El Tribunal Superior Electoral de Brasil anunció que hay una “elección matemáticamente definida”.
En la segunda vuelta de las presidenciales de Brasil, con el 99.77 por ciento de los votos escrutados, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva acumuló 51.76 por ciento, con 64 millones 076 mil 924 votos frente a 48.24. por ciento, con 59 millones 727 mil 910 sufragios por el senador ultraderechista, Flávio Bolsonaro, publicó el diario Folha de Sao Paulo.
Minutos antes de concluir la empresa de sondeos Datafolha, anunció que ganaría las elecciones presidenciales del país, derrotando al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta y asegurándose así un cuarto mandato no consecutivo en un viraje inédito en Brasil.
El recuento oficial supera el 90% y el presidente Lula se mantiene al frente de la segunda vuelta de Brasil. El presidente Lula se mantiene al frente con tres cuartas partes de los votos contabilizados. La diferencia con Bolsonaro ahora es de 2,22%.
Con los resultados preliminares aún en marcha, los simpatizantes de Lula y Bolsonaro miran con nerviosismo los números.
Los cambios en el liderazgo han llevado a algunos a reaccionar efusivamente en ciudades como Río de Janeiro, Sao Paulo y Porto Alegre.
El Tribunal Superior Electoral retrasó la publicación de avances en el conteo debido a la prórroga en el cierre de mesas de votación.
En las elecciones brasileñas, los primeros resultados del escrutinio suelen favorecer a candidatos de derecha porque los votos del Sur y del Sudeste, regiones con mejor infraestructura y tradicionalmente más conservadoras, llegan antes al Tribunal Superior Electoral (TSE).
En cambio, los resultados del Norte y, sobre todo, del Nordeste, donde los desafíos logísticos son mayores y los candidatos de izquierda suelen obtener mejores desempeños, se incorporan más tarde al recuento.
Esto sucedió por ejemplo en 2022, cuando Jair Bolsonaro encabezó buena parte del recuento antes de ser superado por Luiz Inácio Lula da Silva.
Los especialistas subrayan que estas “remontadas” no son indicios de fraude, sino una consecuencia del orden en que los boletines electorales llegan al TSE. El propio tribunal ha señalado que, si los votos del Norte y el Nordeste se procesaran antes que los del Sur y el Sudeste, esas inversiones de tendencia no se producirían.











































