No será en la cripta de San Pedro, como la mayoría de sus antecesores, sino en la Basílica de Santa María la Mayor, un lugar que el pontífice argentino visitaba con especial devoción.
La Santa Sede informó que la sepultura estará lista para recibir visitas a partir del domingo, un día después del funeral. La tumba, ubicada cerca del Altar de San Francisco, entre las capillas Paulina, Salus Populi Romani y Sforza, tendrá una lápida al ras del suelo, elaborada en mármol de Liguria. Sobre ella, una inscripción sobria en latín: Franciscus, junto con una reproducción en plata de su cruz pectoral, un símbolo profundamente personal que pidió incluir en su testamento.
El entierro de Francisco será el primero fuera del Vaticano en más de un siglo —desde 1903, cuando León XIII fue sepultado en San Juan de Letrán—. Luego de las exequias programadas para el sábado en la plaza de San Pedro, el féretro del primer papa latinoamericano será llevado en procesión hacia Santa María la Mayor, en un acto abierto al público pero con un sepelio privado.
En un gesto final que refleja su legado de cercanía con los más vulnerables, un grupo de personas en situación de pobreza estará presente para rendirle homenaje. Francisco solía visitar esta basílica antes y después de cada viaje apostólico, y sentía una fuerte conexión espiritual con la imagen de la Virgen Salus Populi Romani, a quien encomendaba cada misión.












































