Llegó a su término para México ser sede del campeonato mundial de fútbol y con ello una actuación de los jugadores similar a varias anteriores, pero no se alcanzó el anhelado pase a octavos.
¿Existe una diferencia entre el México de antes del mundial y lo que viene en el presente? Ninguna, ya que, durante el desarrollo del evento internacional, siguieron sucediendo cosas.
Son muchos los que consideran que dejó saldo beneficioso, pues durante ese tiempo se logró la unidad del pueblo que se congració con el equipo nacional.
Los fan fest fueron una fiesta, donde se presentaron algunos incidentes y se lamenta la muerte de cuatro personas muertas durante los festejos multitudinarios.
Se pudo evitar eso, claro que sí, pues dejaron entrar a una muchedumbre que detonó en apretones, empujones y los clásicos “gandallas” que se sienten impunes ante el anonimato.
El mayor triunfo lo obtiene la presidenta Claudia Sheinbaum quien mostró un crecimiento de su popularidad por dar pan y circo a la muchedumbre.
Durante los festejos se olvidaron los otros temas de la agenda nacional y en el plano nacional, siguieron los problemas de siempre.
Hubo quienes aprovecharon la distracción para jalar agua a su molino y otros que mostraron su insatisfacción con los nulos resultados de sus demandas.
Los profesores de la CNTE se llevaron su recompensa en metálico, las madres buscadoras siguen sin ser atendidas. El malestar se hizo presente en muchos ciudadanos que alteraron su ritmo de vida, especialmente los cercanos al coso en que se jugó fútbol.
Hay quienes trataron de sacar raja al evento, especialmente el gobernador de Nuevo León, Samuel García, quien regaló camisetas color naranja, tenis del mismo color y cerveza a raudales, mostrando ser un político populachero.
Su fiesta se acabó cuando el equipo que jugaba con la camiseta del color de su partido fue eliminado.
Sin embargo, él se declaró en modo fiesta durante los juegos realizados en la entidad que dice gobernar, desatendiendo sus obligaciones, como es la de comparecer ante los diputados en el Congreso local.
Durante los festejos existieron actos de barbarie realizados por aficionados que sentían molestia, como fue el de arrojar líquidos, tirar objetos y el grito homofóbico patentado por los seguidores del fútbol.
Un acto que llamó la atención fue el de Cuauhtémoc Blanco que manejando su camioneta se bajó de la misma cuando su vehículo fue pintado por un grupo de manifestantes. El exfutbolista se bajó del vehículo para encarar a los agresores y al ver que eran cerca de un centenar prefirió subirse de nuevo, donde su vehículo fue pintarrajeado y él recibió gritos de corrupto y asesino.
El saldo general de este casi mes se puede considerar adecuado para el país, pero ahora se deberá afrontar las cuestiones pendientes, ya sin ningún pretexto.

































