Hace unos días se publicaron en medios de comunicación estadísticas preocupantes, respecto a la inseguridad que prevalece en la capital oaxaqueña. No es para que el gobierno de Oaxaca de Juárez eche las campanas al vuelo, pero, de diez citadinos ocho afirman no estar seguros. Ello implica que no existen estrategias para garantizar la seguridad ciudadana, además de que, tal como lo reconoció el Secretario de Seguridad Pública, Vialidad y Protección Civil, Raúl Ávila Ibarra, en la Policía Municipal hay un buen número de elementos que están “viejos” y que, por tanto, no dan para más. Desde luego que se trata de un juicio de valor. Si a un elemento policial sea cual fuere su edad o estado de salud, se le otorgan los elementos necesarios para cumplir con su misión, seguramente cumplirá. Por tanto, no se trata de una visión peyorativa así, sin más.
Hace unos días la Policía Estatal dio un golpe inédito: hizo un gran decomiso de droga en la zona del Mercado de Abasto. Miles de dosis de cocaína, heroína, metanfetaminas, cristal, etc. Y lo hizo al asegurar un puesto en dicho centro comercial popular utilizado como bodega de estupefacientes. En su momento reconocimos este hecho, lo que da cuenta de que los mandos policiales no están recibiendo sobornos o presiones de los grupos criminales. Lo cual es bueno. No obstante, previamente el decomiso, un elemento de dicha corporación fue levantado y desaparecido por los rumbos de Ocotlán de Morelos. En efecto, se trató del responsable de tareas de inteligencia que trabajaba encubierto y de civil, quien con certeza fue identificado antes de dar cuenta del sitio desde donde se distribuía droga.
Lo cierto es que la capital oaxaqueña se ha convertido en los últimos tiempos en uno de los sitios más inseguros del país. Su situación contrasta con las cuentas alegres de los responsables de la seguridad estatal que, como loros, repiten en cada boletín, en cada discurso, que somos de las entidades más seguras, un mito en el que nadie cree. El mapa criminal es terrible en la entidad. Y se ha visto cada día. Hay fines de semanas en los cuales hay hasta diez ejecuciones o más. Pero tal parece que aquí no pasa nada. Las ejecuciones se han dado aquí en la capital oaxaqueña. Que no nos vengan con que la entidad segura incluye tambián a la capital. Si ocho de cada diez ciudadanos se sienten inseguros, no es para repicar las campanas.
Operaciones criminales
Hace al menos un par de semanas apareció en redes sociales, producto de las filtraciones del grupo de hackers, “Guacamaya”, el mapa criminal que prevalece en la entidad, no sólo de las organizaciones que tienen presencia a nivel nacional sino, además, de las bandas delictivas locales, como es el caso del Istmo, en donde prevalecen grupos realmente sanguinarios como “Los Coyunda” o “Los Tapaneros”, con un rosario de delitos entre los que sobresalen ejecuciones, desmembramientos, secuestros, cobro de derecho de piso, entre otros. Destacan los levantones y secuestros que, después que la familia paga el rescate, las víctimas son asesinadas. Es el caso de una pareja que hace unos días fue ejecutada en un lugar de la Costa oaxaqueña. Si bien dicen algunas fuentes que se trató de un ajuste de cuentas, vale la pena mencionar que la dama hasta un corrido tenía.
En redes sociales ya es común que salgan nombres y nombres de grupos o personas que tienen nexos con grupos criminales, vía negocios. Se entiende que el país está plagado de casos como éste. Por ejemplo, se dan datos precisos s0bre el equipo del nuevo gobierno que tiene nexos criminales abiertos y socialmente visibles. Sin embargo, parece que con la política perniciosa de “abrazos no balazos”, todos están en la misma frecuencia. Un Ejército Mexicano, cómplice y complaciente del presidente López Obrador que lo ha ubicado como un simple patiño del poder público. Una vergüenza para la gran tradición castrense y de los excesos que tiene el sector político. Ahora construye aeropuertos, distribuye medicinas, constructor de rutas de trenes, etc. Sin embargo, de pena ajena cuando la Secretaría de la Defensa Nacional está en su peor momento, tiene más poder. ¡Pobre México! No es fortuito los golpes demoledores que le han propinado algunos senadores que, en la lectura política, no se algo para minimizar.
¿Cómo explicar que luego de un decomiso de miles de dosis de droga: heroína, cocaína, cristal o metanfetaminas, ipso facto desaparezca un elemento de la Policía Municipal, responsable de tareas de inteligencia y que sus jefes lo hayan expuesto así como así? En efecto, eso tiene mucho qué ver con las complicidades y nexos que los grupos criminales establecen con los que operan la seguridad pública estatal. Empero, hay algo que mucho se comenta en los cafès o restaurantes de moda: esperamos que el gobernador electo, tenga la suficiente sapiencia o mesura para evitar que algunos cargos públicos, hoy en la mira del pueblo bueno y sabio, no vayan a ser algo así como la Iglesia en manos de Lutero o, estar en las peores manos.


































