Este período que nos redimensiona es una invitación a reavivar la esperanza. La celebración estuvo precedida por la procesión penitencial desde la iglesia de Sant’Anselmo all’Aventino.
Unidos al Papa Francisco
Las letanías de los santos acompañan los pasos hacia la Basílica. Los monjes benedictinos de San Anselmo, los padres dominicos de Santa Sabina, obispos y cardenales junto con los fieles cruzan el umbral. El cardenal Angelo De Donatis pronunció la homilía por el Papa, hospitalizado en el Policlínico Gemelli desde el 14 de febrero, dirigiéndole un pensamiento.
Nos sentimos profundamente unidos a él en este momento y le agradecemos el ofrecimiento de su oración y de sus sufrimientos por el bien de toda la Iglesia y del mundo entero.
La experiencia de la fragilidad
Las palabras de Francisco se entrelazan con la fragilidad y la esperanza: palabras clave que acompañan el camino de la Cuaresma hacia la Pascua. En efecto, las cenizas nos recuerdan lo que somos, pero son también la esperanza de lo que seremos.
El gesto de inclinar la cabeza para recibir las cenizas es una invitación a mirar dentro de nosotros mismos. “Las cenizas, en efecto, – recuerda el Papa nos ayudan a hacer memoria de la fragilidad y de la pequeñez de nuestra vida. Somos polvo, del polvo hemos sido creados y al polvo volveremos. Y son tantos los momentos en los que, mirando nuestra vida personal o la realidad que nos rodea, nos damos cuenta de que la existencia del hombre “es tan sólo un soplo”.
Nos lo enseña sobre todo la experiencia de la fragilidad, que experimentamos en nuestros cansancios, en las debilidades que debemos afrontar, en los miedos que nos habitan, en los fracasos que nos queman por dentro, en la caducidad de nuestros sueños, en el constatar qué efímeras son las cosas que poseemos.
Polvos en suspensión y tóxicos
La enfermedad también nos hace experimentar fragilidades como la pobreza y el dolor “que a veces irrumpe de manera repentina sobre nosotros y sobre nuestras familias”. Francisco advierte también de los “polvos en suspensión» que contaminan el mundo: «la contraposición ideológica, la lógica de la prevaricación, el regreso de viejas ideologías identitarias que teorizan la exclusión del otro, la explotación de los recursos de la tierra, la violencia en todas sus formas y la guerra entre los pueblos”.
Todo ello es como “polvo tóxico” que enturbia el aire de nuestro planeta, impidiendo la coexistencia pacífica, mientras crecen en nosotros cada día la incertidumbre y el miedo al futuro.










































