En noviembre de 1988, sobre la calle de Macedonio Alcalá y en la que fuera su casa (en el número 507), el artista Francisco Toledo abrió el más longevo de sus recintos culturales, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. Aunque desde 2015 decidió donarlo al Instituto Nacional de Bellas Artes, este espacio se mantiene como el mayor de otros proyectos impulsados por el también promotor cultural, activista y coleccionista.
El IAGO comenzó como una biblioteca de apenas 4 mil volúmenes (en temas como artes visuales, filosofía y literatura), pero se ha nutrido de varias donaciones y compras que a la fecha suman cerca de 60 mil ejemplares en diversas áreas. Incluso, eso le ha hecho tener una sede más, sobre la Avenida Benito Juárez, en el número 203.
En ambos sitios, las bibliotecas conviven con otras iniciativas independientes o complementarias, como una galería, un taller o una fonoteca. Todo ello para albergar y promover lo relacionado con las artes, desde las visuales hasta las sonoras y escritas.
Sin embargo, las bibliotecas destacan en este instituto, al ser una de las tantas unidades de información que se encuentran en la capital del estado y cuyo acceso es abierto a todo tipo de públicos: estudiantes, investigadores o visitantes que sólo van a explorar y conocer sus acervos.
A fin de conocerlas más de cerca, Mérida Cristina López Hernández y Ariana Sixto Juárez (coordinadoras de la bibliotecas de la sede Alcalá y Juárez, respectivamente) comparten datos sobre los temas, servicios y acervos.
En ambas sedes, señalan las encargadas, se mantiene la intención del fundador de que todo usuario pueda tocar, ver y estudiar un libro, revista o catálogos. Por eso el sistema de consulta es de estantería abierta, es decir, que los ejemplares se pueden tomar directamente de los estantes, aunque al finalizar la consulta deben dejarse en las mesas dispuestas para ello, para que los bibliotecarios los reinstalen en sus respectivos sitios.
A fin de promover el conocimiento y consulta de ejemplares, en ambos espacios los bibliotecarios y coordinadoras escriben reseñas que se publican en el calendario mensual.
ARTES VISUALES Y LIBROS DE TODO EL MUNDO
Con libros comprados por el artista Francisco Toledo y ejemplares donados por diversas personas e instituciones, la sede de Alcalá es la que más volúmenes tiene: 35 mil 657, según el último inventario, de 2017.
La coordinadora de la sede detalla que entre esos miles de libros están varios donados por artistas como Sergio Hernández y personas involucradas en la cultura, como la señora Paula Cusi. Aunque hay los que provienen de instituciones como el Museo Rufino Tamayo.
Asimismo, que el acervo está distribuido en seis salas: fotografía, arquitectura, gráfica, arte prehispánico, historia del arte y pintura; además de ser ejemplares en varias lenguas, español, inglés y francés, entre otras. Las salas de esta sede cuentan también hay ejemplares de autoedición, es decir, aquellos surgidos de La Maquinucha Ediciones u otra iniciativa editorial del artista.
Si bien, se pondera el acceso libre a todo público al acervo, reconoce que la sede cuenta con uno de tipo reservado y de consulta restringida. En este, hay un aproximado de 700 libros, que se caracterizan por ser raros, de ediciones antiguas o porque traen grabados originales y cuya consulta es limitada también porque se trata de temas o volúmenes muy difíciles de conseguir.
“Son temas de arte, literatura y otros. Hay ejemplares que incluso datan del siglo XVII”, explica Mérida.
LA LITERATURA COMO EJE
En 2010 y por necesidad de expansión, el IAGO abre una nueva sede en la Avenida Benito Juárez 203. Ahí, además de llevar los libros de literatura que se encontraban en lo que ahora es el taller El Alacrán, está una diversidad de materiales de consulta de tipo sonoro y audiovisual. Estos últimos a través de la Fonoteca Eduardo Mata y el acervo del extinto Cineclub El Pochote
En el caso de la biblioteca, Ariana comenta que los 23 mil 773 libros registrados hasta 2017 versan sobre áreas y temas como ensayo, música, poesía, teatro, cuento y novela. Estas publicaciones se encuentran también en varios idiomas: español, japonés, alemán, ruso, italiano, francés e inglés.
Sin embargo, a la par de la consulta, esta biblioteca promueve otras actividades como las tertulias literarias y el Club de los Poetas Moridos. Para el público infantil y las familias, ha implementado la estimulación temprana mediante las sesiones de escucha para bebés y otras iniciativas que les acerquen a las artes.
IMPACTO IAGO
Al ser bibliotecas especializadas en artes visuales y literatura, además de provenir de esfuerzos particulares, y ahora institucionales (por pertenecer al INBA), ambas coordinadoras consideran que las bibliotecas han impactado en diversos públicos. En parte por los temas que suelen ser de interés para estudiantes o investigadores.
Asimismo, porque incluso para el público en general sirven para una formación autodidacta. “A veces, vienes buscando otra información o a explorar la biblioteca y encuentras un libro de tu atención, eso te permite profundizar en un tema”, comenta Ariana.
EL PAPEL DE LAS BIBLIOTECAS Y LO DIGITAL
En un contexto donde la búsqueda de información se puede hacer desde dispositivos digitales y con conexión a internet, las responsables de estas bibliotecas creen que no existe competencia, sino complementación.
“Las bibliotecas se van adaptando, es un mundo que gira continuamente y que la gente va descubriendo nuevas formas, hay quien va y explora los libros digitales, pero regresa al libro (impreso)”, cuenta Ariana, quien además ve a las bibliotecas como sitios que forman parte importante de la sociedad porque te retratan el pasado, presente y futuro.
“Y eso le significa mucho a los jóvenes de ahora y siempre. Las bibliotecas siempre van a tener su espacio”.
En tanto, Mérida reconoce que en la diversidad está la fortaleza, pues en el caso de Oaxaca, con bibliotecas de diversos temas, estas van a la par con la tecnología.
“No te adaptas a lo electrónico y vuelves a lo físico”.
LA RED DE UNIDADES DE INFORMACIÓN
Al ser parte de la Red de Unidades de Información que congrega a varias bibliotecas y centros de consulta en la ciudad y municipios conurbados, las responsables de las bibliotecas del IAGO encuentran en ello una forma de colaborar a favor de los usuarios.
Aunque no conozcan al 100 por ciento el acervo de cada espacio, el saber los temas o áreas que abarcan sirve para dirigir a los públicos a los sitios adecuados para la búsqueda de información.
“La gente no ubica qué tiene cada biblioteca, por eso desde la red se ha intentado que además de promover, se conozca qué tiene cada una de ellas. Así es fácil y es como apoyamos a los usuarios”.











































