Debido a que los afrodescendientes han sido durante siglos víctimas del racismo, la discriminación racial, la esclavización y de la denegación histórica de muchos de sus derechos, resulta imperioso reconocer los derechos de los pueblos a la cultura y a la propia identidad; a participar libremente y en igualdad de condiciones en la vida política, social, económica y cultural; al desarrollo en el marco de sus propias aspiraciones y costumbres; a tener, mantener y fomentar sus propias formas de organización.
Los defensores de los derechos humanos han denunciado la violencia sistemática que los pueblos afrodescendientes y particularmente sus mujeres han sufrido de generación en generación. En la Costa oaxaqueña estas poblaciones padecen abandono y situaciones de pobreza extrema, por lo cual la violencia institucional fácilmente se convierte en violencia homicida y feminicida.
Es imperativo exigir al Estado que reconozca a este grupo poblacional como sujeto pleno de derechos, que sea tratado con equidad y respeto a su dignidad, y que no sufra discriminación de ningún tipo. El concepto afrodescendiente alude a personas pertenecientes a diversas culturas descendientes de población africana que sobrevivió al sistema esclavista, reconociéndose como una comunidad étnica que politiza su identidad y se considera un pueblo.
Dentro del marco de políticas que buscan reducir las desigualdades existentes entre las personas afrodescendientes y no afrodescendientes, se encuentran los instrumentos legales que prohíben la discriminación racial, los planes de promoción de la igualdad racial y de desarrollo, y las políticas públicas a favor del fortalecimiento de las comunidades afrodescendientes.
Para contrarrestar la discriminación estructural a la que se enfrentan personas afromexicanas y afrodescendientes en México, es fundamental fomentar el reconocimiento y la visibilización de sus aportaciones y riquezas a la cultura mexicana.
Mejores servicios
Con la estimación de que en 2050 habrá 49.4 millones de personas mayores de 70 años en el país y con una desigualdad cada vez mayor, el sistema público de salud debe empezar a trabajar en prioridades. En nuestro país el 33 por ciento de las y los niños, así como el 70 por ciento de las personas adultas, padecen sobrepeso y obesidad, principales factores de riesgo asociados a este padecimiento.
En Oaxaca, la diabetes es la primera causa de muerte en adultos, después de las enfermedades cardiovasculares, derivadas de la hipertensión que son provocadas por la obesidad y el sobrepeso. Por eso, hablar de salud no solo se refiere a la ausencia de alguna enfermedad, sino a la plena capacidad para trabajar, estudiar y desempeñarse con mayor dinamismo en todas las facetas de la actividad social y todas las etapas de la vida.
Con el esfuerzo de todos los trabajadores de las instituciones del sector salud, es necesario contribuir a brindar mejores servicios médicos a la sociedad mexicana, y con ello, elevar los índices de desarrollo humano en nuestro país. La edad promedio del mexicano se sitúa actualmente en 27 años, algo que no evita que vaya a sufrir incrementos significativos con el paso de los años, ya que es el destino demográfico de las sociedades.
Ante un escenario poco alentador, es urgente alcanzar un sistema fuerte de sanidad pública ya que en el país existen niveles de pobreza y de desigualdad que no aguantarán sin esos servicios. El reto es cerrar las brechas que señalan las diferencias entre los que tienen y los que carecen, de lo contrario se acentuarán los problemas.
Es imprescindible implementar una política de datos de salud que permita conocer la calidad de los servicios de salud, una reforma estructural al sector, sobre todo porque el envejecimiento demográfico en México y la desigualdad económica y social son los retos de mayor importancia en los que deben centrarse los esfuerzos de sanidad pública. Poner atención al tema demográfico y preparamos en materia de servicios de geriatría y gerontología o nos vamos a equivocar.



































