Por Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez
En múltiples ocasiones, el presidente ha utilizado frases refiriendo que gobernar no tiene ciencia, porque la política tiene que ver con el sentido común. “No crean que tiene mucha ciencia el gobernar. Eso de que la política es el arte y la ciencia de gobernar no es tan apegado a la realidad; la política tiene más que ver con el sentido común que es el menos común, eso sí, de los sentidos. La política tiene que ver más con el juicio práctico, la política es transformar, es hacer historia, es un oficio noble que permite a la autoridad servir a sus semejantes, servir al prójimo. Esa es la verdadera política”, expresó. Si bien se requiere el uso del sentido común, muchas veces ese sentido no es tan común como pensamos. El aterrizar la política en acciones concretas, en políticas públicas, que transformarán las promesas en realidades corresponde a la administración pública.
La administración pública es también una disciplina científica, la cual tiene su propio objeto de estudio. Se entiende como aquella que se encarga del manejo hábil de los recursos y tareas de los funcionarios públicos con el fin de satisfacer las expectativas del bien de todos los ciudadanos.
Las buenas intenciones no bastan para hacer un buen gobierno, de esto, a estas alturas, ya se debieron de haber dado cuenta tanto el presidente como sus principales asesores. Aunque algunos sí tienen experiencia de gobierno, en su mayoría su experiencia es de los años setenta u ochenta, cuando la administración pública se ejercía bajo otra realidad, es decir, su conocimiento es obsoleto.
A unos días de que el presidente rinda su informe, a tres años de gobierno, los resultados hablan por sí mismos y son tajantes: la pobreza aumentó, la inseguridad aumentó, el número de homicidios aumentó; en materia de salud, la falta de medicinas aumentó, el tratamiento a la pandemia ha sido deficiente, la corrupción aumentó, el número de personas a quienes les llegan los programas sociales disminuyó.
De acuerdo con al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). El número de personas en situación de pobreza aumentó en 3.8 millones de personas en comparación con 2018, periodo en el que inició la actual administración pública federal.
Como sabemos, al inicio del sexenio de López Obrador se crearon y se eliminaron diferentes programas sociales. Por ejemplo, desapareció el programa Prospera (antes Oportunidades o Progresa). En su lugar, se crearon programas de becas la educación básica, media superior y superior, se fortalecieron los apoyos para personas adultas mayores. En cuanto al acceso a servicios de salud, el anterior Seguro Popular se transformó en el Insabi.
En el sector salud, específicamente en la atención a la pandemia, el número de muertos por Covid–19 ha superado ya, al monto de recursos que criminalmente se presumió como ahorro. Se dio prioridad a la austeridad sobre la salud y la vida de las personas.
El Insabi no ha logrado superar al Seguro Popular. Además de la falta de cobertura, la falta de medicamentos, y en especial la atención a enfermedades como el cáncer ha sido deficiente específicamente a la atención a niños y mujeres.
En relación con los homicidios, en 30 meses esta administración acumula 72,892 expedientes; esa cifra es muy superior a la registrada en los primeros 30 meses de los gobiernos de Felipe Calderón (diciembre de 2006 a mayo de 2009) y Enrique Peña Nieto (diciembre de 2012 a mayo de 2015).
Los números de la presente administración son 138 por ciento mayores a los que registró el gobierno de Felipe Calderón en este mismo lapso, que fue 30 mil 572 expedientes.
Mientras que, en relación con la administración de Enrique Peña Nieto, la cifra de la actual administración es 74 por ciento mayor, ya que hubo 41 mil 979 expedientes por homicidio doloso durante ese mismo periodo.
No se duda de las buenas intenciones, pero ha faltado ciencia y sentido común. Lamentablemente en las decisiones tomadas ha prevalecido la ideología sobre la ciencia, la ocurrencia o el capricho sobre las experiencias exitosas, las cuales son descalificadas solo por el hecho de pertenecer al pasado reciente.
Quedan tres años para rectificar. El no hacerlo llevará a que la historia califique como perdido a este sexenio, como el sexenio del retroceso. Pretextos puede haber muchos pero lo que importa son los resultados. Aún están a tiempo.




































