De los 12 mil lempiras o 10 mil pesos que ganaba Emil trabajando como lavaplatos, seis mil lempiras o cinco mil pesos entregaba a las pandillas para evitar la muerte. Desde el 1 de diciembre del 2018 Emil comenzó su travesía, salió de Tegucigalpa, Honduras, en busca de una vida, de un futuro.
Hoy, Emil está en Oaxaca, porque el dinero que traía sólo le alcanzó para llegar hasta aquí. Su sueño, es llegar a Estados Unidos, huye de la violencia, del desempleo, “en nuestro país no corremos con suerte, pues aunque uno sea estudiado no consigue trabajo”, si encuentra un trabajo bien pagado, se quedará en México, afirma.
La nostalgia emana de su rostro. En Honduras se quedaron sus hermanos y su madre; a sus 24 años y con una carrera trunca en administración de empresas turísticas, en el país centroamericano se esfumaron las esperanzas, “soy pasante universitario, estudié una licenciatura en administración de empresas turísticas”.
Ya ni de cocinero consigue empleo, pues la empresa en donde laboraba cerró, acosada por el gobierno, “ganaba 10 mil pesos al mes, pero no alcanza, porque la canasta básica es muy cara, lo mismo que la energía y la gasolina”, recuerda el migrante.
Con las manos mojadas luego de ayudar a lavar los platos en el Centro de Orientación del Migrante de Oaxaca A.C., donde encontró asilo, al igual que otras 25 personas de origen centroamericano, muestra su agradecimiento con los oaxaqueños.
“Las pandillas nos cobran una extorsión, les decimos nosotros, y un impuesto de guerra, le llaman ellos, para que no te pase nada. A la semana yo pague mil 400 pesos. Esto es para casi todos los ciudadanos pobres”.
Mientras, los afortunados, los menos, los que tiene para pagar seguridad privada, se esconden en sus condominios, en la burbuja que les da el dinero.
Cuatro meses de travesía
“Salí de mi país el 1 de diciembre. A México ingresé por la Mesilla, a un pueblo que se llama Cuahutémoc, ahí estuve tres días; no pude encontrar trabajo y el dinero que traía sólo me ajustaba para llegar a Oaxaca”, recuerda.
En Tuxtla Gutiérrez laboró en la construcción durante unos días, sin embargo, sus compañeros le dijeron que mientras más viajara al norte. mejor sería la paga. Con esfuerzo llegó a Oaxaca, en donde intenta reunir dinero para continuar con su viaje.
“Aquí ya pude laborar unos días en un restaurante de lavalosas, ahí gano 200 pesos al día. Es bueno, porque en Chiapas trabajé 12 horas al día en la construcción y sólo me daban 120 pesos”, afirma Emil.
Para llegar al paraíso hay que pasar por el infierno
De acuerdo al estudio Migrantes en México, recorriendo un camino de violencia, de la Red de Documentación de las Organizaciones Defensoras de migrantes (Redodem), Oaxaca es el segundo estado más violento para migrantes centroamericanos, sólo después de Chiapas.
El 21.76 por ciento de delitos que se cometieron en México contra migrantes extranjeros, en 2016 ocurrieron en la entidad, lo que significa que mil 153 eventos delictivos sufrieron los migrantes extranjeros en territorio oaxaqueño.
El robo fue el agravió más común con mil 74 casos, seguido con la extorsión, con 26. Se presentaron además 16 eventos de lesiones, cinco de secuestro, cuatro de intimidación y de soborno, tres de abuso sexual y un evento de delincuencia organizada, homicidio, privación ilegal de la libertad y trata de personas.
Chiapas fue la entidad más violenta para los migrantes en 2016 con cinco mil 298 eventos delictivos en contra de migrantes centroamericanos, le siguió Oaxaca y en tercer lugar Veracruz con 880 registros.
Huir para evitar la extorsión y la muerte
Daniel, de 41 años, es de Guatemala, lugar en el que se quedaron su esposa y sus dos hijos, uno de 14 y otro de 12 años. Él huye de la muerte, “mi esposa vende zapatos y lociones, con esas ventas se sostiene economicamente”.
“En Guatemala está escaso el trabajo, además de que hay mucha inseguridad por las pandillas, que te piden impuestos, es decir, te extorsionan. Te avisan dos veces y a la tercera te matan si no pagas”, señala Daniel.
Él no pagó, por lo que afirma que si regresa a Guatemala, al menos de momento, le espera una muerte segura. En Oaxaca solicitó una visa humanitaria, por lo que espera que se la den y de esta manera conseguir empleo para ahorrar dinero y llegar a Estados Unidos.
Un camino difícil
“Vengo de Guatemala, busco trabajo y superación”, dice Daniel, quien inició su viaje el 25 de febrero, “en la frontera con México tuve que cruzar en las balsas, en donde me cobraron 200 pesos”.
Con la solicitud de la visa humanitaria se ha facilitado su estancia en México, aunque esto no le evitó complicaciones, pues de Arriaga a Chahuites fue víctima de un asalto.
“Llegué a Tapachula, para después tomar camino a Pijijiapán, Arriaga, Chahuites y luego me vine para acá”, describe Daniel su recorrido de viaje, además de no perder la mira en su verdadero destino, “de aquí espero ir a Juárez y si se puede, llegar a Estados Unidos”.
Llegan centroamericanos a vivir a la ciudad de Oaxaca
De acuerdo a Aída Valencia Ramírez, subdelegada del gobierno federal en Valles Centrales, en las colonias populares han detectado la presencia de migrantes centroamericanos quienes decidieron quedarse a vivir en la ciudad de Oaxaca.
“Tenemos gente de otras nacionalidades llegando a vivir y es un tema que hay que revisar, bajo qué condiciones están viviendo, en qué circunstancias ingresaron al país”, destacó Valencia Ramírez.
La subdelegada destacó que son personas que vienen huyendo de la violencia que se presenta en sus países de origen, además de algunas personas que decidieron quedarse y que pertenecían a las caravanas migrantes de finales de 2018.
“Nosotros no podemos darles una atención social como quisiéramos, como se la damos a nuestros connacionales”, se lamentó la funcionaria del gobierno federal, “hemos detectado gente de El Salvador, Guatemala y de Colombia”.






































