La presidente de México, Claudia Sheimbaum, está viviendo uno de los momentos cruciales de su gobierno.
Uno muy complicado pero también de definiciones. La principal es la de asumir la responsabilidad de su gestión presidencial por ella misma, con todas sus consecuencias, con errores y aciertos, pero siendo ella la que –si quiere- podría llevar al país hacia un camino democrático y sin ataduras…
La oportunidad de que esto sea así, es lo ocurrido el pasado 21 de agosto con el regreso de Rubén Rocha Moya al gobierno de Sinaloa, sin avisar a nadie, por sus pistolas, porque envalentonado decidió que él debería seguir gobernando –si es que a lo que hace se le puede llamar así–, porque él, dice, “no tiene cola que le pisen”.
Y quiso regresar para gobernar Sinaloa, uno de los estados más sacudidos por el narcotráfico, por la violencia criminal, por el abuso, por la corrupción, por las componendas políticas, por las traiciones, por la ingobernabilidad…: Todo esto por la dañina forma como gobernó al estado el ahora ex gobernador por segunda ocasión.
El meollo del asunto, hoy, es el regreso insospechado de Rocha Moya al gobierno estatal y del que 34 horas después dejó –vergonzosamente- el cargo al pedir licencia indefinida luego del regaño presidencial. Con esto mostraba que es ella la que toma las decisiones y qué es ella la que seguirá lo que mejor convenga a Sinaloa a partir de ya. Ojalá esto beneficie a Sinaloa y a los sinaloenses.
Y es que al retomar el gobierno el día 21 de agosto, Rocha Moya enviaba un desafío fenomenal al gobierno de Estados Unidos que lo requiere al gobierno mexicano para llevarlo a sus Cortes y juzgarlo por señalamientos de alta magnitud, según ellos. Y como a él, a otros nueve sinaloenses vinculados a Rocha y, sobre todo, vinculados a su Jefe Máximo, Andrés Manuel López Obrador.
La mole morenista se lanzó a “apoyar a su presidenta-morenista-4-T” Claudia Sheinbaum, por la afrenta política asestada. Desde la Secretaría de Gobernación el primer dardo; y desde la cúpula de Morena y los diputados y senadores y los gobernadores de Morena en todo el país: todos recriminando la actitud del sinaloense.
Incluso en su histórica ambición por el poder político, Ricardo Monreal definió el impacto de lo hecho por Rocha Moya el 21 de agosto como “un cisma político”.
Claramente se refería a un “cisma” –división-confrontación– al interior de Morena y de la 4-T, pero muy especialmente dentro del gobierno de Claudia Sheinbaum que a duras penas lleva adelante su “Movimiento” y que “Nadie va a parar nuestro Movimiento” dice de forma retórica cuando quiere defenderse de las críticas a su gobierno…
Una de las críticas que más pesan a Sheinbaum es que su gobierno presidencial es consecuencia, sombra y obediencia al expresidente Andrés Manuel López Obrador y de quien ella dice: “Ha sido el mejor presidente que México ha tenido” y luego afirma asimismo: “Quieren confrontarnos, quieren dividirnos… pues no lo van a lograr”.
Y así el tono casi divinizado y obsecuente que ha mostrado públicamente Sheinbaum al ex mandatario y a quien muchos de los políticos de hoy, gobernadores de Morena, funcionarios y políticos acuden para pedir su consejo, su guía, su apoyo, su auxilio, su salvación: No a ella, presidente de México. Acuden al ex presidente de México.
Esto quizá porque con la actitud de sumisión que ella muestra dan por hecho en dónde está el poder político de México: Lo perciben en Palenque, no en Palacio Nacional.
Ella, por su parte, ha alimentado esta suposición, en un país de frecuentes suposiciones a falta de las verdades de gobierno. El gobierno de la 4T-Morena oculta; miente; acusa-señala-descalifica-agrede con frecuencia, ataca y se burla de opiniones y puntos de vista contrarios a la verdad de gobierno. Esta actitud es una herencia más de López Obrador.
La presidenta lo defiende a capa y espada. Lo endiosa. Le obedece. Acaso porque su carrera política, en gran medida, se la debe a él; su actitud de gobierno se la debe a él; y porque ella llegó a esa poder por él. No olvidemos que si bien obtuvo mayoría electoral en 2024, fue el ex presidente López Obrador quien decidió que ella fuera la presidente de México…
Esto mediante aquel juego macabro de “las corcholatas”, aunque esas corcholatas ya estaban marcadas y la decisión tomada: Sería ella la candidata presidencial y sería ella quien ganara, a como diera lugar. Esto fue así y ella lo sabe.
Pero a lo largo de su mandato, AMLO ensombrece el gobierno Sheinbaum. Lo ha marcado. Muchos de los grandes problemas de gobierno, hoy, le fueron heredados a Sheinbaum por AMLO. Por donde quiera que se vea está esa herencia y la mano de AMLO, con todo y la cauda de sus errores garrafales y desavenencias; sus odios; sus rencores; sus venganzas; sus resentimientos; sus traiciones.
Esta vez, al tomar la presidente Sheinbaum la decisión de que Rocha Moya deje el gobierno de Sinaloa, toma distancia de las decisiones de Palenque. Rocha Moya, protegido por AMLO es ahora desprotegido de Sheinbaum.
Y si bien guardarán las composturas y simularán apoyos y defensa del morenista sinaloense, la cosa ya no es igual. Sheinbaum mandó el mensaje: “Yo soy la que toma las decisiones”. Y esto podría ser el principio de esos nuevos tiempos.
De ser así, AMLO debe dejar de meter su cuchara en asuntos de gobierno. Y debe dejar de crear problemas internos y externos.
Y Sheinbaum debe ser la presidente de México, con todas sus letras, sin venganzas ni rencores. De no ser así, estaremos frente a una contradicción dañina para todos: gobierno y ciudadanos.

































