Todo un revuelo causó esta semana la sesión del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, en la que a pesar de existir un aparente consenso para la definición del número de candidaturas que serían destinadas a mujeres para las próximas elecciones a gubernaturas, no se alcanzaron los votos necesarios.
Incluso se llegó a acusar que se trató de una chicanada en la estrategia para evitar se adoptara un criterio de paridad en el que, de las nueve candidaturas a disputarse para 2024, cinco deberían ser asignadas a mujeres.
Resultó por demás extraño que después de escuchar a las consejeras y a los consejeros, uno tras otro, pronunciarse a favor del criterio de manera avasalladora, al final de la sesión se obtuviera el resultado opuesto y se quede en suspenso la determinación.
Queda aún la suspicacia, de que algunas y algunos integrantes del Consejo pudieron actuar con dolo para evitar el consenso ya que, de manera consistente, los partidos políticos se han pronunciado en contra del criterio que otorga más espacios a mujeres que hombres en la contienda por las gubernaturas. Y es que los partidos, a través de sus representantes han sido por demás vocales en su negativa al criterio.
A decir varios analistas, no es que los partidos se nieguen a postular a mujeres en candidaturas en las que son competitivas, sino que el criterio que se perfila a ser adoptado por el Consejo General del INE “desestabiliza los muy frágiles acuerdos existentes dentro de las estructuras partidistas”. Que no se trata de un asunto contra las mujeres, pues.
Y, si se ve así, suena lógico y coherente. Sin embargo, esta postura devela justamente la razón por la cual se hace necesaria la intervención del INE para establecer espacios para las mujeres: los acuerdos de los partidos políticos no tienden a favorecerlas.
Los partidos ahora se encuentran presionados a ceder un espacio más a mujeres porque inicialmente no habían acordado en ese sentido. Usualmente, los acuerdos internos siguen privilegiando la participación de los hombres para los puestos de mayor jerarquía e influencia y la participación de las mujeres, aunque de suma importancia en las organizaciones políticas, sigue siendo en su mayoría subordinada y ligada a la construcción de bases, sin que eso signifique una mejora en su posición de toma de decisiones y estructura.
Es por ello que la determinación que próximamente realizará el Consejo del INE será crucial para clarificar si la política pública en materia de paridad va en serio o no. Todo indica que la resistencia de los partidos políticos logró infiltrarse en esa controvertida sesión del Consejo y que la votación final puede no ser tersa. Será cuestión de perseverar y descubrir si de verdad la paridad es una prioridad para las instituciones políticas o no.
@GalateaSwanson
































