A pesar de los esfuerzos que se han realizado para su atención, los trabajadores agrícolas enfrentan un alto índice de contagios debido a que en los campos no siempre se cumplen las directrices. En el país hay alrededor de 2.2 millones de personas jornaleras agrícolas, y junto con sus familias son 5.9 millones, una cuarta parte de ellos son parte de pueblos indígenas, muchos de ellos de Oaxaca.
La necesidad de atender a este importante sector de la población para evitar que los contagios pongan en riesgo su vida, cada vez es más imperiosa, ya que 30% son migrantes que salen de sus lugares de origen, caracterizados por ser comunidades indígenas, campesinas y en pobreza extrema. Emigran temporal o definitivamente de sus hogares para trabajar en labores de cultivo y en las cosechas de los alimentos que todos comemos y de lo que en el campo mexicano se dispone para la exportación.
Existe preocupación porque no existen registros de puntos de salida y llegada de jornaleros, lo cual impide un seguimiento de rutas de esta población en territorio nacional y hay también ausencia en registros de empresas que los transportan.
Por otra parte, es necesario que el Gobierno Federal garantice la seguridad de los jornaleros agrícolas, en especial en comunidades del Valle de San Quintín; debe cumplir cabalmente los compromisos y acciones y a la sociedad a estar participativa y al pendiente en favor de que se respeten los derechos humanos y laborales de los jornaleros agrícolas.
Esta población permanece “invisible” en la sociedad, pues se han documentado fallecimientos por falta de atención médica en zonas agrícolas, algunos de los cuales involucraron a niños y adolescentes.
El reclamo al gobierno mexicano es que proteja los derechos de los trabajadores a través de la elaboración de un registro de migrantes jornaleros agrícolas en el país, el ingreso de los migrantes internos al sistema de seguridad social, y el abandono definitivo del estigma y la criminalización hacia ese grupo social, entre otros.
Campo tecnificado
El desarrollo del campo se encuentra en la tecnificación puesto que es la única forma en que el productor pueda obtener mejores precios en su producción, mientras que no alcance esas demandas no va a lograr potenciar sus cultivos a otros lugares.
Identificados con una o dos hectáreas de tierras que son bienes comunales, los campesinos demandan un esquema de apoyos productivos basados en la modernización de maquinaria, equipos, insumos y sistemas de tecnificación de riego.
En nuestro estado solo 10%de los campesinos adquieren semillas mejoradas y fertilizantes por su alto costo, mientras que únicamente 2 y 3% utilizan algún tipo de tecnología para su producción. Ante las dificultades que enfrenta el campo oaxaqueño para alcanzar mayores niveles de producción, es necesario alentar y promover su tecnificación y utilizar las nuevas tecnologías.
Lamentablemente los datos muestran que en los últimos 50 años los gobiernos han descuidado el campo y cada vez se genera menos riqueza hacia el país. La necesidad de inversión para el campo, así como el primer llamado es para el Estado que tiene la obligación de volver atractivo el campo por medio de obras de infraestructura vial, en energía y en medios de comunicación.
El objetivo es impulsar la productividad y competitividad del campo a través de un proceso de innovación, pues la tecnificación permitirá un uso más racional y sustentable del recurso agua, mediante un ahorro anual de alrededor de un millón 100 mil metros cúbicos, así como mayor productividad por la aplicación de la innovación tecnológica.
Aunado a ello y para fortalecer las acciones, el objetivo es generar investigación, innovación, desarrollo tecnológico y transferir tecnología a los productores, a fin de solucionar problemas en la producción, industrialización o comercialización de productos agrícolas, proteger la biodiversidad y elevar su productividad.



































