Por tumor maligno del cerebro, Oaxaca reportó 28 decesos en 2024, la mayoría en personas adultas mayores, de acuerdo al registro de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
En el Día mundial del cerebro que se conmemoró el 22 de julio, Oaxaca ocupó el décimo segundo lugar de las entidades con mayor número de muertes por cáncer cerebral, siendo la Ciudad de México el primer lugar con 80, seguida del Estado de México con 64; Jalisco con 62 y Veracruz con 60.
En contraste, los estados con menor número de decesos por tumor maligno del cerebro fueron Campeche (4), Baja California Sur (5), Tlaxcala (5), Quintana Roo (6) y Nayarit (7).
Por grupo de edad en Oaxaca, los de 65 a 69 años encabezan la lista con un total de siete decesos, seguidos por los de 75 a 79 con cinco; los de 45 a 49 con cuatro; y los de 70 a 74 con tres. En menor número, el resto de defunciones tuvo registro en los de 50 a 54; 55 a 59; 80 a 84; 40 a 44; 35 a 39; 25 a 29 y de 10 a 14 años.
En 2023, Oaxaca reportó apenas 19 decesos por tumor maligno del cerebro, ocupando el décimo sexto lugar de las entidades con mayor número. Mientras, en 2022 reportó 23 decesos y en 2021 un total de 20.
La Secretaría de Salud federal explicó que los tumores cerebrales son masas generadas por el crecimiento de células anormales en el cerebro, pudiendo originarse por causas genéticas y ambientales.
Se denominan tumores cerebrales primarios a aquellos que comienzan a aparecer en el cerebro. En cambio, los llamados secundarios o metastásicos ocurren cuando el paciente tiene células cancerosas en otros órganos del cuerpo, y que en algún momento de su evolución se extiende al cerebro.
Expuso que el 90% de los tumores cerebrales son benignos, y en el caso de los malignos, es importante un diagnóstico precoz para el inicio temprano del tratamiento que evite secuelas neurológicas significativas en los pacientes.
Los tumores cerebrales se asocian con uno de los tipos de cáncer relacionado con una menor tasa de supervivencia en adultos. Sin embargo, las alternativas terapéuticas disponibles han posibilitado que la supervivencia, a cinco años del diagnóstico de algún tumor cerebral, haya pasado de un 24% a un 35% en solo unas décadas.






































