Los ricos bosques oaxaqueños no sólo son víctimas de depredadores y talamontes, que siguen dejando sólo eriales y desiertos, sino también de los incendios forestales. Hay algunos que han dejado hoy en día, una carga mortal. La semana pasada se registró uno en Magdalena Peñasco, con un saldo de 4 personas, lamentablemente fallecidas. Los pobladores acuden a combatirlos, aún a riesgo de su propia vida. Los organismos federal y estatal, Comisión Nacional Forestal –CONAFOR- y la Comisión Estatal Forestal –COESFO-, respectivamente, se entiende, no cuentan con los elementos humanos y financieros para dar la batalla cuando se presentan este tipo de siniestros. El estado cuenta con una gran riqueza silvícola. La selva de Los Chimalapas, con una impresionante variedad de especies.
La Sierra Norte y la Sierra Sur, con importantes recursos maderables, que han sido explotados a placer, con el argumento de los depredadores de que tienen sus concesiones en regla, además de que organismos como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) o la Procuraduría Estatal del Medio Ambiente, los protegen. Sabemos también que hay comunidades forestales que explotan sus propios recursos de manera autosustentable. Lo cual es un gran mérito. Talan sus bosques e inmediatamente reforestan. Cuidan lo que la naturaleza les ha concedido y atienden con diligencia cualquier tipo de siniestro, como es el caso de los incendios forestales. Sin embargo, son las menos. Otras comunidades, igualmente con riqueza forestal, están a su suerte.
Sin embargo, existe en el país un partido político llamado Verde Ecologista de México, cuyos representantes, se presume, dicen a quien quiera escucharlos que son defensores del medio ambiente. Sí, pero de dientes para afuera. Hoy, como apéndice del Movimiento de Regeneración Nacional, lo mismo le apuestan a la generación de energía eléctrica con fuentes como el carbón mineral o el petróleo, haciendo a un lado sus principios y razón de ser de su partido, que validan la depredación de la selva en la ruta del Tren Maya. La pregunta es: ¿Y no habrá un mecanismo para llamarlos a cuentas para que le digan a la ciudadanía, qué hacen, desde las más altas tribunas del país, para proteger nuestra riqueza silvícola, no sólo de la tala brutal de los bosques, sino también, para gestionar recursos para el combate a los incendios forestales, que tanto afectan a nuestras comunidades?
Abandono citadino
Para cualquier observador oaxaqueño o no, la capital sigue presentando los síntomas del abandono y la abulia oficial. Por el lado que quiera verse se advierte que pareciera no haber autoridad que ponga orden y tome como propósito devolverle la dignidad a nuestra capital. Los moldes del mal gobierno de Oswaldo García Jarquín en el trienio pasado, los estamos viendo hoy en día. El actual presidente municipal, Francisco Martínez Neri, con todos sus buenos y nobles propósitos, parece estar rebasado por la problemática urbana. Es cierto y lo hemos dicho hasta el cansancio: no es lo mismo ganar elecciones que gobernar. No es igual la simpatía que se plasma en las urnas a la tarea de conducir los destinos de un estado o un municipio, con un universo de retos y desafíos.
En el trienio de Javier Villacaña se dio gran relevancia a darle mantenimiento y una nueva imagen a las áreas verdes. Se arreglaron camellones, jardines, se plantaron nuevas especies y se puso especial atención a ciertos rubros. Pasó la administración de García Jarquín y se pudo observar que se incrementó el derribo de árboles, se descuidaron por completo los jardines y camellones, entre otros muchos aspectos de la imagen urbana. En pocas palabras, la ciudad mostró los síntomas propios de la abulia oficial y el abandono. El gobierno local, que si bien tomó la estafeta apenas el primero de enero de 2022, con un sinfín de problemas, entre ellos una deuda millonaria, una gravísima descapitalización y sin recursos, le ha fallado a la ciudadanía en cumplir medianamente con las expectativas que se fijó en la campaña polìtica.
Bien dice el dicho que el prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila. Hay una total apatía para dar respuesta a diversos problemas. ¿Cómo asimilar que un grupo de vecinos estén regando los prados secos y árboles en el parque Juárez El Llano, cuya responsabilidad compete al ayuntamiento de la capital? El pasado lunes 25, como lo apuntamos oportunamente en este espacio editorial, la capital cumplió 490 años de haber sido elevada a la categoría de ciudad. Se trata, sin duda alguna, de una efeméride que hay que destacar para saber el grado de abandono que ha tenido nuestra ciudad, rehén permanente, además, de grupos y organizaciones sociales parasitarias que, para golpear al gobierno y chanjatearlo, cierran calles y avenidas, dando un espectáculo grotesco no sólo al turismo que llega a nuestros lares, sino creando un infierno para los propios citadinos.

































