A un mes y días de que concluya la presente administración estatal y del relevo gubernamental, hay algo que es imposible ocultar: no hay una sola obra emblemática, que lleve el sello del actual gobierno. De las dos que funcionarios estatales insisten una y otra vez en que serán terminadas: el llamado Circuito Interior y la obra de Símbolos Patrios, la primera muestra los síntomas de deterioro, a poco de abrirse a la circulación y la otra, ni para cuándo se termine. Haciendo un ejercicio de memoria, recordamos sólo algunas de las obras sexenales que han tenido impacto entre los oaxaqueños. La gestión de la súper carretera Oaxaca-Cuacnopalan se debe al ex gobernador Heladio Ramírez, su terminación a Diódoro Carrasco. Dicha obra hizo que de las nueve o diez horas que se hacían en autobús de la Ciudad a México, se redujeran a seis, con una vía moderna, aunque hoy en día con notable deterioro.
Al gobierno de José Murat se debe la construcción de los accesos de cuatro carriles a la capital oaxaqueña y el inicio del proyecto de la carretera al Istmo que, desafortunadamente, a 20 años de distancia, sólo ha sido un sueño. Su sucesor Ulises Ruiz, también dejó su legado: el adoquinamiento del Centro Histórico, que cambió por completo la imagen de nuestra capital y los cuatro carriles en el Cerro de “El Fortín”, más valorados que la velaria que cubre el Auditorio “Guelaguetza”. Si bien es cierto que mucho fue criticado por la lentitud con la que se llevó a cabo, finalmente Gabino Cué dejó como obra emblemática para la ciudadanía, el puente y paso a desnivel de “Cinco Señores”. Una leve modernización a la infraestructura urbana, que no había cambiado en cerca de 50 años. Dejó encaminados el proyecto y el financiamiento del Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca, que se concluyó en los primeros meses de esta administración.
Sin embargo, sea porque la tragedia ha acompañado su gestión, con sismos, huracanes y pandemia, el gobierno de Alejandro Murat no pudo concluir ni las carreteras a la Costa y al Istmo, que fueron bandera durante su campaña política, menos una sola obra relevante que pudiera en el futuro, acreditarse a su gobierno. Para los conocedores, las dos que mencionamos al principio, no han sido de la dimensión de las ejecutadas en otras administraciones. La obra de Símbolos Patrios ha generado malestar. Lo grave es que no se ve que pueda ser concluida en el tiempo que resta al actual gobierno. Ojalá estemos equivocados.
Mano firme en universidad
Hay entre los oaxaqueños muchas voces que coinciden en que nuestra Máxima Casa de Estudios, la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), tiene que refundarse. Es decir, sacudirse el lastre que hoy la tiene sometida y no la deja avanzar ni cumplir con su misión de formar profesionales en las distintas ramas del conociimiento. Desde los años setenta del Siglo XX, al menos tres universidades del país tuvieron serios problemas: se convirtieron en campus de adoctrinamiento y focos guerrilleros. La UABJO entre ellas. Sin embargo, hubo dos que lograron a base de energía gubernamental emprender los caminos de la docencia. La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla –la BUAP- hoy un ejemplo a nivel nacional en temas académicos y de formación profesional y la Universidad de Sinaloa. La nuestra, ha seguido a la cola en el país.
Lejos de insertarse en la ruta de la modernidad tecnológica y de la investigación, nuestra Alma Mater está sometida por cuatro entes perniciosos: los caciques, los clanes familiares, los sindicatos y el porrismo. Los dos primeros deben ser extirpados para permitir que la principal universidad pública cumpla con su cometido ante la sociedad. No es ni ético ni permisible para un gobierno que facultades o preparatorias sean cuasi propiedad de un solo personaje y que nada se mueva ahí sin su autorización. La vida universitaria a la que asisten miles y miles de jóvenes, no puede estar convertida en un juego de azar. Sorprende que el gobierno, bajo una mala entendida autonomia haya dejado hacer y dejado pasar.
Y el acoso sindical es permanente. La UABJO está esclavizada por los constantes y permanentes emplazamientos, revisión de contrato colectivo, paros locos y huelgas. Cinco gremios se forman en una sola fila para exprimir el magro presupuesto universitario. Llega el STEUABJO y siguen el STAUO, SUMA, SUA o SECUABJO. Todo el año se la pasan en un plan de abierta extorsión. Cada uno de dichos organismos sindicales cuenta con sus sicarios y porros. Seguramente muchos que han egresado de la institución estarán de acuerdo en que la UABJO debe dar un viraje y sacudirse todo el lastre negativo que la ha llevado al estancamiento. Esperamos que el gobierno que se estrena en poco más de un mes tome el tema con la prioridad que requiere y promueva un cambio radical, es decir, la refundación de nuestro centro de estudios superiores más popular.


































