Las hojas cayeron a las 14:40 horas en el Panteón General, mientras el viento movía algunas ramas que parecían abrazar el alma que se despedía en medio de aplausos.
“Mi hija está en otro lugar y nos está viendo”, había dicho dos horas antes la periodista Soledad Jarquín, al recordar a María del Sol durante la misa celebrada en la Funeraria Núñez Banuet, de la colonia Reforma.
Decenas acudieron poco antes del mediodía para brindar una oración y acompañar en su dolor a la madre y amiga, a las hermanas, al padre y familiares, a los compañeros de aventuras y vecinos, a quienes conocieron en ella la alegría y las ganas de vivir.
María del Sol estaba en cada flor que avanzaba en el cortejo fúnebre, en cada lágrima y en cada recuerdo, en la palabra “justicia” remarcada con negro y rojo en las pancartas que decenas llevaron consigo.
La joven de 27 años, asesinada la madrugada del sábado en Juchitán, fue comisionada de manera ilegal para cubrir la campaña de Hageo Montero, candidato a la presidencia de ese municipio y hermano de Francisco Montero, jefe de María del Sol y titular de la Secretaría de Asuntos Indígenas (SAI), quien tuvo que renunciar a su cargo ante la instrucción gubernamental para deslindar responsabilidades por abuso de atribuciones de los servidores públicos.

Quienes la conocieron recordaron en todo momento la fortaleza que mostraba aquella joven que apenas iniciaba su camino laboral y quien murió al igual que la candidata a segunda concejal de Juchitán, Pamela Terán, así como el conductor de la unidad donde viajaban, luego de que fueran interceptados por un comando armado.
“Justicia”, “justicia”, lanzaron algunas entre sollozos, mientras que otros mantenían los brazos hacia arriba con las pancartas que hacían eco a la exigencia de quienes condenaron la inseguridad y la violencia en la que se vive.
“María del Sol fue una niña brillante en la escuela y en su casa, por eso sus amigos y sus hermanas están tristes, porque se fue una estrella”, expresó Soledad Jarquín, mientras recordaba aquellos momentos en que la joven la acompañaba al trabajo y descubrió en la fotografía su pasión.
“Todo el tiempo estaba luchando y no había obstáculo para ella. Procuró que yo comiera bien cuando estaba enferma. He recibido buenas noticias de quién era mi hija”, continuó la madre de María del Sol, cuyo retrato reflejaba la alegría, dulzura y fortaleza que todos dijeron admirar en ella.
En el Panteón General las pancartas fueron colocadas en uno de los accesos. “Vivas nos queremos”, “Justicia para María del Sol”, fueron algunas de las constantes consignas que hicieron eco en cada paso, en cada silencio y cada llanto.
La periodista y escritora, Soledad Jarquín, despidió a su hija en la vida terrenal, pero no en el pensamiento ni en la lucha que mantendrá para que su muerte no quede en la impunidad. Varias voces y abrazos la respaldaron, varios silencios le aseguraron que no está sola.











































