Texto: Adrián Gaytán / Pedro Silva
A un costado de la capilla de Santiago Apóstol, en Cuilápan de Guerrero, hay un amplio solar que este mes de octubre se ha tornado de un color naranja con filas de flores amarillas y altos tallos de color verde, tan altos que superan la cintura de quienes las cultivan o de los visitantes que se acercan a adquirir las flores para los altares de muerto.
Laura se dedica a la floricultura durante todo el año. “Viene el 14 de febrero, pero ahorita, por la temporada, cultivamos cempasúchitl naranja, amarillo, borla; aunque aclara que en otras épocas del año se dedican al cultivo y cosecha de jícama que, tanto flores como el fruto, lo comercializan en los mercados y la Central de Abasto de la ciudad de Oaxaca.
Productores que se ubican en la sección primera del Barrio Grande de Cuilápam de Guerrero indican que es un trabajo de todo el año. Laura explicó que comercializan el cempasúchitl por surco o por mata que la ofrecen entre 20 o 30 pesos, “de acuerdo al tamaño de la flor”, explica. “Hay plantas que tienen 30 flores, 40 flores” y de ello depende su precio.
También venden los surcos de 30 a 40 metros que albergan entre 40 a 50 flores indica, algo que resultaría sorpresivo para el visitante, pero ya familiar para el comprador o comercializador de flores.

Abunda que iniciaron cultivando el clavelito y el cempasúchitl criollo “que se busca mucho por el aroma”. Laura señala que es el quinto año que cultivan flor de muerto y “la gente ya nos conoce, ya viene, nos ubica para adquirir la planta”.
Indicó que, para contar con el cultivo a tiempo, comenzaron con el almácigo colocando semillas para su germinación, la cual emplea alrededor de 20 días, esto se hizo alrededor del 10 de agosto para que, a fines del mismo mes, se trasplantara al terreno y para su crecimiento empleó alrededor de dos meses.
Explicó que estos días nublados les han afectado dado que “la planta necesita un poco de luz para comenzar a abrir sus flores” Estima en 75 días la producción de la planta. Explicó que, ya no les es tan complicada la comercialización de la planta. “La gente ya nos ubica”, añadió que llegan personas de Tlacolula, desde El Tule, la ciudad de Oaxaca y desde Zimatlán.
Explicó que la venta fuerte la programan para el 30 y 31 de octubre, previa cosecha de la flor, y la expenden a un costado del terreno de cultivo, prácticamente en el centro de Cuilápam de Guerero.
“Nos compran la flor desde la primera quincena de octubre, sea para colocar la ofrenda o, ya cerca de la fecha, para llevarla al panteón, las veladas o adornar los sepulcros”, indica Laura. “La llevan las amas de casa para llegar con algo a los panteones, para llevar algo de alegría y no llegar a ver a sus difuntos con las manos vacías”, abunda al recordar la tradición de los oaxaqueños.
Llama a no regatear a los campesinos

Laura, floricultora de Cuilápam de Guerrero, solicita a los clientes y a los visitantes que acuden a adquirir su borla, cempasúchitl, clavelito no regatearle al productor, al campesino. “Afrontamos muchos problemas para el cultivo de la flor”, explica.
“Batallamos por todo, de manera esencial por el clima. Si hay sol la planta se seca, enferma, necesita también de luz, si llueve o hay mucha humedad, también enferma. Es una batalla constante”, por lo que insistió en no regatear los precios a los productores pues “de un día para otro el cultivo se nos puede ir”, con lo que perderían el producto de su trabajo “puede ser que ni siquiera cosechemos”, advierte.
“No regatear a los productores”, insistió al explicar que se gasta en insumos, en semillas, con el riego, estar al pendiente del desarrollo de la planta, dado que “esto es necesario para ofrecerles una planta de calidad, sino llevamos el cuidado adecuado, se demerita el producto”.
Laura es una incansable productora de flor; ya está planeando la temporada de girasol para el 14 de febrero y la flor de penumbre para Semana Santa, luego retornan a los girasoles para el 10 de mayo.








































