Por todos
Sigo creyendo que Oaxaca está lejos de vivir una crisis alarmante de seguridad como la que enfrentan otros estados de la república. Sin embargo, los hechos ocurridos esta semana nos han puesto a reflexionar sobre lo que realmente estamos viviendo y hacia dónde podríamos dirigirnos si no tomamos las medidas necesarias. Esta semana fue, sin duda, un llamado de atención que NO PODEMOS SEGUIR INDIFERENTES.
El caso de la enfermera Judith Vianney ha conmocionado a la ciudadanía oaxaqueña. Su cuerpo fue encontrado en un terreno, y la Fiscalía del Estado ya tiene detenido a un compañero de trabajo como el principal sospechoso del feminicidio. La violencia de este crimen, al parecer perpetrado por alguien cercano a ella, nos recuerda que la violencia no siempre es algo distante. En ocasiones, se esconde tras las personas con las que compartimos nuestro entorno laboral y social. Este caso es una llamada a no bajar la guardia y a reflexionar sobre la inseguridad que puede estar más cerca de lo que pensamos.
El asesinato de dos mujeres activistas militantes del MULT a manos de sujetos a bordo de una motocicleta es otro hecho que sacudió la semana. Dos vidas arrebatadas sin motivo aparente, con la impunidad como protagonista, ya que, hasta el momento, no hay detenidos. Estos asesinatos son un triste recordatorio de lo peligroso que es alzar la voz y luchar por causas sociales en nuestro país, y también de cómo la violencia parece encontrar cada vez menos obstáculos para imponerse.
En Juchitán, el horror se materializó con el hallazgo de los restos de un hombre de entre 20 y 30 años en una maleta. Las múltiples lesiones que presentaba la víctima y la manera en que fue encontrado impactaron a la comunidad local, generando un sentimiento de miedo e incertidumbre que ha calado en las calles de Juchitán. Estos hechos nos muestran un panorama desolador en el que la violencia extrema se hace presente en sitios que antes considerábamos seguros.
El ataque que tuvo el mayor impacto mediático esta semana fue el ataque a un líder transportista por parte de un comando armado. Este ataque ocurrió en un reconocido restaurante de la colonia Reforma, cerca de las 9 de la noche, donde hubo seis muertos. La colonia Reforma no es cualquier lugar; es una de las zonas más habitadas de Oaxaca y concentra muchos de los comercios más importantes de la ciudad. Que un hecho de tal magnitud haya ocurrido en ese lugar y en un horario tan concurrido refleja que los criminales no tienen miedo de actuar, generando pánico entre la ciudadanía. Este ataque podría ser el preludio de más actos violentos, porque —como ya lo hemos dicho— la violencia genera más violencia.
Contar estos hechos podría hacer que muchos piensen que Oaxaca ya está en crisis o que esta fue la semana más violenta del año. Pero lo cierto es que, más que entrar en pánico, es momento de encender las alarmas y actuar. No podemos permitirnos normalizar estos sucesos ni mirar hacia otro lado. Debemos exigir seguridad en todos los ámbitos, pero también debemos exigir que las autoridades reconozcan que la inseguridad existe, porque negar la realidad no la cambia. Si no hay un esfuerzo constante y serio por mejorar, la situación sólo se agravará.
Sin seguridad, no hay bienestar. No hay transformación, no hay crecimiento, y no hay tranquilidad. Oaxaca no puede darse el lujo de caer en la indiferencia. Debemos recordar que la violencia tarde o temprano llega a nuestro entorno si no la enfrentamos. Cada uno de estos hechos es una llamada de atención para todos nosotros, para exigir más y no permitir que la violencia se convierta en algo normal. Es momento de actuar, por nosotros, por nuestras familias, por todos antes que sea muy tarde.



































