Al no determinarse la causa de muerte de Zeferino, joven que fue golpeado y supuestamente torturado en las celdas preventivas de la Policía Municipal de Santa Lucía del Camino, en agosto pasado, el ministerio público y familiares, podrían solicitar la exhumación del cadáver.
De acuerdo con el trascendido, esta petición la harán toda vez que el homicidio no ha sido esclarecido, aún cuando existen nombres de policías municipales y civiles involucrados.
Cabe recordar que, según las últimas diligencias, en una audiencia pública la causa de muerte de Zeferino fue motivo de debate entre lo que emitió en su momento personal médico forense de la Fiscalía General del Estado y un médico especialista en la materia particular al que recurrieron dos elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) durante su defensa, pues como sospechosos comparecieron ante la justicia el mes pasado.
Es de mencionar que el empleado de la Fiscalía dictaminó que Zeferino había muerto a causa de laceración de órganos internos que provocaron hemorragia interna, es decir por los golpes que supuestamente le propinaron.
En cambio el médico cirujano, licenciado en Derecho, Médico Forense por oposición (perito profesional) con maestría en criminalista, con especialización en fotografía forense y genética forense, Gerardo Anastasio Ramos García dio otra conclusión.
La primera es que la causa de la muerte de Zeferino fue falla orgánica múltiple por choque hipolvolémico causado por hemorragia interna intensa en cavidad abdominal secundaria a desgarro del brazo y vasos sanguíneos por tortura eléctrica persona con cirrosis hepática.
La segunda es que de acuerdo a la posición victima victimario y mecánica de hechos intervinieron dos a más personas.
Para emitir este dictamen, el profesionista utilizó el método científico utilizando sus diferentes razonamientos como el deductivo e inductivo.
Inicialmente fue utilizado el método deductivo, materializado por el estudio meticuloso de las constancias que integran el proceso penal en el que se actúa y el razonamiento analítico, materializado con la abstracción y análisis, particularmente el dictamen pericial aportado por la perito médico forense del órgano de procuración de justicia.
Por este alegato y diversas declaraciones de testigos que resultaron ser contradictorios, los agentes estatales de investigaciones, Juan Roberto y Jesús Alberto, acusados en un principio de la muerte de Zeferino fueron puestos en libertad el mes pasado.
Dadas estas resoluciones, hasta el momento no se sabe quiénes mataron a Zeferino, ni la causa real de la muerte.
El homicidio
Según el expediente, todo inició el 4 de agosto pasado, cuando en una vivienda de la colonia El Bajío, se suscitó un robo. Los delincuentes se llevaron alhajas y dinero en efectivo con un monto de 60 mil pesos aproximadamente. El auxilio lo solicitaba la víctima, Carlos Valentín.
Esa tarde, los agentes Juan Roberto, Jesús Alberto y Humberto se encontraban por la zona, realizando labores propias de investigación, por lo que acudieron al ser alertados por cabina de Radio Control. El caso debería ser investigado por agentes del grupo Reacción Inmediata, pero éstos tenían otra misión.
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Los agentes llegaron al lugar indicado, donde estaban dos motopatrulleros de Santa Lucía del Camino con otra persona que dijo ser un abogado de nombre Érick. En la puerta estaba otro hombre llamado Guadalupe , quien no les permitió el paso cuando éstos lo solicitaron para tomar algunas placas fotográficas. La chapa de la puerta principal estaba violada. Ante esta negatividad, los agentes se retiraron previa comunicación con su comandante de grupo.
Al siguiente día, a las oficinas de la AEI llegó nuevamente el afectado Carlos Valentín, acompañado de su hermano Marciano, solicitando de nueva cuenta se procediera a investigar. Los mismos agentes, Juan Roberto, Jesús Alberto y Humberto fueron comisionados para tal fin.
En esos momentos, los hermanos Carlos y Marciano dijeron a los policías que en Santa Lucía se encontraba detenido un joven, al que achacaban el robo y que deberían ir a sacar información.
