En la historia de la humanidad, han existido dos derechos, cuya conquista han vertido ríos de sangre para que sean garantizados por quien detenta el poder político, me refiero a la vida y a la libertad. Por lo que respecta al segundo derecho existen varias modalidades, por ejemplo: libertad de credo, libertad de culto, libertad de tránsito, libertad de profesión, libertad de mercado, entre otros. En esta ocasión, hablaré sobre la libertad de expresión y el papel que juega en la vida democrática de un país. La libertad de expresión se encuentra establecida en el artículo 6º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), que a la letra dice: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley. El derecho a la información será garantizado por el Estado.” Cabe precisar que esta libertad se complementa por lo que señala el artículo 7º de la CPEUM.
Derivado de lo anterior, la libertad de expresión, no es un derecho absoluto, es decir, tiene límites que la Carta Magna determina. Sin embargo, la frontera de la libre manifestación de ideas no resulta muy clara, sobre todo por palabras como “la moral” o “ataque de terceros”.
El respeto a la privacidad representa un verdadero límite a la libertad de expresión, siempre y cuando, las personas no se ostenten como servidores públicos, porque de acuerdo con criterios jurisprudenciales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), tienen restringida su privacidad cuando se da a conocer su trabajo como figura pública. En todos los demás casos, se encuentra vedado interferir en la vida íntima de las personas sea o no servidor público.
La reforma constitucional en derechos humanos de 2011, estableció el principio de progresividad, como su nombre lo indica, es aquel por medio del cual, los derechos se van ampliando hacia el futuro, por lo tanto, no existe cabida para la regresión.
El principio de progresividad, esgrimido en el párrafo tercero del artículo 1º de la CPEUM, ha ocasionado que la libertad de expresión evolucione, para incorporarse como elemento del derecho a la información; éste se encuentra establecido en el artículo 6º de la Norma Suprema y en los artículos 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos (CADH) y en el artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP).
En este tenor, el derecho a la información, establecido en la CPEUM desde la reforma política de 1977, se divide en tres partes: como facultad para indagar información pública (derecho de acceso a la información); facultad de ser informado (labor realizada por los medios de comunicación) y facultad de emitir opiniones (libertad de expresión).
Hoy por hoy, no podríamos entender nuestra democracia sin los medios de comunicación. Éstos cumplen una función social importante, porque mediante el ejercicio de la libertad de expresión, informan sobre asuntos de la República. Los problemas comienzan cuando la televisión, radio, prensa o plataforma digital, violando la ética periodística e informativa, muestran información sesgada a favor o en contra de alguna agrupación política, social, económica, etc.
Aun cuando sólo existen tres poderes públicos establecidos en la CPEUM, los medios de comunicación representan un contrapeso de poder. Investigaciones periodísticas como “La Casa Blanca”, han cimbrado las administraciones de los tres niveles de gobierno. El trabajo que realizan quienes ejercen el periodismo y la comunicación, contribuyen en la construcción de la opinión pública, señalando objetivamente lo que no favorece a la república.
Desafortunadamente, menos son los periodistas que a pesar de las vicisitudes con los regímenes políticos, siempre fueron fieles a sus ideas y postulados; basta recordar el trabajo de Ricardo Flores Magón, quien prefirió morir en una prisión de la Unión Americana, ciego y con diabetes, aun cuando existió la invitación de colaborar con el gobierno porfirista.
El próximo 7 de junio, se conmemora el día de la libertad de expresión en México, sin embargo, no hay mucho que celebrar, porque la República Mexicana, se ha convertido en un país peligroso para ejercer el periodismo. Desapariciones, ejecuciones, amenazas, intimidaciones han sido las constantes para quienes ejercen la libertad de expresión
Al final usted tiene la mejor opinión…
Twitter: @EduardoBizuet


































