Esta enfermedad -que afecta más a la población de adultos- durante los últimos quince años, se ha estudiado y descrito más en la población pediátrica, ya que hasta un 10% de los casos de adultos, tuvieron su inicio en la edad pediátrica y cerca del 5% de todos los casos de esclerosis múltiple corresponden a esta edad, lo que justifica su revisión de características particulares durante la infancia o adolescencia, a fin de poder detectar los casos en forma temprana; y quizás, de acuerdo a los avances futuros en la terapéutica puedan asociar resultados con pronóstico más favorable.
Se trata de una enfermedad degenerativa multifactorial que afecta las funciones del sistema nervioso, en cuanto a la sensibilidad, funciones motoras y cerebrales superiores, con afección a la autonomía del individuo, deterioro mental, sensitivo y/o motor, que con tratamiento específico puede tener un pronóstico diferente a su evolución natural.
Por sus manifestaciones particulares en edades tempranas de la vida, constituye un reto especial para el médico que, ante el desconocimiento de sus manifestaciones, puede confundir el cuadro y no establecer un manejo adecuado, permitiendo el progreso de la enfermedad con su respectivo deterioro asociado.
La enfermedad tiene preferencia mayor a presentarse en mujeres en relación de 3:1 en la etapa infantil y de 2:1 en etapa de adulto. La susceptibilidad para esta enfermedad tiene relación de tipo familiar a partir de factores genéticos específicos.
En cuanto a su incidencia, no está claro si ha aumentado en las últimas décadas o simplemente se está reconociendo cada vez más debido a la mejora de los criterios de diagnóstico y la conciencia médica, señalando al momento en forma estadística: tres casos por cada doscientos mil habitantes.
La causa en particular y la forma como se desencadena esta enfermedad, se consideran al momento, con relación a un antecedente de tipo infeccioso (enfermedad viral) además de una respuesta de defensa (inmune) alterada, como factores más importantes.
Los anticuerpos con alteración en su función afectan a la cubierta de los trayectos nerviosos que en consecuencia manifiestan una reconducción enlentecida o bloqueada generando signos negativos en su función (deficiencias) pero, también pueden darse impulsos ectópicos que darán signos positivos (paroxismos o convulsiones). La combinación de estos signos negativos y positivos son la base de su gran variabilidad y la florida sintomatología clínica, que en ocasiones tienen remisión y brotes secundarios.
En cuanto a las manifestaciones propias de la enfermedad, los síntomas iniciales de la esclerosis múltiple varían significativamente; y en especial, en relación inversa con la edad (más difícil de identificar a menor edad), ya que un factor de confusión es la dificultad asociada con la detección de hallazgos sutiles, como cambios sensoriales o síntomas leves, porque los niños pequeños tienen una conciencia corporal más limitada.
La asociación de dolor de cabeza (cefalea) en grados variables recurrentes y las alteraciones neurológicas focales del cerebro y de médula espinal, suelen ser un primer dato para sospechar este tipo de enfermedad, que en forma habitual suele ser considerado (o confundido) como una encefalitis viral, en donde lo llamativo sería que, las alteraciones medulares adicionales suelen ser recurrentes y variables (que no se encuentran en forma común en las encefalitis virales), como deficiencias sensitivas o motoras adicionales expresadas a base de adormecimientos, hormigueos, pérdida de sensibilidad, falta de fuerza, alteraciones de la marcha y/o parálisis de extremidades o de grupos musculares de la cara o de otra parte del cuerpo, alteraciones oculares variadas, dolor ocular con pérdida súbita de visión.
Otro dato adicional que puede estar presente en la edad pediátrica como manifestación, es la existencia de convulsiones, que pueden ser el primer evento.
Estos cuadros se relacionan con la enfermedad, al tener evolución de recaídas y remisiones mas frecuentes a menor edad, con remisiones rápidas y completas de sus deficiencias luego de cada recaída, pero en ocasiones con presencia de discapacidad como manifestación de una recuperación incompleta de un cuadro previo o en ocasiones con progresión insidiosa de la incapacidad progresiva.
Por la afección a nivel encefálico, se notan trastornos del desarrollo con tendencia a exhibir regresiones del desarrollo y/o pérdida de habilidades previas, con afección del rendimiento académico y de funciones cerebrales superiores y de comunicación.
Las recaídas se presentan durante el primer año de afección, hasta en una tercera parte de todos los casos.



































