El infierno se desató a las 20:30 horas del pasado lunes 11 de mayo de 2026 en el corazón de la refinería Antonio Dovalí Jaime de Petróleos Mexicanos (Pemex), en Salina Cruz. Mientras se realizaban las pruebas críticas para el inicio de operación de la torre de enfriamiento TE-05 en la planta Hidros II, un violento flamazo de más de 15 metros de altura irrumpió en la estructura.
Las fuertes ráfagas de viento de la zona propagaron el fuego de forma instantánea, atrapando a los especialistas y dejando un saldo inicial de seis heridos de gravedad; sin embargo, uno de ellos murió horas después.
VERSIONES DE LOS SOBREVIVIENTES: “PUDO SER UNA MATANZA”
Las voces de los lesionados revelan que la tragedia pudo haber cobrado dimensiones catastróficas. Jesús, un obrero de una empresa subcontratada, relató el milagro que salvó a sus compañeros: una cuadrilla de al menos 30 trabajadores concluyó labores de libranza a las 18:00 horas —dos horas antes de lo previsto— y se resguardó en los comedores.
En el sitio de la prueba solo permanecieron ingenieros de Pemex, personal paramédico y de contraincendios. Jesús narra que, al encender la planta, un penetrante olor a gasolina invadió el ambiente; los ventiladores se activaron rociando agua mezclada con combustible y, segundos después, la estructura se convirtió en una trampa de fuego. Respecto a los heridos externos, se confirmó que uno fue dado de alta; otro fue trasladado de urgencia a Puebla y el tercero permanece internado en clínicas locales.
ESPERAN EN CHICAPA EL CUERPO DEL INGENIERO FALLECIDO
El luto y la consternación invaden a la comunidad de Chicapa de Castro, de donde era originario el ingeniero Víctor Hugo López Matus, quien perdió la vida debido a las quemaduras sufridas en el siniestro. Aunque se esperaba el arribo de sus restos el jueves, trámites legales y administrativos en Salina Cruz retrasaron el traslado para este viernes. En su vivienda natal, familiares y amigos ya preparan el espacio para el féretro, el cual se encuentra rodeado de coronas y arreglos florales enviados por las gerencias y direcciones de Pemex.
López Matus era una figura sumamente respetada en el Istmo por su desempeño como encargado de la Superintendencia de Fuerza y Servicios Principales. Sus subordinados y colegas lo recuerdan como un líder técnico que escaló por mérito propio en la planta estratégica y que siempre dio la cara por su equipo. Tras el accidente, los trabajadores han alzado la voz de forma pública exigiendo justicia y el esclarecimiento de las condiciones que provocaron la fatal explosión.




































