Se ha legislado más de una vez sobre los derechos del niño, del adolescente y de los jóvenes, que abarca los aspectos fundamentales que no le deben faltar y hay que garantizarles, como la salud y la educación de calidad bajo un esquema integral. En lugar de fomentarlos para avanzar hacia esa dirección, la realidad nos muestra que no estamos cumpliendo como gobierno y sociedad.
Para este día y mañana los trabajadores de la educación están convocados por su dirigencia sindical a una serie de bloqueos y manifestaciones en todo el estado para que se reanuden las mesas de diálogo con las autoridades a nivel estatal y nacional. La enseñanza quedará una vez más postergada y se anteponen los intereses gremiales y personales.
La comunidad médica se prepara para manifestarse a favor del traumatólogo Luis, a quien se responsabiliza del deceso del menor Edward, cuando en buen sentido deben ser las autoridades judiciales las que aclaren el caso y actúen con estricto apego a la ley, que es lo que piden los padres del menor. Pero como en este país y en Oaxaca todo se arregla con marchas y plantones, esperemos.
Unos padres de familia me externan su preocupación e inconformidad ante estas nuevas embestidas en contra de los derechos de sus hijos, justo cuando deberían reanudar las actividades después de las vacaciones de la Semana Santa. Me comentan por qué no se manifestaron sus mentores durante el período de vacaciones, en lugar de hacerlo en los días hábiles, cuando deben estar dedicados a su labor. Por fortuna, hay muchas maestras y maestros que cumplen en las aulas todos los días.
Cuando un padre de familia me habla de la grave responsabilidad que cae sobre nosotros los padres de familia, las y los profesores y desde luego las autoridades de los diferentes niveles, revisamos los muchos pendientes que hay todavía por saldar; reconocemos que le debemos mucho a nuestros hijos e hijas para que puedan tener acceso a una vida de calidad, con plena dignidad humana. Muy lamentable que los médicos, no todos claro está, pierdan la sensibilidad humana y traten con despotismo a los pacientes, entre ellos a los niños.
Los avances logrados en el campo de la educación y la salud deben llegar totalmente a sus destinatarios, a todos los estratos sociales, a los medios rurales, indígenas y urbanos, pero con sentido humano; a los pequeños de las poblaciones más recónditas del territorio mexicano y oaxaqueño donde hay carencias que se traducen en enfermedades, abandono e ignorancia.
El niño de la ciudad crece cada vez más aislado de la naturaleza y despierta sus facultades cognitivas y emocionales en un mundo virtual riesgoso cuando le ponemos en sus manos un teléfono celular o tablet para que se entretenga y permita a su madre o su padre dedicarse a otras cosas que no están relacionadas precisamente al cuidado familiar.
El niño del medio rural e indígena se salva un poco de esta amenaza por las mismas circunstancias en que nace y se desarrolla. Tiene a la naturaleza a su alcance, va al campo y se familiariza desde pequeño con la flora y la fauna de su pueblo y su región. Tiene las posibilidades de aprender su lengua materna y conocer los valores de la vida comunitaria, de escuchar de sus padres y abuelos algunos relatos, cuentos y leyendas que le pueden ayudar a formarse una idea de su origen y los derechos y deberes que tiene primero como niño y después como ciudadano.
Y no digamos los problemas que tienen las madres solteras para crecer y educar a sus hijos, que con una facilidad del mundo son abandonados por sus padres o al revés, sus madres los dejan a su suerte para buscarse otra pareja u otra forma de vida, que de estos casos sobran ejemplos.
Qué le estamos dejando a nuestros hijos, me repetía un padre de familia que se pronuncia por medidas legales pero que éstas se cumplan de verdad. Los pequeños tienen derecho a la felicidad, al respeto, al buen trato y a una vida más saludable y se los estamos negando con tratos inhumanos, con productos alterados y contaminados.
Da pena ver en las grandes y pequeñas ciudades la basura amontonada por doquiera, como en la capital oaxaqueña donde no han fructificado las campañas y sanciones municipales. Es cuestión de cultura y educación, pero qué hacer cuando nos negamos a aprender nuevas formas de convivencia y salud, cuando nos inclinamos más por el mínimo esfuerzo y las cosas fáciles.
No todo está perdido ciertamente, pero rescatemos valores y prácticas de vida para las actuales y nuevas generaciones.


































