Uno de los grandes pendientes es desarrollar una política laboral que atienda una permanente y constante relación con los trabajadores y fortalezca acciones con los sectores para la generación de empleos formales, brinde atención a los conflictos laborales, defina estrategias para que frene la explotación laboral infantil, en especial cuando siete de cada diez personas ocupadas en Oaxaca realizan su actividad económica dentro de la economía informal, lo cual implica que trabajan itinerantemente en unidades económicas sin contabilidad rigurosa.
Ante las crecientes necesidades económicas y sociales de nuestro estado, la informalidad laboral se ha convertido en una válvula de escape para muchos oaxaqueños. La falta de empleos permanente y bien remunerados es el reto para atender a esta población que día a día crece, pues las inversiones no llegan y la creación de fuentes de trabajo tampoco.
Una de las debilidades de Oaxaca es que 80.5 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), está trabajando en la informalidad y 16.5 por ciento no recibe ingreso alguno, lo que implica que sólo reciben pagos en especie o trabajan a cambio de su sustento diario. Además de que existen 159 mil niñas, niños y adolescentes trabajadores, de los cuales 54 mil 382 no deberían hacerlo por no contar con la edad mínima de ley, y 71.5 por ciento de ellos no recibe ingresos, mientras que 33.5 por ciento no asiste a la escuela.
En una entidad tan llena de carencias y limitaciones, más de un millón 328 mil trabajadores forman parte del empleo informal en alguna de sus modalidades, mientras que poco más de 400 mil trabajadores no perciben ingresos; alrededor de 372 mil perciben ingresos de hasta un salario mínimo; cerca de 307 mil tienen ingresos de más de uno y hasta 2 salarios mínimos.
La informalidad laboral fue del 56.5 por ciento de la población ocupada entre abril y junio, que a pesar de ser una cifra elevada es la menor tasa desde que el INEGI tiene registros que se remontan al año 2005, indica la encuesta nacional de ocupación y empleo del segundo trimestre de 2017.
Ese porcentaje de la población con ocupación informal corresponde a personas en todas las modalidades: sector informal, trabajo doméstico remunerado de los hogares, trabajo agropecuario no protegido y trabajadores subordinados que aunque trabajan en unidades económicas formales, lo hacen en modalidades fuera de la seguridad social.
Transporte abandonado
Todo hace indicar que el ambicioso proyecto concebido en la pasada administración para la construcción de Metrobús de la zona metropolitana, y para el cual se destinaron 450 millones de pesos para ejecutar la primera etapa, ha sido un verdadero fracaso. A punto de que se cumpla el primer año del gobierno actual, poco o nada se sabe, solo que desde su inicio en 2014 fue de tumbo en tumbo y el compromiso de que funcionaría en mayo de 2016 fue una promesa incumplida.
Si bien se pregonó que con ello se migraría de un servicio de transporte deficiente a uno que permitía dar la respuesta a las necesidades actuales de la población de transporte sin prescindir de las concesionarios locales, lo cierto es que se ha convertido en una de las obras más caras para los oaxaqueños, sin la planeación necesaria para evitar los dispendios exhibidos.
Actualmente, el transporte público en la ciudad de Oaxaca lo ofrecen cuatro empresas concesionadas que en total tienen un parque vehicular de 900 unidades, quienes al final fueron los convocados a prestar el del Metrobús. Si bien Oaxaca se merece un transporte eficiente y de calidad que le permita a la capital del estado contar con un sistema ordenado e integrado, no serán los actuales concesionarios los que hagan realidad la aspiración de los oaxaqueños.
Se concibió como un detonador del desarrollo, pues de acuerdo con lo explicado, contaría con un sistema de recaudación para una mayor eficiencia en la conducción, pues el pago no pasaría por las manos de los operadores de las unidades. Mediante “tarjetas inteligentes”, los usuarios del transporte pagarían el servicio como el que se usa en la Ciudad de México que no distrae a los operadores y representaría la posibilidad de disminuir el número de accidentes, producto de choques donde son responsables en buena medida los conductores.
Hoy el transporte urbano sigue estancado como a principios de este siglo, y al igual que sucede con las otras modalidades de taxis y mototaxis, los oaxaqueños desean que este cáncer sea extirpado con firmeza ante el riesgo de seguir como en las administraciones pasadas, donde únicamente se han dedicado a administrar el problema del transporte.
Si la intención es que los usuarios tengan un servicio de calidad que cumpla con sus exigencias y que vaya acorde a las tarifas del transporte urbano, algo más que simple discurso se deberá adoptar, porque los oaxaqueños siguen agobiados por un servicio pésimo, donde las necesidades de los usuarios son mayores y por eso cuando lo utilizan arriesgan la vida.

