Efectivamente, el 5 de agosto, Zeferino, la víctima, fue reportado a la comandancia de la Policía Municipal porque escandalizaba en un terreno baldío por la colonia Aquiles Serdán.
Dos uniformados a bordo de la motopatrulla 586 que circulaban sobre la carretera federal 190, escucharon el reporte y enfilaron hacia el llamado de auxilio, donde efectivamente se encontraba esta persona con un envase de cerveza en la mano.
Una vez que se le hizo saber que en Santa Lucía del Camino escandalizar e ingerir bebidas embriagantes en la vía pública era una falta administrativa, lo llevaron a la comandancia para ser canalizado a una revisión médica antes de ser trasladado a los separos.
Esa noche, a las 22:55 horas, había ‘casa llena’ en los separos de la corporación, ubicados en la parte baja del palacio municipal de Santa Lucía.
Para situaciones como esta, el ayuntamiento cuenta con otros separos instalados en el encierro vehicular, ubicado en la avenida Del Trabajo, a donde Zeferino fue enviado junto con otros 12 hombres que habían infringido la ley.
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De la vigilancia en este corral estaba a cargo un oficial, pero por órdenes superiores ese domingo llegaron a reforzar dos elementos más.
De acuerdo con la comunicación de la imputación basada en testimonios de policías de guardia, los cuales ayer fueron desestimados, un oficial se dispuso a desayunar luego de llevar al sanitario a Zeferino, quien se sentía un poco mal, como deshidratado, como si le hiciera falta alguna dosis de droga, por ello lo dejó fuera de la celda en una silla para que reposara.
De pronto, tocaron el acceso principal del encierro, el vigilante acudió a abrir, mientras otro acompañante no le quitaba la mirada a Zeferino y otro estaba en el interior de un vehículo.
El vigilante entreabrió para preguntar quién era, qué se ofrecía, pero un hombre metió el pie y con los brazos empujó la puerta, le siguieron otras cuatro personas. “Queremos ver a un 5-5 (detenido)”, le dijo uno que sabía de claves policiacas.
Entre los que encabezaban la incursión, se encontraba uno de sus compañeros policiacos que en esos momentos se encontraba franco, de apodo El Diablo.
Le seguían un hombre con pants, playera azul con insignias de la Policía Federal y una gorra con los mismos distintivos (Marciano), así como dos personas que dijeron ser elementos de la AEI, posteriormente identificados como Jesús Alberto y Juan Roberto. Afuera se quedó una sexta persona (Humberto).
Los intrusos, según los oficiales, se dirigieron a Zeferino, por quien ya habían preguntado en la comandancia, pues tenían que interrogarlo respecto al robo a un domicilio ocurrido días antes.
“Se lo llevaron hacia unos vehículos, donde comenzaron a cuestionarlo por qué había entrado a robar a esa casa, si sabía de quién era esa casa.
“Roberto y Jesús comenzaron a darle de cachetadas, mientras dos civiles identificados posteriormente como hermanos -entre ellos el de la playera con letras de la Policía Federal-, le dieron golpes en el abdomen, en el estómago.
“El que iba vestido con siglas de la Policía Federal sacó una pistola y le apuntó en la cabeza a Zeferino, diciéndole “habla o te lo dejo ir’”. Zeferino sólo repetía: “qué él no había robado”
Otro de los oficiales que resguardaba el encierro intentó intervenir, pero el de la pistola le recomendó “no te metas, no es tu pedo, el que se meta se lo va a cargar la chingada”.
Para esos momentos, en la comandancia de Santa Lucía se sabía ya de la incursión de desconocidos y por ello se trasladó al encierro un mando, para verificar.
Vía radio se escuchaba que irían refuerzos y por este motivo los hombres decidieron salir al considerar que Zeferino no iba hablar.
