Luego de más de dos años de contingencia sanitaria por la pandemia de Covid-19, todo apunta a que los festejos del “Día de Muertos”, cuya víspera es hoy, volverán a la tradición de antaño. Se ha dicho que oficialmente habrá apertura de los panteones que, precisamente por la crisis mortal de salud que vivimos, tuvieron que mantenerse cerrados. Con tristeza recordamos los días aciagos cuando cadáveres y ataúdes tenían que llegar completamente sellados para evitar los contagios letales. Sólo la familia podía acompañar a los suyos fallecidos y cumplir con un catálogo de restricciones. Muchos de nuestros amigos, familiares, vecinos o conocidos que tuvieron la mala fortuna de fallecer por el letal virus, tuvieron que ser cremados para evitar llegar a los panteones. Es más, se dio una brutal saturación que, en su momento, motivó la apertura de nuevos panteones.
Hoy, las cosas han cambiado, pese a que el virus siga entre nosotros. Sin embargo, el éxito de las campañas masivas de vacunación tuvieron como propósito evitar contagios letales. No obstante, pese a ello hubo miles de casos que, también tuvieron efectos mortales. Lo importante es que el mal se atemperó evitando saturación en hospitales, gastos excesivos en la familia para la adquisición de oxígeno, medicinas y otros. La vacuna fue la mejor defensa para evitar la multiplicación de casos de gravedad. Para las variantes delta y ómicron resultó una defensa extraordinaria, pues los casos se fueron reduciendo considerablemente en el país y en la entidad. Se supo que casos de gravedad que incluso llegaron a la muerte fue de personas que, por ignorancia o cerrazón hicieron caso omiso de la vacuna.
Con todo este panorama y la reducción real de contagios y decesos, las autoridades tanto federales como estatales han decidido suavizar los protocolos sanitarios. Desde hace un par de semanas, el gobierno federal se anunció que el cubre-bocas ya no era necesario en espacios abiertos, sino sólo en sitios públicos y cerrados. La semana pasada, el gobierno de Alejandro Murat, que había mantenido una postura un tanto más enérgica respecto al uso de este elemento, anunció que era opcional, lo que abre la posibilidad de que los oaxaqueños, no sólo de la capital sino de las ocho regiones del estado, disfruten de los tradicionales y ancestrales festejos para celebrar a nuestros muertos, incluyendo, seguramente, las visitas a los panteones.
Carestía imparable
Pese a los buenos augurios que se dan con el relajamiento en los protocolos sanitarios y la apertura en el festejo tradicional que mencionamos en el segmento anterior, hay un factor que influirá seguramente a que dicha celebración no sea plena, particularmente en los hogares que menos tienen. En efecto, tal como lo hemos publicado en las páginas de EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, estamos padeciendo una brutal espiral inflacionaria que, inclusive la canasta básica ya es un artículo de lujo. Alimentos de la dieta de los hogares más desprotegidos como el huevo y la tortilla, cada día son inalcanzables por su constante incremento de precios. Es más, se han anunciado en medios nacionales e incluso en las conferencias de prensa “mañaneras” del presidente López Obrados, casos de tiendas de autoservicio en Oaxaca, cuya escalada de precios está por arriba de otras entidades del país.
Los constante llamados del presidente de México a no especular con la necesidad de la población e, inclusive sus reuniones con los empresarios no se han traducido en medidas eficaces para contener el alza de precios. Bajo esa premisa, seguramente el pan de muerto, el chocolate, el mole y todos los ingredientes que lleva, estarán por las nubes. En nuestras comunidades indígenas y alejadas de los centros urbanos, la tradición está tan arraigada que la gente ahorra todo el año para echar la casa por la ventana en estas fechas. Es más, venden gallinas, guajolotes, vacas y otros animales, para poder surtirse a placer. El homenaje a los muertos no puede ser tal con una mesa sin las viandas de esta temporada.
Desafortunadamente, los pronósticos respecto a que las cosas mejoren no son los que todo mundo espera. Para los especialistas se anticipa una grave recesión e, inclusive, devaluación del peso mexicano. Sin embargo, no hay que adelantar vísperas, antes del fin de año seguramente habrá medidas de política económica que permitan paliar los efectos nocivos de esta carestía infame. Esperemos que las medidas contra la recesión no sean tomadas a la ligera por la Federación o por los diputados (as), prestos a levantar la mano hasta para golpear la economía o la estabilidad de las familias mexicanas, todo por congraciarse con el que manda. Esperemos pues que haya mesura, madurez y no la inmediatez que hemos visto en los últimos tiempos, que lejos de ganarse el respeto de los mexicanos, sólo han alentado lo contrario.


































