MIREYA NATALI CRUZ LÓPEZ
“Lo que no se nombra no existe”
La lucha por la igualdad de género ha sido incansable. A lo largo de la historia, diversas pensadoras se han enfrentado porque se reconozca el papel fundamental de las mujeres y sus aportaciones en todos los ámbitos de la vida. Sin embargo, a luchas mujeres, desde niñas, se nos ha dicho que la historia fue construida únicamente por hombres, porque, ellos eran quienes tenían acceso al poder y quienes escribían la historia.
En esta lucha, el lenguaje inclusivo ocupa un lugar central. ¿Por qué es importante hablar con lenguaje inclusivo? Porque el lenguaje es una herramienta poderosa: puede ser de inclusión, pero también de exclusión. El lenguaje tiene la capacidad de reforzar estereotipos de género que perpetúan desigualdades y, en sus formas más extremas, pueden conducir a la violencia contra las mujeres. Invisibilizarnos en el lenguaje, es también invisibilizarnos en la sociedad.
A lo largo del tiempo, las mujeres hemos sido relegadas al olvido, nuestros aportes en la ciencia, la academia, el arte y la política han sido minimizados o simplemente borrados, aunque hemos sido protagonistas, aunque hemos estado ahí, el lenguaje ha funcionado como una barrera simbólica que nos ha dejado en un segundo plano.
Por eso, la aprobación de esta semana en el Senado de la República de la modificación de 28 artículos en materia de lenguaje inclusivo en la Constitución es un paso trascendental. Se trata de una iniciativa para integrar expresamente los términos presidenta de la República, presidenta municipal y gobernadora. No es únicamente un ajuste gramatical, sino el inicio de un cambio cultural que reconoce y reposiciona el papel de las mujeres en la esfera pública, visibilizando nuestras voces y nuestra presencia en los espacios de poder.
Como decía Ferdinand de Saussure, la semiótica estudia los signos dentro de una sociedad, y todo signo tiene un significado. El lenguaje, entonces, no es neutro: es la manera en la que nombramos y comprendemos el mundo. Utilizar únicamente términos masculinos bajo la idea de que son “genéricos” —como ocurre con frases como “los derechos del hombre” o “el presidente”— no es un simple capricho gramatical. Es una omisión sistemática que ha ocultado nuestros logros y contribuciones a lo largo del tiempo.
Si las palabras construyen realidades, el lenguaje moldea la forma en la que pensamos y percibimos el mundo. Hablar de lenguaje inclusivo no es solo hablar de palabras; es hablar de poder. Es desmontar estructuras patriarcales profundamente arraigadas que, al no nombrarnos, nos niegan la existencia; como decía Wittgenstein, “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.
Hoy, las mujeres estamos ocupando espacios de poder y de toma de decisiones.
En México, por ejemplo, tenemos a la primera presidenta mujer y a 13 gobernadoras liderando sus estados. Nombrarlas con la A, como “presidenta” o “gobernadora”, no es no es una cuestión de estilo, es un acto simbólico y sustantivo porque refleja una realidad: las mujeres hemos llegado a estos espacios y tenemos derecho a ser reconocidas.
Por supuesto, no faltó en redes sociales el debate sobre el tema, pero si el lenguaje inclusivo incomoda, entonces es necesario cuestionar el sexismo que nos atraviesa como sociedad. Porque hoy las mujeres ya estamos en la Constitución, estamos en la política, en la economía, en la academia y en todos los ámbitos de la vida pública. Nosotras ya llegamos y no nos vamos a ir.
Aún queda mucho por hacer. Según datos del INEGI, al cierre de 2022, de las 277 personas titulares de las instituciones de la Administración Pública Federal, el 73.3% eran hombres y apenas el 22.4% eran mujeres. Además, seguimos enfrentando una brecha salarial del 40%. Esto nos demuestra que la igualdad no solo debe existir en las leyes, sino también en la vida cotidiana.
La aprobación de estas modificaciones constitucionales es un pequeño paso, pero uno significativo. Reconocernos y nombrarnos es apenas el inicio de un cambio cultural más profundo, uno que nos acerque cada vez más a la igualdad sustantiva que las mujeres hemos exigido por siglos.
Porque lo que no se nombra no existe, y nosotras hemos estado aquí desde siempre. Hoy, el lenguaje inclusivo nos devuelve la voz y el lugar que merecemos.
X @Natali_Cruz_