Justo en la puerta se encontraron con un comandante de la Municipal, con quienes se identificaron Juan Roberto, Jesús Alberto y los otros dos civiles. El elemento franco no hizo falta que se identificara, todos lo reconocieron por nombre y apodo: El Diablo. De la sexta persona también se tiene nombre y apellidos.
Zeferino quedó lastimado, los oficiales a cargo de la seguridad lo levantaron del piso y con los brazos en los hombros se lo llevaron a la silla nuevamente, mientras se alertaba a personal del servicio médico de la corporación.
Poco después Zeferino pidió ir al baño, quería echarse agua, no aguantaba los dolores.
Uno de los oficiales ingresó al ver que no salía y lo vio agachado, agarrándose fuertemente del inodoro, pero al ayudar a incorporarlo éste se desplomó.
Se pidió que el médico se apresurara a llegar, así también se alertó a paramédicos, quienes finalmente certificaron que Zeferino, oriundo de Sola de Vega, estaba sin signos vitales.
Comparecen agentes
Precisamente para aclarar el caso, Juan Roberto y Jesús Alberto decidieron comparecer de manera voluntaria ante el juez y declarar al respecto, aunque lo hicieron durante la ampliación del término constitucional.
Coincidieron en que efectivamente atendieron ese reporte de auxilio y que fueron a los separos de la policía de Santa Lucía, para individualizar al sospechoso, pero no lo encontraron en la parte baja que ocupa la comandancia de la municipal.
Fueron informados que se encontraba en el encierro Acuario, donde también estaban otros separos, de lo cual ellos desconocían.
Recuerdan que cuando ellos llegaron, ya estaban en un auto Áltima, los hermanos Carlos Valentín y Marciano, quienes también escucharon que el tal Zeferino se encontraba en las instalaciones de la avenida Del Trabajo.
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Para continuar con la investigación, los tres agentes enfilaron al punto indicado, pero buscando la dirección exacta del encierro porque lo ignoraban.
Cuando llegaron, declararon, estaban descendiendo del Áltima, color arenal, Carlos Valentín y Marciano, así como otro hombre que más tarde se supo era un policía de Santa Lucía pero con goce de descanso (franco). Así también apreciaron que en el vehículo se había quedado una mujer.
Fueron estas personas quienes ingresaron enseguida al encierro, pero aclararon que en ningún momento forcejearon con el oficial que abrió la puerta, incluso se saludaron de manos.
A los cuatro minutos aproximadamente, en lo que se estacionaban perfectamente y dejaban sus armas de cargo, Juan Roberto y Jesús Alberto se acercaron al portón y tocaron. Humberto se quedó en la camioneta.
Se identificaron con el policía que les abrió y pasaron, pero optaron por retirarse cuando vieron que las personas que habían ingresado discutían e insultaban a un joven, de quien posteriormente se estableció era Zeferino.
Ya en la calle, Juan Roberto llamó vía telefónica a su comandante Jaime, explicándole la situación. El comandante sugirió procedieran a retirarse.
Para estos momentos, llegaron refuerzos de la Policía Municipal al encierro, por ello los agentes se identificaron con una mujer que estaba a cargo, explicaron la misión que tenían y el motivo de su retiro. Recuerda Juan Roberto que se dio tiempo para comentarle a la encargada que deberían tener cuidado, un estricto reglamento para el ingreso y que no deberían permitir que entraran a insultar o a golpear a alguien.
En esos momentos también, salieron Carlos Valentín, Marciano y el policía franco, quienes también se identificaron con la policía de turno, misma que decidió tomarles fotografías a estas personas, las cuales fueron exhibidas en la audiencia.
“Nosotros nos retiramos, los del auto Áltima se quedaron con los policías municipales, teníamos que regresar a hacer un informe”, refirieron los elementos de a AEI.
Contradicciones
Para no vincularlos a proceso, la defensa de los agentes involucrados solicitó interrogatorios a algunos policías, pero uno no asistió, porque de Seguridad Pública Municipal se mandó oficio que había solicitado su baja a la corporación.
