El encarecimiento global del petróleo, impulsado por tensiones geopolíticas entre Estados Unidos, Israel e Irán, comienza a golpear con fuerza a la industria de la construcción en México, donde el aumento en los energéticos amenaza la rentabilidad de grandes cementeras y encarece las obras públicas y privadas.
Empresas como Cemex, Holcim y GCC enfrentan un entorno cada vez más complejo, en el que la energía representa entre el 30 y el 40 por ciento de sus costos totales de producción, convirtiéndose en un factor crítico para su estabilidad financiera.
ENERGÍA CARA, IMPACTO INMEDIATO
El incremento en los precios del petróleo y sus derivados ya se refleja en toda la cadena productiva. De acuerdo con datos del sector, el crudo subió 21.2 por ciento anual en marzo, mientras que la gasolina y el diésel aumentaron 19.8 y 0.5 por ciento, respectivamente. Más drástico aún ha sido el caso del asfalto, cuyo precio se disparó hasta 59 por ciento en algunas regiones.
Estas variaciones ya tienen consecuencias tangibles: el costo de las obras carreteras se ha incrementado hasta 12 por ciento en lo que va del año, presionando presupuestos públicos y privados.
El presidente de la Cámara Nacional del Cemento, José María Barroso, advirtió que el fenómeno no será temporal:
“Vemos las primeras reacciones en los temas de combustibles, pero lo importante es que esto no va a terminar aun cuando finalice la guerra, esto va a continuar y la inflación nos va a impactar en los próximos meses”, anticipando un escenario prolongado de presión inflacionaria.
CONSTRUCCIÓN, ENTRE LA CARESTÍA Y LA DESACELERACIÓN
El encarecimiento de insumos estratégicos como combustibles y asfalto está impactando directamente en la ejecución de obras. Desde el transporte de materiales hasta el uso de maquinaria pesada, los costos operativos se elevan de forma sostenida.
En ese sentido, representantes del sector constructor han señalado que “el incremento en los costos de estos insumos estratégicos como el diésel, las gasolinas y el asfalto está generando presiones relevantes en nuestra industria”, afectando particularmente rubros como la pavimentación y la logística.
Este escenario se agrava con una tendencia negativa previa: a enero de 2026, la producción del sector acumulaba 20 meses de caída, con una contracción de 1.1 por ciento, aunque se observan señales incipientes de recuperación.
CEMENTERAS BAJO PRESIÓN: ESTRATEGIAS Y RIESGOS
Ante la volatilidad energética, Cemex ha optado por estrategias de cobertura para mitigar riesgos. Su dirección aseguró que han protegido cerca del 60 por ciento de su gasto energético anual, con el objetivo de contener impactos inmediatos.
Aun así, la incertidumbre persiste. La compañía reconoce que su mayor exposición radica precisamente en la fluctuación de los precios de la energía, un factor difícil de controlar en el contexto actual.
Por su parte, Holcim enfrenta un aumento de hasta 40 por ciento en combustibles industriales, lo que repercute directamente en el transporte y producción. Su dirección en México alertó:
“A nosotros nos está impactando en forma directa porque el diésel en el mercado ha tenido un crecimiento y todo lo que es transporte del cemento nuestro se ve impactado por eso”.
A ello se suma el encarecimiento del coque de petróleo (petcoke), otro insumo clave en la generación de energía para la industria cementera, cuyo precio también ha superado incrementos del 40 por ciento.
GCC Y LA INCERTIDUMBRE PETROLERA
El impacto no se limita al mercado interno. Grupo Cementos de Chihuahua (GCC) enfrenta consecuencias en su operación vinculada a la industria petrolera en Estados Unidos. La volatilidad del crudo ha frenado la apertura de nuevos pozos, afectando la demanda de cemento especializado.
Desde la empresa advierten que, pese a que el precio del barril ronda los 90 dólares, la falta de certidumbre ha detenido proyectos estratégicos, particularmente en su planta de Odessa, Texas, enfocada al sector energético.
UN FUTURO CON COSTOS AL ALZA
El panorama para la industria de la construcción y cementera en México apunta a una combinación de factores adversos: presiones inflacionarias, costos energéticos elevados y una recuperación aún frágil.
Aunque algunas empresas han implementado medidas para amortiguar el impacto, el contexto internacional sugiere que la volatilidad persistirá. En este escenario, la capacidad de adaptación será clave para evitar que el aumento en los costos se traduzca en una desaceleración más profunda del sector.
Con información de El Financiero









































