Ante el deterioro de la infraestructura hidráulica en nuestra ciudad, los asentamientos humanos irregulares y el mal estado de la red que complica sensiblemente la distribución de agua potable, los oaxaqueños empiezan a sufrir el estiaje.
Como sucede cada que inicia la temporada se insiste en la protección de las fuentes naturales, la restauración y mejoramiento de la red de agua potable, la captación de agua de lluvia, el ahorro y uso racional del agua en la ciudad, pues más de 300 colonias de la capital del estado y algunas zonas de municipios conurbados esperan que se garantice el abasto del agua.
El acuífero de Valles Centrales está conformado por 11 municipios, incluyendo Oaxaca de Juárez y la mayor parte es para uso agrícola en aproximadamente 70 por ciento. El distrito centro al que pertenece la capital depende en mayor medida de la extracción de agua de pozos. Sin embargo, se está sacando más agua del acuífero de la que entra, mientras que la red de la ciudad es muy vieja y tiene fugas.
Uno de los principales factores que contribuyen a la existencia de fugas es la antigüedad y el deterioro de la infraestructura hidráulica. Muchas tuberías han estado en uso por décadas sin recibir el mantenimiento adecuado, lo que provoca fracturas y filtraciones. Además, el crecimiento desordenado de las ciudades y la falta de inversión en redes de distribución han generado un sistema vulnerable a fallas.
A pesar de que los habitantes de colonias de las zonas altas han solicitado a las autoridades garantizar el abasto de agua, pues como sucede cada año, enfrentan serios y graves problemas, como el abatimiento de los niveles freáticos, la presencia de fierro y manganeso y la contaminación bacteriológica, difícilmente se podrá hacer frente a esta creciente calamidad.
Es fundamental implementar estrategias para detectar y reparar fugas de manera eficiente. El uso de tecnologías como sensores inteligentes, cámaras termográficas y sistemas de monitoreo en tiempo real puede ayudar a identificar pérdidas antes de que se conviertan en un problema mayor. Asimismo, la participación ciudadana es clave: reportar fugas visibles, evitar el desperdicio y fomentar una cultura de ahorro de agua son acciones esenciales.
Engañan a infantes
En la era digital, los videojuegos se han convertido en una parte fundamental de la vida de los niños y adolescentes. Con gráficos avanzados, historias envolventes y la posibilidad de jugar en línea con amigos, estos juegos ofrecen entretenimiento sin precedentes. Sin embargo, detrás de esta aparente diversión, existen riesgos que muchas veces pasan desapercibidos para padres y educadores.
Uno de los más alarmantes es el engaño y la manipulación a los que son sometidos los niños a través de estos juegos. Las estrategias para engañar a los menores varían. Uno de los métodos más comunes es el uso de microtransacciones y compras dentro del juego. Muchos títulos, especialmente los gratuitos, están diseñados para enganchar a los jugadores y hacer que gasten dinero en mejoras, personajes o ventajas.
A través de técnicas psicológicas, como la escasez de tiempo o la recompensa inmediata, los niños son persuadidos para gastar sin que sean plenamente conscientes del valor real del dinero. En algunos casos, los desarrolladores han sido acusados de diseñar juegos específicamente para explotar la impulsividad de los menores. Otro peligro es la presencia de depredadores en plataformas de juego en línea.
A través de chats y foros integrados, adultos malintencionados se hacen pasar por niños para ganarse la confianza de los jugadores jóvenes. En algunos casos, estos delincuentes han utilizado los videojuegos como un medio para manipular y extorsionar a menores, llevándolos a compartir información personal o incluso a encuentros en la vida real.
Los niños al no tener aún desarrollada la capacidad crítica de un adulto, pueden ser fácilmente influenciados por estos mensajes y terminar consumiendo productos o servicios sin entender que han sido manipulados.
Los videojuegos pueden ser una herramienta de diversión y aprendizaje si se utilizan con responsabilidad. Sin embargo, es vital que tanto padres como legisladores actúen para evitar que se conviertan en un peligro para los más vulnerables.




































