Georgina Barragán Santiago comenzó desde niña ayudando en la venta a sus padres, después se quedó como encargada del puesto de dulces regionales y en el que año con año ofrecen las tradicionales empanadas de Corpus Christi en el centro de la ciudad de Oaxaca.
El puesto estuvo inicialmente en el portal de Las Flores, cuando todavía había comerciantes en este lugar que ahora ocupan las mesas y sillas de los restaurantes de los portales del zócalo. Pero desde hace unos 50 años, cuando dejaron de atender aquel espacio, ella y su familia se instalaron junto al templo del Carmen Alto.
Desde ahí, cada jueves y viernes, Georgina y su familia vende los dulces regionales. Y cada año, en el jueves de Corpus Christi, ofrece las tradicionales empanadas de lechecilla, coco y piña.
“Nací en una dulcería”

“Yo nací en la dulcería y mis papás ya trabajaban en esto, fueron muy conocidos en este barrio porque vivían en la colonia Figueroa”, cuenta doña Georgina, vecina del otrora barrio del Carmen Alto que terminó absorbido por la colonia centro de la ciudad.
Ahora, junto a su hija Laura Velázquez Barragán, trata de mantener la venta de dulces regionales, en la que comenzó su familia en 1949 en los portales del zócalo.
Este jueves, el puesto de Georgina era uno de los que se instalaron en la ciudad con motivo de la celebración católica en torno al cuerpo de Cristo y de la eucaristía, principalmente alrededor de los templos católicos.
Según algunos relatos, las empanadas eran adquiridas en esta celebración, por lo que desde temprana hora se instalan los puestos.
La celebración del jueves de Corpus Christi es una de las que sucede a la Semana Santa y hay quienes cuentan que las empanadas se relacionan con la institución de la eucaristía que hizo Jesús a los apóstoles.
“Les quitó el temor que tenían y empezaron a predicar su palabra”, cuenta Georgina, quien recuerda que al salir de la misa los feligreses pasaba a comprar las empanadas, un alimento que en su familia se mantiene con la misma receta.
Debido a que la venta es en vía pública, Georgina y su hija consideran que puestos como el suyo podrían desaparecer del centro por la normatividad de la autoridad municipal. Ella aún recuerda que hace varias décadas no era necesario solicitar permiso, pero ahora sí se tiene que realizar la solicitud para que el ayuntamiento permita esta venta.





































