El estiaje severo es un fenómeno hidrológico que ocurre cuando los niveles de agua en ríos, lagos y cuerpos de agua superficiales alcanzan mínimos extremos debido a la falta de precipitaciones y el aumento de la evaporación. Este fenómeno suele manifestarse en estaciones secas o en períodos prolongados de sequía, afectando gravemente el suministro de agua para el consumo humano, la agricultura, la industria y los ecosistemas naturales.
Hoy se advierte en Oaxaca que los meses de marzo y abril abarcan el periodo crítico del estiaje, ya que estadísticamente son los meses más calurosos, en donde se alcanzan marcas térmicas hasta los 50 grados. Con la temporada de calor, las zonas urbanas se ven muy afectadas por las altas temperaturas, con un saldo de situaciones de salud, golpes de calor.
Puede ser provocado por varios factores. La falta de lluvias reduce la recarga de ríos y embalses, disminuyendo los niveles de agua disponibles; altas temperaturas que incrementan la evaporación y reducen la humedad en el suelo. Además del uso excesivo del agua subterránea para consumo humano, riego o actividades industriales contribuye a la disminución del nivel freático.
Aunado a ello, la reducción de la vegetación afecta la infiltración del agua y altera el ciclo hidrológico, y sus implicaciones en la variabilidad climática y el calentamiento global han intensificado los periodos de sequía, incrementando la frecuencia y severidad del estiaje.
Para enfrentarlo se deben adoptar estrategias como el uso eficiente del agua, implementar tecnologías de riego eficiente, captación de agua de lluvia y reutilización de aguas residuales. Reforestación y conservación de cuencas: Restaurar ecosistemas para mejorar la retención de agua y la recarga de acuíferos.
Planificación y regulación del uso del agua en función de la disponibilidad, además de fomentar hábitos responsables en el consumo del agua. El estiaje severo es un desafío creciente, y su manejo requiere acciones coordinadas entre gobiernos, empresas y la sociedad.
Mayor desigualdad
Las condiciones de marginación de los más de un millón 719 mil indígenas en Oaxaca en términos de infraestructura, salud y educación, presentan el mayor rezago del país, situación que afecta más a las mujeres. Acceden de manera diferencial a los recursos para satisfacer sus particulares necesidades básicas y de servicios de tal forma que son las mujeres quienes viven una situación doblemente vulnerable, por el hecho de ser mujeres e indígenas a la vez.
En los pueblos indígenas se reúnen varios factores de orden histórico y económico que favorecen las desigualdades étnicas y de género, ya que de acuerdo con los criterios del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), se define a las zonas rurales como aquellas que tienen menos de 2 mil 500 habitantes.
La desigualdad en México es un problema estructural que afecta a millones de personas y se ha profundizado en los últimos años. A pesar del crecimiento económico en ciertas regiones y sectores, las brechas entre ricos y pobres siguen aumentando, lo que impacta negativamente en la movilidad social, el acceso a servicios básicos y las oportunidades de desarrollo para la población más vulnerable.
Uno de los principales factores que contribuyen a esta desigualdad es la distribución desigual de la riqueza. México es uno de los países con mayor concentración de riqueza en el mundo: una pequeña élite acumula gran parte de los recursos, mientras que una mayoría de la población enfrenta condiciones de pobreza y precariedad laboral.
Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), más del 40% de la población mexicana vive en situación de pobreza y alrededor del 8% en pobreza extrema.
El acceso desigual a la educación es otro elemento clave en la perpetuación de la desigualdad. Aunque la cobertura educativa ha aumentado, la calidad de la enseñanza varía significativamente entre regiones y niveles socioeconómicos.


































