Mientras en el Congreso del Estado, el diputado Fredy Delfín Avendaño y sus correligionarios del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), siguen empeñados en desaparecer al Instituto de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (IAIP) y crear un nuevo membrete, cuyo kilométrico nombre confunde más que clarifica su objetivo, la opacidad, la discrecionalidad y la falta de rendición de cuentas, campea en al menos el 29% de los 570 municipios de la entidad. Este dato lo dieron a conocer fuentes oficiales del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de Oaxaca (OSFEO). Según lo publicamos hace algunos días, 163 municipios oaxaqueños, entre ellos la capital, Juchitán de Zaragoza y Salina Cruz, no han rendido cuentas del último trimestre de 2020, no obstante, los requerimientos del órgano autónomo referido. Es decir, se sigue privilegiando la opacidad y la nula rendición de cuentas, algo que va en sentido contrario a todo principio democrático.
Es importante subrayar que, desde la creación del órgano garante –el IAIP- en el gobierno de Ulises Ruiz, por ahí del 2002-2003, desde este espacio editorial insistimos en la creación de mecanismos de capacitación para que, en cada municipio, por modesto que fuera su presupuesto, se creara una página de internet en la que los ediles dieran cuenta del manejo presupuestal. En los años posteriores, parece haberse entendido la situación de opacidad que prevalece en los gobiernos locales, por lo que se promovió la creación de los citados portales de transparencia, situación que fue desapareciendo en años recientes. Es increíble que hoy en día siga prevaleciendo la discrecionalidad, no sólo en los que se rigen por el sistema de partidos políticos sino con mayor incidencia en los que se gobiernan por sistemas normativos internos.
La prueba la dio la OSFEO. Poco menos de una tercera parte de ediles siguen sin responder a la entrega de la documentación respectiva de sus estados financieros y la distribución del gasto. Lo que preocupa –y también lo hemos mencionado aquí- es que el citado órgano ha visto dicha situación con demasiada indulgencia. Desde hace mucho no se sabe de algún edil que haya sido consignado ante la Fiscalía General del Estado (FGEO), por desvío de recursos, peculado o corrupción, o al menos haya sido objeto de procesos resarcitorios. En este aspecto pues, la impunidad campea y la complicidad parece ser el complemento de la misma.
Una pésima imagen
Ya no es novedad hablar de la pésima imagen que tiene hoy en día nuestro Centro Histórico. En redes sociales se ha destacado el dato de la invasión que han padecido en los últimos tiempos, las calles aledañas y frontales a la explanada del Templo y Es Convento de Santo Domingo de Guzmán. No es algo menor. Se trata de uno de los sitios más visitados por el turismo nacional y extranjero, dado que ahí se encuentra el Museo de las Culturas, además de la obligada visita al templo, uno de los mejores exponentes de la arquitectura novohispana de la orden de los dominicos. Pero tal parece que ello ha tenido sin cuidado a las autoridades. El gobernador Alejandro Murat ha dicho una y otra vez, en entrevista con algunos medios de comunicación que, el problema es competencia del municipio de Oaxaca de Juárez, pero el gobierno de la comuna se ha dormido en sus laureles sin mover un solo dedo para corregir esta perniciosa invasión de los espacios hasta hace poco libres de comerciantes.
Hace poco más de una semana se limpió el Zócalo de la ciudad, sacando a los ambulantes de dicho espacio y se cubrieron las entradas con mallas metálicas. Sin embargo, se sabe que el operativo no fue para dicha acción, sino para proteger el corazón de la ciudad ante la amenaza de los propietarios y operadores de juegos mecánicos, que amenazaron con instalarse ahí, sin la autorización del municipio. He ahí el por qué el Zócalo está prácticamente blindado. Y los desalojados han invadido otros espacios. Y hay razón en que el comercio irregular y los puestos hayan invadido casi por completo el Centro Histórico. Se sabe que funcionarios municipales han hecho de ello un gran negocio. Y esta situación ha sido difundida por algunos servidores públicos, con oficinas en la Plaza de la Danza, que están molestos por esta situación de corrupción y complicidad, frente a la crítica ciudadana.
Llegó pues la temporada vacacional de julio sin que se pudiera ofrecer a los mismos oaxaqueños y a nuestros visitantes, una imagen digna y decorosa del centro de la ciudad. Sigue prevaleciendo la pestilencia, el hedor a zahúrda y la anarquía. Los pasos peatonales han sido copados por puestos, mecates y lonas. Los pasillos del Palacio de Gobierno parecen estar ya escriturados para la decena de supuestos cautelados triquis, que se han apropiado por completo de dicho espacio público. Y lo que llama más la atención es la pasividad con la que los dos órdenes de gobierno –estatal y municipal- siguen viendo el problema.


































