El majestuoso Cerro del Fortín brilló de nuevo. Lo hizo con los cientos de matices de los trajes y vestidos; el fuerte sonido de la música y el zapateado; los alegres versos y el constante encuentro de las palmas de quienes disfrutaron la última edición de la Guelaguetza.
Fueron 15 presentaciones de las diferentes regiones del Estado las que hicieron vibrar de nuevo la Rotonda de la Azucena, donde el sonido de más de una decena de instrumentos generó la alegría y una serie de expresiones de propios y extraños de la entidad.
De nuevo la Diosa Centéotl 2026, Enid Azucena Torres Agustiniano, dio la bienvenida a la máxima fiesta de los oaxaqueños, ataviada de una larga falda y blusa floreadas, con una diadema en su larga y risada cabellera, con una flor roja en el centro.
La delegación de Loma Bonita inició con la cuarta edición de la Guelaguetza con su tradicional fandango, cuyos instrumentos de cuerda y percusión y su peculiar zapateado, alegraron muchos corazones.
Siguió Villa de Tututepec con los mixtecos de la Costa, que entre violines y guitarras compartieron su fandango y mayordomía con incienso y copal, entre flores amarillas y telares blancos.

Ejutla de Crespo, de Valles Centrales, presentó el jarabe ejuteco con sus alegres pasos y melodías, envueltos entre las largas faldas de colores y su pícaro baile de cortejo.
Los asistentes disfrutaron también de la intervención de la Heroica Ciudad de Juchitán de Zaragoza con sus elegantes trajes y rítmico caminar, así como de San Francisco Sola de la Sierra Sur que llegaron a unir corazones con sus chilenas y el jarabe de los trastes.
De la Mixteca llegó Tlaxiaco y San Juan Bautista Cuicatlán de la Sierra de Flores Magón, así como San Pablo Macultianguis de la Sierra Juárez; Teotitlán del Valle de Valles Centrales con la Plaza de la Pluma; San Pedro Pochutla de la Costa; y Putla Villa de Guerrero de la Sierra Sur.
Para dar fin a los lunes del cerro acudió San Juan Bautista Tuxtepec con Flor de Piña, generando el estruendo de miles que gritaron de emoción asombrados con el baile, llevándose consigo ese regocijo hasta la presentación de las Chinas oaxaqueñas de Genoveva Medina, Valles Centrales.
Cerca de las 21:00 horas el Cerro del Fortín continuó resplandeciendo en medio de la noche, mientras los juegos pirotécnicos mantenían expectantes a miles, ante un cielo que amenazaba con la presencia de la lluvia. Para el próximo año, la fiesta de los oaxaqueños los espera.






