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Al resolver el juez sobre estos testimonios, dijo que fueron desestimados porque hay contradicciones entre ellos, pues mientras un policía declara que Zeferino ingresó al baño luego de ser golpeado, otro indica que fue llevado a las celdas
“Tampoco coinciden en la mecánica de hechos, son parcos y contradictorios, falta coherencia”, precisó el juez.
Sustento
La exhumación se lleva a cabo, mediante una orden judicial que puede ser solicitada por querella o denuncia ante el Ministerio Publico, y obedece cuando existe duda sobre la causa de la muerte anotada en el dictamen de necropsia o certificado de defunción
De la vigilancia en este corral estaba a cargo un oficial, pero por órdenes superiores ese domingo llegaron a reforzar dos elementos más.
De acuerdo con la comunicación de la imputación basada en testimonios de policías de guardia, los cuales ayer fueron desestimados, un oficial se dispuso a desayunar luego de llevar al sanitario a Zeferino, quien se sentía un poco mal, como deshidratado, como si le hiciera falta alguna dosis de droga, por ello lo dejó fuera de la celda en una silla para que reposara.
De pronto, tocaron el acceso principal del encierro, el vigilante acudió a abrir, mientras otro acompañante no le quitaba la mirada a Zeferino y otro estaba en el interior de un vehículo.
El vigilante entreabrió para preguntar quién era, qué se ofrecía, pero un hombre metió el pie y con los brazos empujó la puerta, le siguieron otras cuatro personas. “Queremos ver a un 5-5 (detenido)”, le dijo uno que sabía de claves policiacas.
Entre los que encabezaban la incursión, se encontraba uno de sus compañeros policiacos que en esos momentos se encontraba franco, de apodo El Diablo.
Le seguían un hombre con pants, playera azul con insignias de la Policía Federal y una gorra con los mismos distintivos (Marciano), así como dos personas que dijeron ser elementos de la AEI, posteriormente identificados como Jesús Alberto y Juan Roberto. Afuera se quedó una sexta persona (Humberto).
Los intrusos, según los oficiales, se dirigieron a Zeferino, por quien ya habían preguntado en la comandancia, pues tenían que interrogarlo respecto al robo a un domicilio ocurrido días antes.
“Se lo llevaron hacia unos vehículos, donde comenzaron a cuestionarlo por qué había entrado a robar a esa casa, si sabía de quién era esa casa.
“Roberto y Jesús comenzaron a darle de cachetadas, mientras dos civiles identificados posteriormente como hermanos -entre ellos el de la playera con letras de la Policía Federal-, le dieron golpes en el abdomen, en el estómago.
“El que iba vestido con siglas de la Policía Federal sacó una pistola y le apuntó en la cabeza a Zeferino, diciéndole “habla o te lo dejo ir’”. Zeferino sólo repetía: “qué él no había robado”
Otro de los oficiales que resguardaba el encierro intentó intervenir, pero el de la pistola le recomendó “no te metas, no es tu pedo, el que se meta se lo va a cargar la chingada”.
Para esos momentos, en la comandancia de Santa Lucía se sabía ya de la incursión de desconocidos y por ello se trasladó al encierro un mando, para verificar.
Vía radio se escuchaba que irían refuerzos y por este motivo los hombres decidieron salir al considerar que Zeferino no iba hablar.
Justo en la puerta se encontraron con un comandante de la Municipal, con quienes se identificaron Juan Roberto, Jesús Alberto y los otros dos civiles. El elemento franco no hizo falta que se identificara, todos lo reconocieron por nombre y apodo: El Diablo. De la sexta persona también se tiene nombre y apellidos.
Zeferino quedó lastimado, los oficiales a cargo de la seguridad lo levantaron del piso y con los brazos en los hombros se lo llevaron a la silla nuevamente, mientras se alertaba a personal del servicio médico de la corporación.
