguna autoridad interviniera para detener la agresión.
El incidente ocurrió en la colonia Rodrigo Carrasco, frente a decenas de asistentes, entre ellos familias completas. De acuerdo con videos difundidos en redes sociales, varios hombres se burlaban del enfrentamiento, en lugar de intentar separarlas o llamar a la seguridad.
“Corrientes tenían que ser”, “Igualdad de género decían”: el juicio desde redes
La viralización del video no tardó en provocar una ola de comentarios en plataformas digitales. Mientras algunas personas expresaron su preocupación por la ausencia de control y seguridad, otros aprovecharon el hecho para burlarse o emitir comentarios misóginos y clasistas.
“No las detuvieron, porque se estaban divirtiendo🤔🙄”, escribió un usuario.
“Corrientes tenían que ser🙄”, comentó otro.
“Igualdad de género decían”, ironizó alguien más.
Las reacciones evidencian no solo la falta de protocolos en eventos públicos, sino también un preocupante clima de normalización de la violencia y la falta de respeto hacia las mujeres, incluso cuando son ellas quienes protagonizan los altercados.
Seguridad ausente, autoridades en silencio
Hasta el momento, no se ha emitido ningún comunicado oficial por parte de las autoridades municipales ni de la policía local, a pesar de que el evento fue público y congregó a una gran cantidad de personas. Tampoco se sabe si alguna de las involucradas resultó con lesiones o presentó denuncia.
El hecho ha reabierto el debate sobre la escasa presencia de cuerpos de seguridad en actividades comunitarias. Especialmente aquellas con alta concurrencia, como lo son los jaripeos, que combinan fiesta, alcohol y, en muchos casos, descontrol.
Un reflejo de algo más profundo
Más allá del momento viral, la pelea en Juchitán pone sobre la mesa problemas estructurales de orden, cultura cívica y desigualdad de género. El hecho de que el conflicto ocurriera sin consecuencias inmediatas y con risas de fondo, revela una preocupante tolerancia a la violencia pública y una visión simplista del conflicto femenino como “espectáculo”.
Además, la falta de medidas preventivas deja en evidencia la fragilidad de los dispositivos de seguridad en eventos locales, donde muchas veces los organizadores no cuentan con el respaldo de cuerpos de vigilancia o primeros auxilios.
¿Y si hubieran sido hombres?
Varios comentarios en redes sociales también cuestionaron el tratamiento del hecho. “Si hubieran sido hombres, ya los habrían detenido”, escribió una usuaria. Este tipo de comparaciones abre un debate sobre la equidad en la aplicación de la ley y la percepción pública de los actos de agresión, según el género de quienes los cometen.
Lo viral, lo preocupante y lo ignorado
El incidente, aunque breve y aparentemente sin consecuencias mayores, revela fisuras profundas en el tejido social y comunitario de Juchitán, donde los actos de agresión se trivializan, las mujeres son juzgadas con doble moral y las autoridades permanecen en silencio.
Mientras tanto, la pregunta que queda es: ¿qué tan preparado está un municipio para atender con responsabilidad eventos masivos? Y, sobre todo, ¿cómo se combate una cultura que celebra la confrontación en vez de prevenirla?





































