Capitalinos acudieron ayer al panteón Jardín para acompañar a sus fieles difuntos en la celebración de las festividades de “Todos Santos”, como parte de las tradiciones del Día de Muertos en Oaxaca.
Desde temprana hora, decenas de habitantes de la ciudad de Oaxaca, Huayapam, Santa Lucía y otros municipios cercanos a la capital, acudieron al panteón ubicado a escasos 30 minutos de la capital para llevar a cabo los preparativos de las tumbas, como parte de las tradiciones.
Armados con escobas, palas, cepillos y cubetas para agua, los visitantes limpiaron las tumbas de sus familiares fallecidos, mismas que a lo largo del año en muchos casos permanecieron abandonadas.
Abuelos, padres, hijos y nietos desfilaron por los estrechos pasillos del camposanto en el panteón Jardín, donde comerciantes de veladoras, flores, tacos, pollos asados y desvencijados juegos mecánicos hicieron su agosto en noviembre.
Los precios de las veladoras que normalmente se encuentran en 8 pesos ayer se vendieron hasta el 12 y 14 pesos, además de los rollos chicos de flor de cempasúchil que se llegó a cotizar hasta en 25 o 30 pesos.
Una de las quejas reiteradas de los visitantes al cementerio para la festividad fue la carencia de agua para realizar el aseo de las tumbas de sus seres queridos y lo descuidado de las instalaciones al haber basura abandonada, piedras de regular tamaño y comercio ambulante.
Incluso, un fenómeno que llamó la atención fue el hundimiento de algunas fosas en inmediaciones del camposanto, que, según los veladores, se derivaron de los intensos movimientos telúricos del mes de septiembre.
Siguen las festividades en Oaxaca
En Oaxaca, la muerte se va de fiesta una vez al año, desde el 31 de octubre hasta el 2 de noviembre, las calles y los camposantos oaxaqueños se visten de flores, inciensos, velas, música y sonrisas, en honor a los fieles difuntos.
Varias poblaciones cercanas a la capital han preparado una serie de actividades en torno a esta fiesta, a fin de hacer gozar a vivos durante de estos días en que se festejan a los fieles difuntos.
En varios municipios se han preparado extensos programas musicales, muestras gastronómicas y artesanales, comparsas, concursos de altares de muertos, conciertos y exposiciones con motivo del Día de Muertos.
A lo anterior, se suma la tradicional visita a los cementerios que en el caso de la capital, se realiza desde ayer y concluye el día de hoy el 2 de noviembre.
En los municipios de Atzompa, Xoxocotlán y Huayapam, reconocidos por la velada en los cementerios de la municipalidad, las acciones inician el día 31 de octubre, con una serie de actividades culturales, como la exhibición de tapetes de arena de colores realizadas por pobladores del lugar.
Durante la noche del 31, hombres, mujeres, niños y ancianos se dan cita al camposanto para convivir con sus muertos toda la noche.
Sin embargo, en municipios como la Villa de Zaachila, Zimatlán de Álvarez, San Agustín Etla, San Francisco Telixtlahuaca, San Pablo Huixtepec, San Pablo Villa de Mitla y San Andrés Huayapam, propios y visitantes pueden apreciar el esplendor de esta fiesta, que viste de copal y cempasúchil las calles.
De esta forma, la tradición de Muertos en Oaxaca cobra vida una vez más para el deleite de aquellos que visitan la entidad, así como para la alegría de miles de oaxaqueños que hacen perdurar el legado de sus antepasados.
Ayer y hoy, cientos de personas acuden al panteón del municipio conurbado a la capital a rendir culto a sus familiares muertos en medio de una gran convivencia entre parientes.
La música de banda, mariachi y trío no puede faltar en el cementerio, pues a la comida que comparten los lugareños se acompaña con mezcal de la región y cervezas que son repartidas entre los visitantes.
Oaxaca vive con fe una de sus tradiciones más emblemáticas, luego de los sismos ocurridos en el mes de septiembre, el cual enlutó decenas de hogares, principalmente en la región del Istmo de Tehuantepec.

Van al Panteón General
Tal y como reza la tradición, desde muy temprano fueron llegando al Panteón General las familias que acudieron a ver a sus deudos.
Unos con gladiolas blancas y los ramos de flores de cempasúchil, pata de león y nube, otro más con cubetas con agua, jabón, escoba y cepillo para limpiar la última morada de sus difuntos.
Aunque muchas familias pasaban la noche del 1 y 2 de noviembre en el panteón, departiendo con sus seres ya fallecidos, los sismos del 7 y 19 de septiembre obligaron a modificar la tradición.
A pesar de ello, los oaxaqueños viven con la misma esencia y la misma emoción la celebración del Día de Muertos, con altares multicolores adornados con flores y papel picado, enriquecidos con las viandas y las bebidas preferidas del ser querido fallecido.
Todos Santos y Fieles Difuntos son ocasiones para que nuestro pueblo ejerza sus ancestrales costumbres. Algunos, orando por sus familiares pasados, otros yendo a los cementerios para adornar las sepulturas que permanecen en los panteones.
Desde el 31 de octubre comenzaron las peregrinaciones a los diferentes panteones de Oaxaca, entre ellos al Panteón General y su anexo, pues el de San Miguel fue cerrado ante lo deteriorado de sus muros por los sismos pasados.
Desde muy temprana hora las personas comenzaron a visitar a sus seres queridos que se encuentran enterrados en la tumbas de este camposanto, adornaron las lapidas con flor de cempasúchil, gladiola, crisantemo, claveles y cresta de gallo, sin faltar su veladora como luz que los guiara a su regreso al otro mundo en estas fechas.
Muy de mañana comenzaron a llegar y caminar por el gran panteón, apreciaban cada una de las tumbas que están a los costados, también se detenían a observar la tumba de aquellos niños que ya partieron, admiraban los tapetes tradicionales y los altares ubicados dentro del panteón y visitaban las tumbas de los grandes oaxaqueños de la historia.
A diferencia de otras ocasiones, las bandas de música que en estas fechas ambientaban el lugar con temas como Dios nunca muere, la Sandunga y el danzón Nereidas, brillaron por su ausencia ante la decisión de las autoridades de evitar estridencias.
Desde la evangelización de Oaxaca, llevada a cabo por los dominicos Fray Gonzalo Lucero y Fray Bernardino de Minaya, a la cabeza de un sinnúmero de misioneros, se implementaron las fechas para celebrar a los Fieles Difuntos, tomando como resultado del culto a los muertos que ya tenían los pueblos y las preces de la Iglesia por los antepasados.











































