La debacle del PRI dividió a los jerarcas y a las tribus del PRI a nivel nacional. En el barco tricolor esperaban mal tiempo, pero no el naufragio.
El más vituperado es el presidente Peña Nieto. Sus críticos señalan que negoció con AMLO y utilizó al partido tricolor para cubrir la corrupción y garantizar impunidad para él y sus altos funcionarios, los más allegados, sobre todo los del grupo “Atracomulco”.
Entre el recuento de daños y lamerse las heridas, de las filas priistas emergen las infidencias. Revelan insistentes peticiones que hicieron a Meade en reuniones públicas y privadas, para que se deslindara. Le insistieron romper con Peña Nieto para remontar un poco el desprestigio del “primer priista”. Comentan que “aguantó” antes que verse como un desleal sin embargo el candidato presidencial perdedor no fue correspondido.
Arreciaron las amenazas de “soltar al tigre” de AMLO, continuaron las traiciones al interior del tricolor y allí está la ruina de un partido que, difícilmente, podrá resucitar. Así lo ven los priistas a nivel nacional.
En Morena
Para el candidato triunfante de las elecciones, también hay sorpresas. El resultado de la insistente petición del tabasqueño en campaña del “voto parejo”, sorprendió a los del Morena que no esperaban triunfo tan arrasador. Ni el mismo AMLO aguardaba tal resultado. Ahora no saben que hacer con tanto poder.
Chapulines
En Oaxaca andan en lo mismo. La clase política tricolor realiza una especie de ajuste de cuentas de manera tan ruda que llama poderosamente la atención.
Aunque distinguidos priistas como Cara Sucia, Ericel Gómez, entre otros, saltaron con anticipación a los brazos de Gabino, algunos cambiaron de “chaqueta” al ver mermadas sus posibilidades de seguir en la ubre. Primero por la chamuscada que se dieron durante el “Gabinato”: segundo, porque, como buenos maniobreros, ya olfateaban la debacle tricolor.
Los que parecían leales al interior del PRI y aguardaban aún esperanzas de seguir royendo algún hueso, hoy andan en una emblemática cena de negros. En contraparte con los que saltaron al Morena en busca de la asepsia política que les da “estar con López Obrador”, muchos mostraron “lealtad” al PRI donde los sorprendió la hecatombe del uno de julio.
¿Quién es el culpable? Nadie quiere asumir responsabilidades, aunque todos son, de alguna manera, culpables de la catástrofe.
Muy tarde han de estar descubriendo el gran socavón que abrieron al interior de su partido las deslealtades de Ulises con sus corchetes que se fueron a hacer caldo gordo a otros partidos. Héctor Pablo, Jorge “el chuky” o el mismo Samuel Gurrión que se quedaron como el emblemático perro de las dos tortas.
Temple
En Oaxaca, el fracaso del PRI es más complicado que el que les asestó Gabino Cué cuando le arrebató la gubernatura a Ulises Ruiz y a su candidato Eviel Pérez. Al perder el gobierno, pactaron y simplemente se replegaron sin mayor complicación de tipo político-administrativo. Hoy, por primera vez en los últimos tiempos, un jefe del Ejecutivo pierde el control del llamado poder legislativo. Esto hace más compleja la conducción de la gobernabilidad en Oaxaca.
Sin mayoría partidista en el Congreso, la circunstancia puede considerarse como un eslabón más a la cadena de adversidades que han templado el espíritu de Alejandro Murat Hinojosa como primer mandatario del estado. Con todo, podemos encontrarle a este hecho el lado amable.
Si AMLO como presidente de la República realmente combate la corrupción, podríamos esperar que en el congreso local se acaben los votos “pago por evento”, los “moches” para que los diputados financien obras y no solo las gestionen, como debiera ser. Esto quiere decir que el voto de cada diputado del Congreso sería realmente para bien de Oaxaca, no solo para el interés político y económico de ellos y de sus respectivos partidos.
Pero si en la bancada Morenista y sus aliados siguen la misma tendencia corrupta del congreso Gabinista, cuando Margarita García, Hita, Flavio el demonio de Tasmania, etc, llenaron curules, hay que compadecerse de Oaxaca. Las expectativas de combate a la corrupción, seguirán siendo solo promesas de campaña de “El Peje”.
Los oaxaqueños que dieron poco más de un millón de votos “parejos” al Morena, confundidos a la hora de mostrar en las urnas su repudio a los ladrones del PRI, no calcularon el efecto de su decisión. Movidos por su sentimiento de odio hacia un partido que les falló, no calcularon los efectos de su determinación. Poder absoluto a “El Peje”. Esto significa que el Ejecutivo tenga influencia sobre el Legislativo. A partir de septiembre próximo, el poder legislativo federal y la mayoría de los congresos estatales estarán supeditados al presidente López Obrador cuando tome posesión el uno de diciembre próximo. Podrá hacer a la Constitución Mexicana, las Reformas que quiera. Es el tamaño de su poder.
Volviendo a Oaxaca, perder la mayoría en el Congreso donde su partido, el PRI, solo tendrá, cinco diputados, significa no tener el timón, imprescindible para conducir la nave, no digamos para llevarnos a buen puerto, sencillamente para no ir a la deriva.
Ya vimos, por ejemplo, lo que hizo Gabino Cué desde la silla de la gubernatura. Tuvo muchos diputados pero llevó a Oaxaca a la quiebra económica y moral. Así quedó demostrado que los gobernadores quieren el control del llamado poder legislativo solo para sus fines políticos y económicos. En esta ocasión al gobernador Alejandro Murat le tocará hilar fino para gobernar con un verdadero y real contrapeso de poderes.
No cabe duda que las circunstancias políticas y naturales -sequías, inundaciones, temblores, accidentes impensables como el “helicopterazo” en la Costa- templan sobremanera el espíritu de Alejandro Murat. Sin duda pasará a la historia como el joven gobernador que estrena nuevas formas de conducir políticamente un estado tan bronco, como Oaxaca.
Visítenos en: www.escaparatepolitico.com
O escríbanos a [email protected]
Twitter: @escaparate_oax
Facebook: [email protected]


































