Por Jesús Emilio de Leo
Un día como ayer, pero de 2012, falleció el escritor y diplomático mexicano, Carlos Fuentes Macías. Su vida personal, quedó retratada en dos obras escritas por él mismo, En esto creo y Todas las familias felices. Pero, indudablemente los detalles más íntimos han quedado plasmados en Mujer en papel, escrita por otra Fuentes, su hija Cecilia, quien tras varios años empleados para reunir la información y sortear las autorizaciones legales que implicó preparar el libro, finalmente dio a conocer las memorias inconclusas de Rita Macedo, su madre y primera esposa de Carlos Fuentes. El tiempo valió la pena, la editorial Trilce recibió el galardón a mejor libro del año y a mejor libro de no ficción, además del Premio al arte editorial en 2020.
Sin lugar a dudas, la vida de Carlos Fuentes como muchas otras, estuvo llena de matices; alegrías y penas, como el hecho de haber celebrado la vida de sus otros dos hijos, pero también el de haberlos perdido.
Intelectualmente, el autor mexicano representó la apertura de las letras latinoamericanas al mundo. Fue un escritor con una vasta obra publicada, transitó por la novela, el ensayo, el cuento, el guion cinematográfico y el teatro. Fue un liberal crítico del orden político prevaleciente en México, convivió con presidentes emanados del PRI y del PAN, partidos a los que calificó como tradicionales y sin soluciones a los grandes retos del país, al presidente López Obrador lo calificó de representar a una izquierda muy antigua, pero también afirmó que encabezaría un gobierno serio y que su gobierno no sería copia del régimen chavista de Venezuela.
Muy a propósito de la opinión que Daniel Cosío Villegas tuvo del presidente Lázaro Cárdenas, Carlos Fuentes aseguró que los políticos deben tener entre sus cualidades, las de leer, entender y conocer las necesidades del país.
Sus principales obras fueron escritas con sentido analítico, crítico y sarcástico, retrataba episodios de la vida social, cultural y política del país. Usó pseudónimos para escribir entre otros tantos personajes, sobre María Félix, Vicente Fox, Martha Sahagún y algunas de sus novias. En todos sus libros relata episodios personales, en los cuales incluye la vida de sus padres, como en Nuevo Tiempo Mexicano, en el cual describe brevemente algunas calles de Xalapa, la ciudad en la que nació su padre.
En 2001, la maestra Georgina Rábago, quien era estudiante de literatura dramática y teatro en la UNAM, ingresó a trabajar a una escuela católica a la que sólo asisten mujeres, su propósito era impartir clases de español en segundo y tercero de secundaria, por las cuales recibiría un pago de 52 pesos la hora. Por su formación en la Facultad de Filosofía y Letras, encomendó a sus alumnas leer Doce cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez, Metamorfosis de Franz Kafka, los cuentos del horror de Horacio Quiroga y Aura de Carlos Fuentes, textos que no estaban considerados en el Plan de Estudios autorizado por la Secretaría de Educación Pública, pero que constituyen obras de la literatura universal. Esta acción desencadenó el enojo del ya fallecido secretario del Trabajo del primer gobierno emanado del PAN, Carlos Abascal, ya que su hija asistía a ese colegio y se vio sorprendido cuando supo que una de las tareas de su asignatura en español consistió en transcribir un párrafo de Aura, en el cual se emplean palabras como cuerpo desnudo, brazos abiertos, cama, rodillas abiertas, costado herido y Cristo Negro. Ante esta acción, el ministro dirigió una carta a la directiva del colegio que concluyó en el cese de la maestra Rábago.
Aura fue escrita por Carlos Fuentes en 1961, cuarenta años después, sus ideas seguían siendo incómodas para algunos sectores de la sociedad.
Una de las últimas opiniones que externó Fuentes fue a favor de la despenalización de las drogas como un recurso necesario para enfrentar la lucha contra el narcotráfico.



































