Desde hace al menos una década, hubo indicios de que el tiradero de basura ubicado en jurisdicción de la Villa de Zaachila no tendría mucho tiempo de vida, dada la saturación de desechos no sólo de por lo menos 25 municipios conurbados sino, incluso, de otras poblaciones lejanas que no cuentan con depósitos sanitarios. Sin embargo, el tema fue soslayado no solamente por los gobiernos locales sino por la administración estatal. Siempre se supo, además, que había un ingrediente adicional: la politización del tiradero, por parte de vecinos que durante el período de vida fueron invadiendo las inmediaciones, de donde salieron decenas de colonias, algunas de ellas verdaderas guaridas de delincuentes. Cada que exigían algo del gobierno estatal, el basurero municipal era su arma favorita. Cerraban los accesos y, al impedir que los camiones recolectores depositaran su carga, la capital oaxaqueña y las cabeceras municipales que ahí depositan sus desechos, se llenaban de basura.
Del tema hemos mencionado en diversas ocasiones. En la memoria política de al menos los últimos quince años pueden encontrarse discursos y promesas de campaña de actores políticos, que ofrecen a la ciudadanía la construcción de un nuevo relleno sanitario. Hubo algunos que sondearon predios en la zona de Ocotlán de Morelos; otros lo hicieron en San Pablo Huitzo. Pero, nada se ha concretado. Inclusive, autoridades municipales de los sitios presuntamente señalados para el funcionamiento del citado relleno sanitario, han desmentido la especie, con argumentos contundentes como el hecho de que la asamblea de la comunidad se negaba a dicha acción. Fue semejante a lo que ocurrió el pasado viernes cuando representantes comunales de la Villa de Zaachila acordaron el cierre definitivo del actual basurero municipal.
Aunque esta situación no esté contemplada en los proyectos del presidente de la capital, Francisco Martínez Neri o, incluso, de la administración del gobernador Alejandro Murat, lo anterior exige, de parte de los dos órdenes de gobierno, acciones urgentes para resolver dicho tema. En efecto, no es tarea fácil, dado que el primero no cuenta con la capacidad económica para una obra de tal envergadura, además de que, no existen en los municipios conurbados, la disposición para vender predios. Todo ello, en un entorno en el cual, nadie quiere tener cerca un depósito de basura y todo lo que ello implica: olores de los lixiviados, fauna nociva, centenas de personas que viven de la recolección de papel, cartón, plástico, etc.
Arcas vacías
De algo podemos tener certeza: poco, muy poco podrá hacer el presidente municipal de Oaxaca de Juárez, para emprender los proyectos que tiene previsto realizar, ante la situación financiera tan deplorable que le dejó su antecesor, Oswaldo García Jarquín. Se trata de adeudos por más de 300 millones de pesos que, cualquier ciudadano puede preguntarse, ¿y dónde están las obras, los programas sociales, las acciones en agencias y colonias, que justifiquen dicha cantidad? Es evidente que no hay nada que justifique dicho desembolso. Se trata de una mala administración, un presunto desvío de recursos y una pésima gestión en el manejo no sólo de los recursos propios que genera el municipio, sino, además, de los recursos canalizados por la Federación en diversos rubros.
Por ello, hay que celebrar junto con el edil, Francisco Martínez Neri, que sea la propia Auditoría Superior de la Federación (ASF), quien realice sus propias auditorías que, junto con las internas que lleva a cabo el municipio, pueden encontrar la hebra de esa mala administración. Como dijo en entrevista con los medios de comunicación en edil capitalino: no se pueden adelantar vísperas de que se trate de corrupción. Hay diversos factores que pudieron incidir en los resultados negativos que tuvo la administración que le precedió. Sin embargo, existe un catálogo de responsabilidades que le competen al ex presidente municipal quien, por omisión o connivencia, hizo caso omiso de atender este delicado tema, dejando hacer y dejando pasar, confiado en que el voto que lo llevó al cargo, sería su parapeto que lo encubriera.
Más allá de que sean cosas personales, hay que subrayar que los servidores públicos, como su nombre lo indica, deben estar en una vitrina bajo el escrutinio ciudadano. Nada de que lo que hacen es cosa personal. Lo dijo hace muchos años el gran pensador mexicano, Daniel Cosío Villegas: es necesario hacer pública la vida pública. En el caso que nos ocupa, ha trascendido que el ex edil no atendía en tiempo y forma la administración municipal. Que se dedicaba a la milonga, amparado por el voto popular que le otorgó tan delicada responsabilidad. Gracias a ello, los problemas con el Sindicato “3 de marzo” y otros temas laborales siguen golpeando a la actual administración y los resultados están a la vista: no fueron los medios de comunicación, ni los antecesores, fue una pésima gestión cuyos coletazos no le pegan sólo al edil capitalino sino a la sociedad en su conjunto.



































