¿Será cierto que las mujeres son más responsables que los hombres? Ellas se involucran más en las tareas comunitarias y nos motivan a cuidar el agua y el bosque. La afirmación es de los representantes de la pequeña comunidad de Cieneguilla, agencia de policía de San Andrés Ixtlahuaca, Centro, Oaxaca, quienes están logrando resultados exitosos en el cuidado del agua y del bosque, pero sumando ideas y esfuerzos en un trabajo voluntario entre hombres y mujeres, incluyendo hasta niños, con el que todos se benefician.
Al escucharles en un evento efectuado recientemente en el Centro Cultural San Pablo, confirmé lo que puede hacerse cuando hay conciencia de unidad y cuando hacemos a un lado las cosas que nos dividen y dañan y optamos mejor por la búsqueda del bienestar para todos.
En esa comunidad han roto esquemas tradicionales de que solo opinan los hombres sobre cuestiones que aparentemente les competen, como es el tema ambiental, pues las mujeres están participando activamente ahora, con voz y voto en las asambleas, y en la gobernanza local hay igualdad en derechos y responsabilidades que en otras partes siguen siendo temas pendientes.
Cuando el campo no produce alimentos por las sequías de cada año y no llegan o no son suficientes en el hogar, no solo preocupa al varón sino también a la mujer. Cuando falta el agua no solo les afecta al padre, sino igualmente a la madre y a los hijos. Por eso es importante lo que hacen las mujeres y hombres de Cieneguilla al tener una definición muy clara en los objetivos del proyecto de la microcuenca en el que están trabajando.
Ellos han optimizado los recursos estatales y federales que les han llegado y lo siguen haciendo con una convicción que resulta increíble en una sociedad moderna dedicada más a otras cosas superfluas y degradables, que a cuidar su entorno para tener una vida más sana y un desarrollo sustentable.
Eso es lo que están haciendo los habitantes de Cieneguilla, hombres y mujeres, todos, según lo relataron sus representantes, entre ellos Ezequiel Ramírez López y Donato Ramírez, quienes están muy motivados en llevar adelante el proyecto, a consolidar este modelo de desarrollo y han encontrado el apoyo de la Fundación Alfredo Harp Helú. Ellos han aprendido y hecho conciencia que es lo mejor que pueden ofrecer a sus hijos y las generaciones que vengan. La vida humana y de los demás seres vivientes depende totalmente del medio ambiente.
Están reforestando sus tierras y limpiando también el cauce del río y arroyos, los cuales disfrutan todos. Se dan cuentan que se vive mejor en esas condiciones, con normas y acuerdos comunitarios donde los compromisos asumidos se cumplen. El tequio es una práctica común entre ellos.
Esta exposición me hizo recordar el programa Lluvia, Tequio y Alimentos que puso en marcha en su época el gobernador Heladio Ramírez López y lo aceptaron en centenares de comunidades de la Mixteca y otras regiones, como en los Valles Centrales. La retención y recuperación del agua a través de grandes y pequeños bordos, así como ollas de agua, humedeció grandes extensiones de suelos erosionados y permitieron volver a cultivos tradicionales y nuevos.
Ayer se conmemoró el Día Mundial Salvemos a la Tierra, cuya convocatoria se extiende afortunadamente a más pueblos del mundo para hacer frente a los graves deterioros que le hemos causado al planeta Tierra y a las amenazas que pesan sobre ella.
Hemos contaminado nuestros ríos y arroyos. Veamos cómo están los ríos Atoyac y Salado y el inconcluso acueducto de Jalatlaco, en la capital y Valles Centrales, o el Río de los Perros o el de Tehuantepec en el Istmo. Y las notas alarmantes en los medios de comunicación no faltan: las empresas mineras extraen más de mil millones de litros de agua cada año en Oaxaca y en catorce años hemos perdido dos quintas partes de territorio boscoso a causa de los incendios y a falta de políticas públicas para afrontar las consecuencias del cambio climático.
Las reflexiones son múltiples en el sentido de que hay que cambiar nuestros hábitos consumistas por otros más saludables; hay que reorientar los modelos de desarrollo, que éstos tomen en cuenta a la vida humana y a la naturaleza. Por fortuna hay pueblos y organizaciones de personas que trabajan a conciencia en ese sentido, pero el mal está hecho y nos está afectando a todos.
Un pequeño pueblo como el de Cieneguilla nos está poniendo el ejemplo de cómo podemos recuperar la naturaleza. La tierra es un ente vivo que también está sujeto a leyes que nos rigen a los seres humanos.


































