De muy poco han servido el cabildeo de representantes del gobierno de los Estados Unidos, la participación de México en foros internacionales en favor de las energías limpias o la suscripción del Acuerdo de París sobre la participación de los Estados nacionales para detener el cambio climático. El empecinamiento del presidente Andrés Manuel López Obrador en la famosa Reforma Eléctrica se ha convertido en una obsesión enfermiza. Al igual que la controvertida consulta sobre la revocación de mandato que se llevó a cabo ayer domingo, incluso violentando la ley, exigió a toda la maquinaria de funcionarios de su gobierno y a los gobernadores emanados del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), a treparse a su afán obsesivo de medir el impacto de su gobierno, a tres años de su gestión, cuyos resultados –ya está visto- han sido poco menos que deplorables.
El jueves pasado los corifeos echaron las campanas al vuelo para festejar que no se alcanzaron los 8 votos necesarios de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para declarar anticonstitucional dicha Reforma Eléctrica. En efecto, 4 ministros (as) votaron a favor de su constitucionalidad. Como era de esperarse, el presidente de dicho órgano, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, además de Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Yazmín Esquivel y Loreta Ortiz. Sin embargo, la negativa de 7 ministros (as), abre la puerta para la entrada de amparos y otras acciones de inconstitucionalidad. Las fuerzas políticas representadas en el Congreso están divididas, aunque el PRI, PAN, PRD y MC, han hecho un fuerte bloque para evitar que el citado proyecto pase.
Lo preocupante es que, de aprobarse dicha reforma, también conocida como Ley Bartlett, se pone en tela de juicio la vigencia del Tratado Comercial con Estados Unidos y Canadá (TMEC). México estaría en un plano de regresión a la tendencia mundial de darle la espalda a los combustibles fósiles para generar energía eléctrica y contraviniendo los convenios suscritos a nivel internacional en materia de energías limpias. Todo ello, por supuesto, mantiene sin cuidado al presidente de México que, en muchos sentidos, ha exhibido su supina ignorancia del entorno mundial y de las relaciones de nuestro país en el contexto internacional. Millones de mexicanos, pero sobre todo muchos oaxaqueños, estamos profundamente preocupados por la ruta que seguirá la discusión de la cuestionada Ley Bartlett, habida cuenta de que Oaxaca es una de las principales generadoras de energía eólica.
Ya en período vacacional
De nueva cuenta y luego de dos años de restricciones por los efectos de la pandemia de Covid-19, el turismo del país y el extranjero vuelve a atiborrar las calles del Centro Histórico de la capital oaxaqueña y nuestros destinos de playa, particularmente Huatulco y Puerto Escondido, aunque hay muchos sitios más que lucen ya repletos de visitantes. Se espera que, más que los fines de semana largos del pasado 5 de febrero o 21 de marzo, esta temporada de Semana Santa represente, en verdad, una bocanada de aire fresco para los prestadores de servicios turísticos y de los miles de familias que viven de dicha industria. Al menos, por lo que se ha observado hasta hoy, nuestra entidad mantiene vigente ese rico imán de atracción para mexicanos y extranjeros que vienen a conocer algo de lo mucho que Oaxaca puede aportar a México y al mundo, como es su cultura, folklore, gastronomía y bellezas naturales, entre otros.
Si bien es cierto que el beneficio o la derrama económica puede representar un aire de alivio a quienes las vieron negras durante el período fuerte de la pandemia, con cientos o miles de cierres de negocios, desempleo y una brutal descapitalización, también es cierto que los clásicos vividores están al acecho para exigir su cuota. Y nos referimos a dirigentes y grupos que, sin bandera o demanda alguna, ya se aprestan para sacar raja monetaria con sus perniciosos bloqueos. Ya es común que enseñen el cobre desde antes de la temporada, como es el caso de supuestos comuneros que desde hace semanas han cerrado el llamado “Puente Caracol” en la entrada de Tehuantepec. Se trata de un cuello de botella que impide el paso tanto para la Costa oaxaqueña como para la Ciudad de México, Chiapas o Veracruz. El paso tiene un costo según el tamaño de la unidad.
En la medida en que el gobierno estatal no disponga de operativos para acotar a dichos grupos que, además ubican sus bloqueos en sitios claves para la circulación, la afluencia de visitantes se verá severamente afectada además de crear una pésima imagen a la entidad. No es un secreto que Oaxaca tiene fama de sus eternas protestas y de la toma de casetas como postal de bienvenida. Esto último está ya penado por la ley, pero el resto de presiones y chantaje siguen aprovechando la debilidad gubernamental para seguir lucrando con las manidas banderas de la lucha social, que no son más que pruebas de extorsión y chantaje.



