Poco después Zeferino pidió ir al baño, quería echarse agua, no aguantaba los dolores.
Uno de los oficiales ingresó al ver que no salía y lo vio agachado, agarrándose fuertemente del inodoro, pero al ayudar a incorporarlo éste se desplomó.
Se pidió que el médico se apresurara a llegar, así también se alertó a paramédicos, quienes finalmente certificaron que Zeferino, oriundo de Sola de Vega, estaba sin signos vitales.
Comparecen agentes
Precisamente para aclarar el caso, Juan Roberto y Jesús Alberto decidieron comparecer de manera voluntaria ante el juez y declarar al respecto, aunque lo hicieron durante la ampliación del término constitucional.
Coincidieron en que efectivamente atendieron ese reporte de auxilio y que fueron a los separos de la policía de Santa Lucía, para individualizar al sospechoso, pero no lo encontraron en la parte baja que ocupa la comandancia de la municipal.
Fueron informados que se encontraba en el encierro Acuario, donde también estaban otros separos, de lo cual ellos desconocían.
Recuerdan que cuando ellos llegaron, ya estaban en un auto Áltima, los hermanos Carlos Valentín y Marciano, quienes también escucharon que el tal Zeferino se encontraba en las instalaciones de la avenida Del Trabajo.
Para continuar con la investigación, los tres agentes enfilaron al punto indicado, pero buscando la dirección exacta del encierro porque lo ignoraban.
Cuando llegaron, declararon, estaban descendiendo del Áltima, color arenal, Carlos Valentín y Marciano, así como otro hombre que más tarde se supo era un policía de Santa Lucía pero con goce de descanso (franco). Así también apreciaron que en el vehículo se había quedado una mujer.
Fueron estas personas quienes ingresaron enseguida al encierro, pero aclararon que en ningún momento forcejearon con el oficial que abrió la puerta, incluso se saludaron de manos.
A los cuatro minutos aproximadamente, en lo que se estacionaban perfectamente y dejaban sus armas de cargo, Juan Roberto y Jesús Alberto se acercaron al portón y tocaron. Humberto se quedó en la camioneta.
Se identificaron con el policía que les abrió y pasaron, pero optaron por retirarse cuando vieron que las personas que habían ingresado discutían e insultaban a un joven, de quien posteriormente se estableció era Zeferino.
Ya en la calle, Juan Roberto llamó vía telefónica a su comandante Jaime, explicándole la situación. El comandante sugirió procedieran a retirarse.
Para estos momentos, llegaron refuerzos de la Policía Municipal al encierro, por ello los agentes se identificaron con una mujer que estaba a cargo, explicaron la misión que tenían y el motivo de su retiro. Recuerda Juan Roberto que se dio tiempo para comentarle a la encargada que deberían tener cuidado, un estricto reglamento para el ingreso y que no deberían permitir que entraran a insultar o a golpear a alguien.
En esos momentos también, salieron Carlos Valentín, Marciano y el policía franco, quienes también se identificaron con la policía de turno, misma que decidió tomarles fotografías a estas personas, las cuales fueron exhibidas en la audiencia.
“Nosotros nos retiramos, los del auto Áltima se quedaron con los policías municipales, teníamos que regresar a hacer un informe”, refirieron los elementos de a AEI.
Contradicciones
Para no vincularlos a proceso, la defensa de los agentes involucrados solicitó interrogatorios a algunos policías, pero uno no asistió, porque de Seguridad Pública Municipal se mandó oficio que había solicitado su baja a la corporación.
Al resolver el juez sobre estos testimonios, dijo que fueron desestimados porque hay contradicciones entre ellos, pues mientras un policía declara que Zeferino ingresó al baño luego de ser golpeado, otro indica que fue llevado a las celdas
“Tampoco coinciden en la mecánica de hechos, son parcos y contradictorios, falta coherencia”, precisó el juez.









































