Para la biografía del artista Miguel Covarrubias (México, 1904-1957), la coleccionista neoyorkina Adriana Williams recogió los testimonios de personas allegadas al conocido como “El Chamaco”. En esas apreciaciones, encontró que una de las constantes era la palabra “genio” para hablar de sus habilidades “como caricaturista, ilustrador, escritor, antropólogo, arqueólogo, museólogo, coleccionista, escenógrafo y diseñador de vestuario, o bien como promotor de la danza, pues descollaba en todos esos terrenos”.
Quien fuera la biógrafa del polifacético artista, y coleccionista de la obra de otros tantos pintores mexicanos, es clave en la exposición que de Miguel Covarrubias tiene el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa), pues en varias de las obras se retoman sus comentarios.
Abierta el 24 de marzo en la planta baja del recinto, la muestra Covarrubias, imágenes de un mexicano universal reúne cerca de un centenar de obras del artista, gracias al interés del escritor Carlos Monsiváis por contar con su trabajo, mismo que forma parte de las colecciones del Museo del Estanquillo (Ciudad de México).
La muestra fue curada por el caricaturista Rafael Barajas Durán, “El Fisgón”, quien frecuentemente acompañó a Carlos Monsiváis cuando adquiría la obra de Covarrubias.
En el texto alusivo a la muestra, Rafael Barajas y Ana Catalina Valenzuela señalan que el acervo reunido por Monsiváis partió de la especial admiración que sintió el escritor por Miguel Covarrubias, “El Chamaco”.
Incuso, recogen unas palabras del escritor, expresadas en 1973, para referirse a “las mínimas posibilidades adquisitivas, eso que en rigor se llama entrar en razón” y que le llevaron a hacerse de algunos dibujos de Covarrubias, como inicio de esta colección.
“A lo largo de su vida, Monsiváis adquirió más de cien piezas de este artista. La mayoría de estas obras se vincula con la actividad que desarrolló ‘El Chamaco’ como caricaturista e ilustrador de libros”, señalan Barajas y Valenzuela en torno a la exposición hecha por vez primera en septiembre de 2013, en el Museo del Estanquillo.
En su paso por Oaxaca, las 91 piezas aproximan al público a algunos diseños de vestuario hechos por Covarrubias, debido a su participación en la renovación de la danza nacional.
Covarrubias, imágenes de un mexicano universal recoge mayormente obras de pequeño formato, en las que se deja ver la diversidad de disciplinas desarrolladas por uno de los ilustradores de revistas mexicanas y estadounidenses, entre ellas Vanity Fair, Fortune y New Yorker.
Desde el dibujo, la etnología, la música, la antropología y otras más, son las áreas involucradas en la labor de uno de los artistas del llamado “Renacimiento mexicano”.
Además de las palabras de Williams, la exposición se apoya en frases que el propio Monsiváis incluyera en su ensayo El caricaturista como renacentista. También retoma las entrevistas que la escritora y periodista Elena Poniatowska realizara en 1957 a personas allegadas al artista, a una semana de la muerte de Covarrubias, y los análisis críticos de Silvia Navarrete.
“EL CHAMACO”, LOS VIAJES Y SUS PUBLICACIONES
Covarrubias fue apodado “El chamaco” por su amigo el caricaturista, pintor y escultor de figurillas cómicas Luis Hidalgo (por ser el más joven de los artistas e intelectuales que se reunían en el restaurante Los Monotes, entre los que estaban José Juan Tablada, Carlos Mérida, Adolfo Best Maugard, Carlos Chávez, José Clemente Orozco, Diego Rivera y Luis Cardoza y Aragón).
Ese nombre que conservó hasta el último día de su vida muestra también la inquietud de quien se iniciara como cartógrafo y a los 16 años (en 1920) colaborara en la revista Policromías. Asimismo, del joven que a los 19 años (en 1923) decidiera ir a Nueva York y hacerse ahí de una gran reputación como ilustrador, por ejemplo, a través de las revistas Vanity Fair, el New Yorker y Fortune.
“De sus paseos por el barrio neoyorkino de Harlem nació Negro Drawings (Dibujos de negros), uno de los libros de caricatura más notables de la época y que es considerada por muchos, la obra cumbre de Covarrubias como ilustrador”, explica la introducción de Barajas y Valenzuela sobre el estilo del mexicano influenció a caricaturistas como Saúl Steinberg y Al Hirschfeld.
Junto a su primera esposa, la bailarina Rosa Covarrubias (Rosa Rolando), Covarrubias emprendió varios viajes de los que surgieron varias obras como Batouala (1932), La Isla de Bali (1937), y El Sur de México (1947) y El arte indígena de México y Centro América (1957). Además de ilustraciones para La cabaña del tío Tom, de Harriet Beecher Stowe (1938, la 1ª ed. fue de 1852), y Todos los hombres son hermanos, de Shui Hu Chuan (1948, escrita originalmente en el siglo XIV) y trabajos para reediciones de obras sobre la historiografía de México (entre ellas El descubrimiento y conquista de México, 1517-21 (1942), de Bernal Díaz del Castillo, y La Conquista de México (1949) de William Prescott).









































